
Disney On Ice vuelve a València, tras 10 años y estrena el Roig Arena: siete funciones, horarios y personajes de Vive tus sueños en febrero.
València ya tiene a Disney On Ice: Vive tus sueños girando sobre hielo en el Roig Arena: la parada valenciana de la gira española se concentra en siete funciones repartidas entre el jueves 5 y el domingo 8 de febrero de 2026, con horarios pensados para encajar en la vida real y no solo en el cartel. El regreso llega con un dato que pesa: hacía diez años que el espectáculo no pasaba por la ciudad, y esta vez lo hace estrenando músculo en un recinto que se ha convertido, de golpe, en un nombre propio.
En el hielo mandan dos guías con oficio de maestros de ceremonias, Mickey y Minnie, y alrededor de ellos se despliega un carrusel de historias reconocibles —Frozen, Vaiana, Coco, La Bella y la Bestia, Enredados— con un reparto de patinadores que no viene a “hacer bonito”, sino a sostener un show internacional con ritmo de gran formato, luces, cambios de vestuario que parecen magia y esa mezcla rara de nostalgia adulta y excitación infantil que se nota incluso antes de que empiece la música, cuando todavía suenan cremalleras de abrigos y el aire huele a palomitas.
València vuelve a ser la primera parada: fechas y horarios
La agenda valenciana de Disney On Ice está cerrada como un reloj, aunque la organización insiste —y conviene tomarlo en serio— en que los horarios pueden sufrir ajustes de última hora. La foto general es clara: el jueves 5 y el viernes 6 hay función a las 19:00, el sábado 7 se dobla (en realidad se triplica) con pases a las 12:00, 16:00 y 19:45, y el domingo 8 quedan dos sesiones, a las 12:00 y a las 16:00. Es una distribución típica de gira familiar, sí, pero aquí tiene un matiz local: el espectáculo actúa como una especie de inauguración emocional para mucha gente, porque el Roig Arena todavía suena a nuevo, a estreno, a edificio que se está aprendiendo a sí mismo.
En la práctica, las horas de apertura de puertas varían según la sesión, y ese detalle marca la logística de entrada con más precisión de la que parece. Para las funciones de 19:00 se ha manejado una apertura alrededor de las 18:00; para las de 12:00, la referencia está en las 11:00; y cuando el pase arranca a las 19:45, la apertura se ha situado sobre las 18:45. Todo ello con esa coletilla realista —sujeto a cambios— que en los grandes recintos no es una frase hecha: es un salvavidas para la coordinación de seguridad, accesos y acomodación cuando se mueven miles de personas con abrigos, carritos, mochilas y prisas de última hora.
No es menor que València sea el kilómetro cero de la gira española de 2026, antes de que el espectáculo viaje a Madrid y Barcelona con el mismo patrón de funciones. Esa elección, repetida en varias comunicaciones del entorno del show, se apoya en dos ideas que se entienden rápido: la ciudad es plaza histórica para este formato y, además, ahora tiene un recinto capaz de absorberlo sin encogerse, con aforo de arena grande, tecnología de iluminación y una maquinaria interna pensada para cambios de montaje con precisión quirúrgica.
El Roig Arena, del baloncesto a la fantasía
El Roig Arena no es solo “el pabellón nuevo”, esa etiqueta se queda corta. En configuración deportiva se habla de un aforo en torno a 15.600 espectadores, y en conciertos puede llegar a 20.000 según el montaje del escenario; números que lo colocan en la primera línea de los recintos cubiertos del país y explican por qué tantas giras lo han subrayado en rojo. Detrás está la inversión privada impulsada por Juan Roig, presidente de Mercadona y propietario del Valencia Basket, y una idea muy valenciana de hacer ciudad a base de eventos: deporte, música, espectáculos familiares, grandes citas que llenan hoteles, taxis y terrazas.
La ubicación también importa, aunque parezca un detalle prosaico: el arena se levanta en Quatre Carreres, en la calle Bomber Ramón Duart, junto a la zona de la Fuente de San Luis, con un entorno que ya estaba acostumbrado a días de partido y que ahora empieza a habituarse a otro tipo de peregrinación, más luminosa y con más purpurina. El “ir al pabellón” cambia de significado: el mismo camino que un viernes llevaba a una Euroliga ahora desemboca en un castillo de hielo con princesas, villanos y un cangrejo gigante que se roba miradas.
