
Atlético-Barcelona y derbi vasco Athletic-Real Sociedad: calendario, sedes, dónde verlo, cómo llegan y el peso de la historia rumbo a La Cartuja.
El bombo, que suele sonar a trámite, hoy ha sonado a sentencia: ya no hay rivales “cómodos”, ni caminos de terciopelo. En la sede de la Real Federación Española de Fútbol, en Las Rozas de Madrid, el sorteo ha dejado dos semifinales con colmillo y apellido propio: Atlético de Madrid–Barcelona y Athletic Club–Real Sociedad. Cuatro escudos, cuatro maneras de entender la Copa, y una misma idea atravesándolos como una corriente fría: dos partidos para tocar la final, dos noches largas donde el error pesa el doble y el acierto se celebra como si fuera un gol en el minuto 120.
El sorteo en Las Rozas: directo al hueso, sin condicionantes
El guion ha sido limpio, casi quirúrgico: sorteo puro, sin restricciones, con el orden de localía también en juego. En otras rondas, la Copa se ha permitido el romanticismo del partido único y el campo pequeño que aprieta… aquí no. En semifinales, la Copa del Rey se pone seria y vuelve a su rareza moderna: ida y vuelta como un espejo, con su segunda imagen esperando para ajustar cuentas. El acto, celebrado en el auditorio Luis Aragonés, ha confirmado lo que ya olía a recta final: todo es Primera, todo es detalle, todo es tensión con corbata.
Y hay un matiz que cambia la respiración de cada eliminatoria: el calendario ya no se resuelve en una semana. La Copa te puede marear a base de sorpresas, sí, pero también te puede obligar a convivir con un resultado durante días; a entrenar mirando de reojo el marcador global, a jugar Liga con el runrún de la vuelta, a gestionar piernas y egos como quien lleva un vaso lleno hasta el borde. En ese terreno, la experiencia pesa, el banquillo manda y el fútbol se vuelve más ajedrez que lotería.
El cuadro queda así: dos semifinales y cuatro estadios con historia
Atlético de Madrid – FC Barcelona: el choque que no necesita presentación
La ida se jugará en el Riyadh Air Metropolitano y la vuelta en el Spotify Camp Nou. Dicho así parece una línea de agenda, pero en realidad es una película con dos capítulos y un mismo villano: la presión. El Atlético llega con ese gesto de equipo que, cuando huele Copa, aprieta los dientes; el Barça, además, llega con la chapa de vigente campeón, que en este torneo es casi un imán para las noches raras: o te engrandece o te obliga a explicarte.
La eliminatoria tiene un aroma clásico: dos grandes, dos estilos, dos formas de habitar el partido. El Atlético de Diego Simeone suele convertir la ida en una pelea de guantes cortos, con el estadio como un amplificador; el Barcelona de Hansi Flick tiende a pensar la vuelta como territorio para ordenar el caos, con posesión, con ritmo, con esa sensación de “si el balón es mío, el tiempo también”. Y entre medias, como un relámpago que ya se ha visto esta temporada, aparece el duelo de porteros, áreas y segundas jugadas: Jan Oblak defendiendo centímetros como si fueran lingotes; Robert Lewandowski buscando la grieta; y la eliminatoria encendida por nombres jóvenes que no piden permiso, como Lamine Yamal, capaz de convertir un control en una amenaza.
Athletic Club – Real Sociedad: derbi vasco con ida en San Mamés, vuelta en Anoeta
La otra semifinal es un derbi vasco con textura de acero: ida en San Mamés, vuelta en Reale Arena. Es de esos emparejamientos que no hace falta “vender”: se vende solo porque tiene memoria. No es únicamente un partido; es una conversación antigua entre dos ciudades, dos formas de entender el club y dos aficiones que viven la Copa como una cosa propia, doméstica y sagrada a la vez.
Y además llega en un momento especialmente eléctrico para ambos. El Athletic, con Ernesto Valverde, sabe lo que es manejar eliminatorias y convertir la Copa en un refugio cuando la Liga muerde; la Real, en plena etapa nueva con Pellegrino Matarazzo, mezcla la inercia de los últimos años con la novedad táctica, ese punto de “vamos a ver hasta dónde llega esto” que a veces dispara a un equipo. En este cruce hay un detalle fino pero decisivo: el orden de campos. San Mamés de inicio es un golpe de sonido, una ola; Anoeta al final es un cierre de presión, una caldera más contenida, de esas que no gritan tanto pero no te dejan respirar.
Fechas, horarios y dónde verlo: el calendario ya marca el pulso
Las semifinales se jugarán a doble partido, con la ida fijada en el 11 de febrero de 2026 y la vuelta el 4 de marzo de 2026, aunque el encaje final de horarios suele moverse dentro de la ventana habitual de la semana (entre el 10 y el 12 para la ida, y entre el 3 y el 5 para la vuelta). Esa separación entre partidos es casi un personaje más: deja tiempo para que una baja se recupere… o para que aparezca otra; para que una mala tarde se convierta en obsesión… o en aprendizaje. En la práctica, obliga a los técnicos a planificar como quien prepara una final en dos actos: primer golpe y segundo golpe, con la cabeza fría en medio.
