
En el complejo escenario de la oncología actual, España se enfrenta a un desafío dual: un incremento sostenido en la incidencia de tumores, impulsado en gran medida por el envejecimiento poblacional, y la necesidad urgente de democratizar el acceso a la innovación terapéutica. Para analizar este panorama, en Gaceta Médica conversamos con Jesús García-Foncillas, presidente de la Fundación ECO, quien adelantará las claves de la quinta edición del Código Europeo contra el Cáncer (ECAC5) que verá la luz mañana, 4 de febrero, Día Mundial Contra el Cáncer, y la importancia de mirar más allá del estilo de vida para poner el foco en los determinantes genéticos y ambientales.
A pesar de que casi el 50% de los tumores son evitables según el ECAC5, García-Foncillas advierte sobre una persistente «lotería geográfica» en el Sistema Nacional de Salud, donde el acceso a la medicina de precisión y a fármacos de última generación, como los inhibidores de KRAS o las terapias CAR-T, no es uniforme entre comunidades autónomas. Para Foncillas la brecha más preocupante hoy no es solo tecnológica o económica, sino la alfabetización sanitaria, que condiciona desde la participación en cribados hasta la detección precoz de síntomas.
No obstante, el horizonte para 2026 se presenta con un optimismo fundamentado gracias a la consolidación de la biopsia líquida, la Inteligencia Artificial aplicada al análisis radiómico y la llegada de nuevas familias de fármacos, como los conjugados anticuerpo-fármaco (ADCs). Además, García-Foncillas analiza los retos de un sistema que debe adaptarse a los largos supervivientes y a un inquietante cambio epidemiológico: el aumento de casos en menores de 50 años.
Pregunta. Las cifras de incidencia en España siguen una tendencia ascendente. ¿Estamos diagnosticando más y mejor, o es que los factores de riesgo (envejecimiento, obesidad, contaminación) nos están ganando la partida?
Respuesta. El aumento sostenido de la incidencia de cáncer en España responde a una confluencia de factores demográficos, diagnósticos y ambientales cuya ponderación relativa resulta compleja pero esencial para orientar las políticas sanitarias.
El envejecimiento poblacional constituye indudablemente el principal determinante del incremento observado. La incidencia tumoral aumenta exponencialmente con la edad, reflejando la acumulación de mutaciones somáticas, el deterioro de los mecanismos de reparación del ADN y la senescencia del sistema inmunitario. España presenta una de las estructuras demográficas más envejecidas de Europa, con una esperanza de vida que supera los 83 años, lo cual genera inexorablemente un incremento en la carga tumoral absoluta.
La mejora en las capacidades diagnósticas contribuye significativamente al aumento detectado. La implementación progresiva de programas de cribado poblacional en cáncer de mama, colon y cérvix, junto con la mayor sensibilidad de las técnicas de imagen —resonancia magnética, tomografía por emisión de positrones— permite identificar neoplasias en estadios más precoces e incluso lesiones de potencial maligno incierto que previamente permanecían subclínicas. Este fenómeno genera un efecto de anticipación diagnóstica que incrementa las tasas de incidencia sin representar necesariamente un empeoramiento de la situación epidemiológica real.
P. Con el estreno del ECAC5, ¿hasta qué punto es crucial que se ponga el foco en factores ambientales y genéticos más allá del estilo de vida?
R. La quinta edición del Código Europeo contra el Cáncer requiere necesariamente una ampliación de su enfoque hacia los determinantes ambientales y genéticos de la enfermedad. Si bien las modificaciones del estilo de vida continúan siendo fundamentales y representan aproximadamente el 40-50% de la prevención tumoral, resulta imprescindible reconocer que la carcinogénesis es un proceso multifactorial donde convergen predisposición genética, exposición ambiental e interacciones epigenéticas complejas.
Los factores ambientales —contaminación atmosférica, exposición ocupacional a sustancias carcinógenas, radiación ionizante, disruptores endocrinos— constituyen determinantes de riesgo significativos que operan independientemente de las decisiones individuales sobre estilo de vida. Paralelamente, el componente genético, expresado tanto en síndromes hereditarios de alta penetrancia como en variantes de riesgo poligénico, modula la susceptibilidad individual ante exposiciones ambientales.
P. El Código Europeo sostiene que casi el 50% de los tumores son evitables. ¿Cómo podemos trasladar estas recomendaciones del papel a la realidad cotidiana?
R. La transición de las directrices del Código Europeo a la práctica cotidiana constituye uno de los principales desafíos de la salud pública contemporánea. La implementación efectiva requiere estrategias multinivel que aborden los determinantes sociales y estructurales de la salud:
A nivel estructural, resulta imprescindible desarrollar políticas fiscales y regulatorias que faciliten las opciones saludables: impuestos sobre productos perjudiciales (tabaco, alcohol, alimentos ultraprocesados), restricciones publicitarias, creación de entornos urbanos que promuevan la actividad física mediante espacios verdes accesibles e infraestructuras para movilidad activa.
En el ámbito comunitario, se requieren programas de educación sanitaria contextualizados culturalmente, accesibles tanto en formato digital como presencial, con especial atención a poblaciones vulnerables donde convergen múltiples factores de riesgo. La colaboración con asociaciones vecinales, centros educativos y entornos laborales permite diseminar mensajes preventivos en los espacios donde transcurre la vida cotidiana.