Y hay una capa práctica que suele pasarse por alto hasta que se necesita: el recinto empuja fuerte la gestión del aparcamiento mediante aplicación móvil, con pago automático y un ahorro anunciado de hasta un 30% por estancia, además de plazas con cargadores eléctricos —se han publicitado 28— y espacios reservados para movilidad reducida. A esto se suma el lenguaje típico de los grandes recintos modernos: entradas digitales, accesos por puerta asignada, control de objetos, seguridad que no negocia según el humor del día. Un arena así es un organismo vivo, y el espectáculo llega a aprovecharlo: hielo, luces, sonido, merchandising, restauración… todo funciona como un engranaje que no se ve, pero se oye cuando falla; aquí la apuesta es que no falle.
Accesos, menores y lo que cambia la experiencia sin salir en el cartel
En un evento familiar, las normas no son un apéndice: son parte del guion invisible. El Roig Arena ha detallado medidas que se notan en la experiencia antes incluso de que aparezca Mickey: hay salas de lactancia repartidas por el recinto —un gesto que evita escenas de improvisación en pasillos— y se ha habilitado una consigna de carritos en el acceso B, de modo que los carritos de bebé se dejan antes del evento y se recogen al final, liberando pasillos y, sobre todo, evitando el atasco emocional de “¿dónde lo meto?” cuando la gente ya está entrando con el tiempo justo.
La política de menores también está bien definida y tiene un punto de rigor que conviene conocer: al acceder, los menores reciben una pulsera que deben llevar visible durante toda la estancia; además, se exige autorización (impresa o digital) y una fotocopia del DNI de la persona adulta responsable. Y hay un dato que sorprende a quien viene de recintos más laxos: para entrar es obligatorio disponer de entrada o título válido, incluidos menores desde 0 años. Es decir, no existe ese “va en brazos y no cuenta” que durante años fue costumbre en algunos sitios; aquí el control es explícito, y cambia la planificación familiar, sin dramatismos, pero con claridad.
Por último, el apartado de objetos permitidos marca una frontera muy concreta: se restringen bultos voluminosos y se limita la entrada a mochilas o bolsos pequeños (se ha especificado un máximo de 25 litros). Esto, que parece burocracia, se traduce en una experiencia más fluida: menos obstáculos en evacuación, menos discusiones con seguridad, menos carreras. El espectáculo dura lo que dura, pero el acceso puede durar una eternidad si se llega con medio hogar a la espalda; aquí el sistema está diseñado para que esa eternidad no ocurra, o al menos no se multiplique.
Qué se ve sobre el hielo: historias, música y personajes
“Vive tus sueños” no funciona como una película representada de principio a fin, sino como un viaje encadenado por universos Disney, con transiciones rápidas y escenas pensadas para que el público identifique en segundos dónde está. El hilo conductor lo sostienen Mickey y Minnie, que aparecen como anfitriones y guías, y alrededor se abren puertas a historias donde el hielo se convierte en océano, en salón de baile, en plaza de pueblo o en castillo. Es un formato con una ventaja evidente: mantiene la atención alta y permite que cada generación encuentre “su” película sin esperar demasiado.
En el bloque contemporáneo, Vaiana ocupa un lugar destacado y se ha subrayado como uno de los segmentos más largos del espectáculo, con presencia de Maui y un invitado que no se olvida fácil: Tamatoa, el crustáceo gigante que, sobre hielo, tiene algo de criatura de neón y algo de chiste visual que funciona incluso si no se recuerda la película al milímetro. En paralelo, Coco aporta un cambio de color y textura, con Miguel como figura reconocible y una puesta en escena que juega con el contraste entre lo festivo y lo emocional sin frenar el ritmo general del show. Y, claro, aparece Frozen, con el imán inevitable de Elsa, Anna y Olaf, porque hay personajes que no necesitan presentación: entran y el pabellón ya está reaccionando.
Los clásicos, por su parte, se colocan como puntos de apoyo de la memoria colectiva: La Bella y la Bestia aparece como ese momento de gran escena romántica que pide luz cálida y coreografía elegante; Cenicienta recupera el imaginario del baile y la transformación; y Enredados trae a Rapunzel y a Flynn, que en hielo se mueven con un punto acrobático muy de “aventura” más que de cuento estático. El espectáculo, además, explota un detalle que siempre funciona: los cambios de vestuario se sienten como trucos de magia porque ocurren a una velocidad que en televisión no se aprecia igual; aquí es en directo, y eso añade una capa de asombro muy física.