En televisión, el ecosistema es el de esta temporada: la Copa se reparte entre RTVE (con partidos en abierto en La 1 y/o Teledeporte, además de RTVE Play) y Movistar Plus+ en sus canales de fútbol, con el añadido de que las semifinales suelen tener escaparate grande por pura lógica de audiencia. Y, por debajo de la pantalla, está el otro detalle reglamentario que conviene tener claro porque cambia la estrategia: en semifinales no hay valor doble de los goles fuera de casa; lo que manda es el global, y si tras 180 minutos sigue el empate, llegan la prórroga y, si hace falta, los penaltis. En castellano llano: no existe ese “me vale perder 2-1 porque marqué fuera”, aquí hay que ganar la eliminatoria, sin trucos.
Cómo llega cada uno: estado de ánimo, nombres propios y pequeñas grietas
El Atlético aterriza en semifinales con una imagen contundente, casi brutal, tras su 0-5 al Betis en La Cartuja: un partido que pareció escrito para recordar que este equipo, cuando encuentra un día redondo, te pasa por encima sin pedir disculpas. La noche dejó protagonistas claros: el debut de Ademola Lookman con gol y asistencia como carta de presentación, la aparición de Dávid Hancko sumándose al marcador, el sello de Antoine Griezmann como futbolista que ordena el caos, y la chispa final de Thiago Almada. Pero incluso en una goleada hay sombra: Pablo Barrios terminó con molestias, y en un doble duelo así una ausencia en el centro puede cambiar el tono del equipo, porque ahí se ganan los segundos balones y se decide si el partido es una pelea o un intercambio.
El Barcelona llega con esa mezcla que solo conoce quien juega con la lupa encima: ganar es obligatorio, pero ganar bien también se exige. En cuartos eliminó al Albacete (1-2) con goles de Lamine Yamal y Ronald Araújo, y ahí ya se vio una idea muy reconocible: cuando el Barça acelera en campo rival, el partido se inclina como un tablero mal apoyado. A Flick le funciona especialmente cuando encuentra extremos que rompen y mediocentros que sostienen; ahí entran nombres como Frenkie de Jong y, sobre todo, el papel de Marcus Rashford, que se ha ido colando en la foto de los partidos grandes con esa agresividad de arrancada que obliga a los rivales a recular medio paso. La incógnita está en el estado físico de piezas importantes: Raphinha anda entre algodones, Pedri arrastra un parón, y Gavi sigue en el terreno delicado de las recuperaciones largas; no es excusa, pero sí condiciona cómo repartes minutos y cómo te sostienes en los tramos donde no dominas.
El Athletic llega con el sello de siempre: orgullo, impulso y una relación casi íntima con la Copa. Su paso a semifinales fue un thriller en Mestalla: victoria 1-2 ante el Valencia con un final de esos que dejan las piernas temblando, con Iñaki Williams apareciendo tarde —muy tarde— para rematar la eliminatoria, y con Nico Williams sirviendo una asistencia que pareció un corte de navaja. Ese partido, además, dejó huellas físicas: el club anda pendiente de la evolución de Yuri Berchiche y Íñigo Ruiz de Galarreta, con otros nombres como Dani Vivian o Álex Berenguer en vigilancia. Y luego está el contexto emocional, que también juega: el Athletic ha tenido irregularidad en Liga, pero la Copa le cambia el pulso, como si en cuanto suena el himno del torneo el equipo recordara quién es.
La Real Sociedad es el equipo que llega con más “historia reciente” en la maleta, por algo lleva tiempo acostumbrándose a rondas altas. En cuartos remontó al Alavés en Mendizorroza (2-3) en un partido con guion de montaña rusa: goles, nervios y un momento clave, el penalti detenido por Álex Remiro cuando el partido se apretaba de verdad. A partir de ahí, la Real encontró dos zarpazos casi seguidos de Gonçalo Guedes y Orri Óskarsson, con Mikel Oyarzabal también en la foto del gol, y selló el billete a semifinales con esa sensación de equipo que sabe sufrir sin descomponerse. El punto de debate está en su momento institucional y disciplinario: el club anda peleando sanciones como la de Brais Méndez en Liga, y aunque la Copa va por otro carril, el ruido alrededor de un vestuario a veces entra por rendijas pequeñas, como entra el frío bajo una puerta.
Favoritos, lecturas tácticas y lo que puede decidir la eliminatoria sin hacer ruido
Hablar de “favorito” en Copa es como intentar clavar un alfiler en el agua, pero aun así hay jerarquías. Barça y Atlético parten con una vitrina más pesada y un fondo de armario que asusta, y además se cruzan entre ellos, lo que deja la otra semifinal abierta a que el derbi vasco sea, literalmente, una autopista emocional hacia la final. El matiz es que una semifinal a doble partido tiende a premiar al equipo más estable: el que gestiona mejor el cansancio, el que comete menos errores de concentración, el que sabe no perder cuando toca no perder. En ese sentido, Simeone es casi un manual viviente; Flick, por su parte, tiene ese enfoque de acelerar cuando el partido lo permite y bajar el pulso cuando el rival se ahoga.
