
¿Tienes la sensación de que cada verano te pican más mosquitos, incluso lejos de humedales o zonas “salvajes”? No es solo una impresión. Un nuevo estudio realizado en la Mata Atlántica de Brasil confirma que, a medida que destruimos bosque y perdemos fauna, los mosquitos recurren cada vez más a la sangre humana.
El trabajo, publicado en la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution, analizó qué habían comido realmente los mosquitos capturados en dos reservas naturales del estado de Río de Janeiro. De 1.714 ejemplares recolectados, 145 hembras habían ingerido sangre y, en las que se pudo identificar el origen de esa comida, la gran mayoría presentaba ADN humano, muy por encima del de aves u otros animales silvestres, cada vez menos presentes en la zona.
“Mostramos que las especies de mosquito que capturamos en los restos de la Mata Atlántica tienen una clara preferencia por alimentarse de humanos”, explica el biólogo Jeronimo Alencar, del Instituto Oswaldo Cruz. Su colega Sergio Machado, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, aporta un matiz clave. “En un entorno con una gran diversidad de posibles vertebrados, una preferencia por los humanos aumenta de forma significativa el riesgo de transmisión de patógenos”.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo instaló trampas luminosas al atardecer y durante la noche en la Reserva Ecológica de Guapiaçu y en el Sítio Recanto Preservar, dos fragmentos protegidos de bosque atlántico en el estado de Río de Janeiro. Después separaron solo a las hembras “infladas”, aquellas que acababan de alimentarse, y en el laboratorio extrajeron la sangre de sus abdomenes. Con técnicas de biología molecular que funcionan como un código de barras genético, compararon el ADN encontrado con bases de datos para saber de qué animal procedía cada “comida”.
El resultado fue tan llamativo como preocupante. En 24 mosquitos donde se pudo identificar el origen del banquete, 18 habían picado a personas. El resto mostraba restos de un anfibio, seis aves, un cánido y un ratón, a veces mezclados en una misma toma. Es decir, incluso en un bosque que todavía conserva una biodiversidad notable, el bocado más frecuente era la sangre humana.
La clave está en el contexto. La Mata Atlántica llegó a cubrir más de 1,3 millones de kilómetros cuadrados a lo largo de la costa brasileña. Hoy queda en pie alrededor de un tercio de esa superficie original, fragmentada por plantaciones, explotaciones ganaderas y urbanizaciones. A medida que se talan los últimos parches de selva, muchas especies desaparecen o se alejan.
Cuando faltan aves, anfibios y mamíferos, los mosquitos pierden parte de sus huéspedes habituales. Y como explica Machado, “con menos opciones naturales disponibles, los mosquitos se ven obligados a buscar nuevas fuentes de sangre y terminan alimentándose más de los humanos por conveniencia”. Somos el recurso más abundante en esos paisajes empobrecidos. Y eso se nota.
El cambio no se queda en una simple molestia de verano. Los mosquitos son vectores de virus como el dengue, el Zika, el chikungunya o la fiebre amarilla. Si más especies se acostumbran a picarnos, la ventana para que esos virus circulen entre fauna y personas se abre aún más.
Los autores del estudio reconocen que su muestra es limitada, porque solo en una parte de las hembras con sangre se consiguió leer bien el ADN. Aun así, la señal es clara. En estos fragmentos de bosque restaurado y visitado por residentes, turistas e investigadores, la sangre humana aparece una y otra vez en el menú de distintas especies. “Saber que los mosquitos de un área tienen una fuerte preferencia por humanos sirve como una alerta de riesgo de transmisión”, advierte Machado.
Más allá de la entomología, el mensaje encaja con algo que los expertos repiten desde hace años. La crisis de biodiversidad y la crisis sanitaria están conectadas. Cuanto más simplificamos los ecosistemas, más fácil es que ciertos insectos oportunistas, como estos mosquitos, se acerquen a nuestras casas, a los cultivos o a los lugares de trabajo. Cuidar los bosques que quedan y restaurar áreas degradadas no es solo conservar especies emblemáticas. También es una forma de reducir contactos peligrosos entre mosquitos, animales silvestres y personas.
El estudio completo, titulado “Aspects of the blood meal of mosquitoes during the crepuscular period in Atlantic Forest remnants of the state of Rio de Janeiro, Brazil”, ha sido publicado en abierto en la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution.
Javier F.
Fuente de esta noticia: https://www.ecoticias.com/naturaleza/analizan-por-que-los-mosquitos-pican-mas-a-unas-personas-y-encuentran-un-talon-de-aquiles-no-es-la-sangre-dulce-y-si-en-nuestro-sudor
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