Un elenco de patinadores que entrena como si hubiera partido cada noche
Detrás de la estética hay músculo. Se habla de más de 40 patinadores, y en la gira se ha concretado un equipo en torno a 46 profesionales, un número que explica por qué el show puede cambiar escenas sin vacíos y mantener siempre el hielo “ocupado” con intención. En el patinaje artístico se nota enseguida cuando alguien está ahí para sostener una coreografía y cuando está para lucirse; en este formato, la exigencia es doble, porque hay que interpretar personaje, entrar en marca, controlar la velocidad y, además, mantener seguridad con vestuarios que a veces pesan y limitan movimientos. En la trastienda se trabaja con una disciplina casi militar, pero el resultado busca lo contrario: que parezca fácil, que parezca juego, que parezca improvisación cuando en realidad está medido al milímetro.
Aquí entra una figura que ha dado contexto humano al espectáculo en las semanas previas: Eduardo Montiel, patinador mexicano del show, ha contado que empezó a patinar a los 14 años —“tarde” para los estándares del patinaje competitivo— y aun así acabó dentro de una producción internacional. Su relato sirve para entender qué clase de perfiles llegan a una gira así: no solo atletas que compiten, también profesionales capaces de sostener rutina diaria, ensayos intensivos y una repetición que no admite desgana. En su explicación hay un dato muy concreto: antes de arrancar una gira se realizan dos semanas de ensayos para aprender y repasar coreografías, y ya en cada ciudad se remata con un repaso general, además del calentamiento y preparación previa a cada función. Es decir, no es “llegar y patinar”, es una industria con horarios, equipos de vestuario listos para arreglar un cierre roto a dos minutos de salir, y un objetivo único: que el público solo vea brillo.
La diferencia con la competición también ayuda a entender el lenguaje del show. En un campeonato, el rendimiento se prepara para un momento; aquí, cada noche es el momento. Eso obliga a un tipo de resistencia distinta, más parecida a la de una compañía teatral que a la de un deportista que apunta a una fecha concreta. Y el Roig Arena, con su escala y su acústica, amplifica cualquier cosa: un giro perfecto se celebra como gol, un pequeño error se disimula con oficio. El hielo es implacable, pero también agradece el oficio; cuando un patinador domina, el sonido del filo sobre la pista tiene algo hipnótico, casi como un lápiz dibujando líneas rápidas.
Entradas, precios y el ruido de la reventa
Las entradas para Disney On Ice: Vive tus sueños se han movido por los canales habituales de grandes espectáculos y han circulado en plataformas de venta autorizadas, con el propio circuito del recinto y la distribución del promotor como vías principales. En paralelo, como casi siempre, ha aparecido el mercado secundario: reventa, cambios de planes, entradas que se ofrecen en webs de intercambio. El fenómeno no es nuevo, pero aquí tiene una advertencia práctica que no conviene ignorar: cuando la entrada no procede de canal oficial, el riesgo no es solo pagar más, es encontrarse con un problema de acceso, con un código inválido o con condiciones que no encajan con las normas del recinto.
En cuanto a precios, las tarifas varían por ubicación y sesión, y se han visto importes de arranque en el entorno de los veintitantos euros, con diferencias según sectores y promociones puntuales. Hablar de “precio medio” en un show de arena es casi trampa, porque la grada alta, la visibilidad lateral, las zonas centrales o los packs familiares generan una horquilla amplia; lo relevante, a efectos informativos, es que se trata de un espectáculo de gran formato con entradas escalonadas, y que el coste final depende mucho de la combinación de día, hora y sector. También influye un detalle que a veces se pasa por alto: la política del recinto respecto a menores hace que el presupuesto familiar se calcule con entradas individuales incluso cuando se viaja con bebés, porque desde 0 años se exige título válido.
El mapa de accesos y puertas, además, puede condicionar la experiencia. En un arena moderno, el asiento no es solo un número, es una ruta: puerta concreta, control específico, pasillo asignado. Si algo se ha insistido desde el entorno del Roig Arena es en revisar con calma la puerta de acceso indicada en la entrada y moverse con margen, porque la concentración de gente en horas punta —especialmente el sábado, con tres funciones— convierte cualquier despiste en un embudo. No es alarma, es física: miles de personas intentando entrar a la vez por un puñado de bocas.