En el Atlético-Barça hay tres zonas que parecen diseñadas para decidir cosas sin titulares: la espalda de los laterales, el duelo de los mediocentros y la pelota quieta. Si el Atlético logra llevar el partido a un territorio de centros laterales y segundas jugadas, el Barça sufre más; si el Barça consigue fijar al Atlético lejos de su área y obligarle a correr hacia atrás, el Atlético se vuelve menos agresivo. Y está el factor Lookman, recién aterrizado pero ya influyendo: si mantiene esa capacidad de arrancar y atraer ayudas, abre carriles para Griezmann y para la llegada de los interiores. Al otro lado, Lamine Yamal es el tipo de futbolista que rompe esquemas porque su amenaza no es solo el desborde, es el “y si…” constante: el rival defiende con miedo a que pase algo que no estaba en el plan.
En el Athletic-Real, el partido se cocina con otra temperatura. Ahí pesa la identidad: el Athletic no negocia el ritmo alto cuando se siente fuerte, y la Real suele tratar de que el balón no sea una moneda al aire. El debut de Matarazzo ha traído matices, presión y una idea de ordenarse rápido tras pérdida, pero en un derbi vasco esa teoría se prueba con fuego real: San Mamés te obliga a decidir en medio segundo, y la Real deberá sostenerse sin perder la cabeza. La vuelta en Anoeta añade otro elemento: si el cruce llega vivo, la Real puede convertir el partido en una espera tensa, como un ascensor que sube lento, donde cada ataque es una planta más.
Datos y curiosidades que pesan: cuando la Copa saca el álbum
Hay números que son como piedras en el bolsillo: no te hacen correr, pero te recuerdan dónde estás. El Barcelona llega con 32 Copas del Rey en su palmarés, una cifra que ya funciona como marca de fábrica; el Athletic, oficialmente, cuenta 24, aunque el club lleva años reivindicando una más en el debate histórico, y en cualquier caso es el gran especialista sentimental del torneo, el que vive la Copa como una tradición familiar. El Atlético suma 10 títulos coperos, con un historial de noches ásperas y finales marcadas a fuego; la Real, por su parte, tiene tres Copas y una relación con el torneo que mezcla épocas lejanas y estallidos puntuales de gloria.
Y luego están esas escenas que vuelven solas cuando el sorteo empareja camisetas. En Atlético-Barça es imposible no recordar la final de 1996 en La Romareda, en Zaragoza: el Atlético ganó 0-1 en la prórroga con un cabezazo de Milinko Pantić y con Radomir Antić en el banquillo, una de esas finales que se cuentan con voz baja, como si todavía doliera el esfuerzo. En el derbi vasco, la Copa guarda dos postales especialmente jugosas: la semifinal de 1923, con un 0-0 en la ida y un 2-0 del Athletic en la vuelta en San Mamés, y la de 1987, cuando la Real eliminó al Athletic camino de un título que acabaría levantando en La Romareda tras una final dramática. La Copa es eso: un torneo que, cuando le conviene, te pone delante el pasado como un espejo y te dice “hazlo mejor… o repítelo”.
La Cartuja al fondo: lo que promete febrero y lo que puede pasar en marzo
El horizonte está ahí, quieto y luminoso: Estadio La Cartuja, en Sevilla, con la final prevista para el 18 de abril de 2026. Llegar no es solo cuestión de orgullo: además del título, la final abre puertas, prestigio, y hasta billetes indirectos que importan en los despachos, porque ser finalista te coloca en el radar de la Supercopa siguiente. Pero antes hay que atravesar dos eliminatorias donde el fútbol se vuelve casi físico: se nota en el ruido de un estadio, en la manera en que un equipo tarda cinco segundos más en sacar una falta, en cómo una tarjeta amarilla cambia la valentía de un central.
Y quizá lo más bonito —o lo más cruel— de estas semifinales es que no permiten esconderse. Si el Atlético quiere la Copa, tendrá que mirarse a los ojos con el Barcelona dos veces; si el Barcelona quiere repetir corona, tendrá que sobrevivir a un Metropolitano que no regala aire; si el Athletic quiere convertir la Copa en refugio, tendrá que atravesar un derbi que no entiende de estados de forma; si la Real quiere darle sentido inmediato a su nueva etapa, tendrá que ganar donde más duele perder: ante el vecino. Todo eso en un calendario partido, con la ida dejando un sabor que no se va y la vuelta como ajuste de cuentas. La Copa, cuando llega aquí, ya no es un torneo: es una prueba de carácter con césped, focos y memoria.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/sorteo-de-la-copa-del-rey/
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