También conviene recordar que el espectáculo no se limita a “ver y salir”. La experiencia arena incluye restauración, zonas de espera, tiendas y el clásico circuito de merchandising que acompaña a este tipo de marcas globales. Esto, que parece accesorio, forma parte del paquete emocional: hay quien guarda el programa o el peluche como si fuera una entrada extendida en el tiempo. Y, al mismo tiempo, es el punto donde más se nota la diferencia entre organización y espontaneidad: colas, pagos rápidos, control de pasillos. Un recinto como este está diseñado para absorberlo; cuando lo consigue, casi ni se ve, y esa es la gracia.
Un regreso con peso en la agenda cultural de la ciudad
Que Disney On Ice vuelva a València tras una década no es solo una anécdota nostálgica, es un marcador de posición en el calendario cultural. Durante años, la ciudad había tenido oferta fuerte de música y deporte, pero los grandes espectáculos familiares de gira internacional iban y venían con irregularidad, dependiendo de recintos disponibles, calendarios y rentabilidad. La aparición del Roig Arena cambia esa ecuación: hay un espacio capaz de sostener una producción de hielo con garantías, y eso tiene consecuencias directas en la programación futura, en la percepción de la ciudad como plaza de grandes formatos y en la capacidad de competir con otros polos tradicionales.
El Roig Arena, además, no llega vacío: su agenda se ha ido llenando con conciertos, eventos deportivos y citas institucionales, y se ha proyectado como sede de grandes competiciones, entre ellas la Copa del Rey de baloncesto en 2026 y 2027. Ese tipo de programación construye hábito: público que aprende rutas, transporte, parking, accesos, y que empieza a ver el recinto como parte normal de la vida urbana. En ese contexto, Disney On Ice funciona casi como un bautismo multigeneracional: abuelos, padres, niñas y niños compartiendo un mismo evento sin necesidad de pactar gustos; la marca hace de puente, y el formato hielo añade un plus que en un teatro convencional no se puede replicar.
Hay también un efecto colateral que se nota en la ciudad cuando el evento se concentra en cuatro días y siete sesiones: la movilidad cambia, las horas punta se desplazan, y los alrededores del pabellón se llenan de un tipo de bullicio distinto al de un concierto nocturno. El sábado es un buen ejemplo: tres funciones significan tres olas de entrada y tres de salida, con descansos cortos y una rotación de público que obliga a una coreografía paralela fuera del hielo. Y, en lo simbólico, el espectáculo aterriza como una postal contemporánea: princesas y héroes de animación ocupando el mismo espacio que, horas después o días antes, puede albergar un partido de máxima exigencia o un concierto de estadio bajo techo.
Por dentro, lo que se ve es una ciudad ensayando su condición de plaza grande, sin necesidad de declararlo a bombo y platillo. A veces basta con mirar la escena: un recinto recién estrenado, un show internacional, un público que mezcla idiomas y acentos, y un hilo cultural que conecta películas vistas en VHS con canciones escuchadas en streaming. Todo ello envuelto en hielo, que en València siempre tiene algo de milagro doméstico: fuera puede hacer sol, dentro hay un “invierno” artificial que se vuelve escenario.
La pista se apaga el domingo, el eco se queda
La parada valenciana de Disney On Ice: Vive tus sueños termina el domingo 8 de febrero de 2026 tras el último pase de la tarde, y el montaje empezará a desmontarse con la misma discreción con la que se levantó: hielo que se retira, luces que se apagan, camiones que vuelven a cargar el universo Disney en cajas. Queda, mientras tanto, la imagen de un Roig Arena convertido en caja de fantasía durante cuatro días seguidos, y la constatación de que el recinto puede asumir un espectáculo de hielo con la complejidad que eso implica, desde la técnica hasta la logística de accesos, pulseras de menores y consigna de carritos.
Después llega el viaje a Madrid y Barcelona, con el mismo esquema de funciones y con el espectáculo desplegando su repertorio de personajes como si fuera una banda sonora colectiva que se resiste a envejecer. En València, sin embargo, el paso deja una lectura propia: no es solo el retorno del show, es el retorno en un escenario nuevo, con capacidades de gran arena y con una ciudad que vuelve a situarse como punto de partida. Y esa combinación —regreso tras diez años, recinto recién estrenado, siete funciones en cuatro días— es la que explica por qué la noticia ha corrido con tanta rapidez: no se trata de una visita más, sino de una primera vez con forma de segunda oportunidad.
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Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: Roig Arena, Disney On Ice, València Extra, AS.com, Movistar Arena.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/vuelve-disney-on-ice-a-valencia/
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