P. Como presidente de la Fundación ECO, ¿considera que el acceso a la medicina de precisión y a los fármacos de última generación es hoy uniforme en todas las Comunidades Autónomas, o persiste la «lotería geográfica»?
R. Lamentablemente, persisten inequidades significativas en el acceso a la medicina de precisión y las terapias oncológicas de última generación en el Sistema Nacional de Salud español, configurando lo que coloquialmente se denomina «lotería geográfica» de la salud.
Las disparidades observadas responden a múltiples factores: heterogeneidad en la dotación tecnológica de los centros hospitalarios, diferencias en los criterios de las comisiones autonómicas de evaluación farmacoterapéutica, variabilidad en los tiempos de tramitación administrativa para acceso a medicamentos de uso compasivo o extranjero, y desigual implementación de plataformas de diagnóstico molecular avanzado. Así, el acceso a paneles de secuenciación genómica amplia, determinación sistemática de biomarcadores moleculares relevantes (PD-L1, carga mutacional tumoral, inestabilidad de microsatélites) y terapias dirigidas de última generación —como inhibidores de KRAS G12C, conjugados anticuerpo-fármaco o terapias celulares CAR-T— presenta variabilidad geográfica injustificada desde una perspectiva de equidad sanitaria.
P. ¿En qué punto se encuentra España en la implementación de la biopsia líquida y el cribado genómico?
R. España se encuentra en una fase de transición desde la utilización de biopsia líquida y cribado genómico como herramientas fundamentalmente de investigación hacia su incorporación como estándares asistenciales, aunque este proceso presenta avances desiguales y limitaciones estructurales significativas.
La biopsia líquida —detección y caracterización de ADN tumoral circulante, células tumorales circulantes y vesículas extracelulares en sangre periférica— ha alcanzado implementación clínica consolidada en contextos específicos, particularmente en la determinación de mutaciones de EGFR en adenocarcinoma pulmonar para guiar decisiones terapéuticas y monitorizar resistencias adquiridas, así como en pacientes donde la obtención de tejido tumoral resulta técnicamente imposible o clínicamente desaconsejable.
Las aplicaciones emergentes incluyen la detección de enfermedad mínima residual tras cirugía con intención curativa, permitiendo identificar pacientes con alto riesgo de recidiva que podrían beneficiarse de tratamiento adyuvante intensificado, y la monitorización dinámica de respuesta terapéutica en tiempo real. No obstante, persisten limitaciones técnicas relacionadas con la sensibilidad variable según tipo tumoral y carga de enfermedad, la necesidad de estandarización metodológica entre laboratorios, y la evaluación pendiente de coste-efectividad en distintos escenarios clínicos.
P. La Inteligencia Artificial ya no es futurismo. ¿Cómo está transformando la IA el flujo de trabajo, por ejemplo, en el Instituto OncoHealth, para predecir la respuesta terapéutica de un paciente antes de iniciar el tratamiento?
R. La inteligencia artificial está transformando sustancialmente el paradigma asistencial oncológico, transitando desde aplicaciones puntuales hacia su integración sistemática en el flujo de decisiones clínicas. Las principales áreas de impacto incluyen:
El análisis radiómico, mediante algoritmos de aprendizaje profundo, permite extraer características cuantitativas de imágenes médicas imperceptibles para el análisis visual humano, identificando patrones de heterogeneidad tumoral que correlacionan con pronóstico y predicción de respuesta terapéutica. Aplicaciones validadas incluyen la predicción de respuesta a inmunoterapia en melanoma y cáncer de pulmón mediante análisis computacional de tomografías, o la estimación de riesgo de recurrencia en cáncer de mama mediante características extraídas de resonancias magnéticas.
Los modelos de aprendizaje automático integran datos multiómicos —genómicos, transcriptómicos, proteómicos, metabolómicos— con características clínicas convencionales (edad, estado funcional, comorbilidades) y parámetros farmacocinéticos individuales para generar estimaciones probabilísticas de respuesta a tratamientos específicos. Esta capacidad de predicción pre-tratamiento permite estratificar pacientes hacia terapias con mayor probabilidad de beneficio, evitando exposición a toxicidades innecesarias y optimizando la utilización de recursos sanitarios.
P. El cáncer se está convirtiendo, en muchos casos, en una enfermedad crónica. ¿Está el sistema sanitario español preparado para gestionar las necesidades de los «largos supervivientes», tanto a nivel médico como psicológico y social?
R. El sistema sanitario español presenta deficiencias estructurales significativas en la atención a los aproximadamente dos millones de supervivientes de cáncer, población que continuará creciendo como consecuencia del diagnóstico más precoz y la mayor eficacia terapéutica.
Las principales carencias identificadas incluyen la ausencia de planes de seguimiento personalizados y estandarizados tras la finalización del tratamiento activo, la inexistencia de unidades especializadas de transición entre oncología y atención primaria, el abordaje insuficiente de secuelas tardías (cardiotoxicidad, neuropatía periférica, disfunción cognitiva, alteraciones endocrinas, infertilidad, segundas neoplasias), el soporte psico-oncológico limitado y no sistematizado, y la desatención de necesidades de reintegración laboral y social.
Los supervivientes de cáncer presentan necesidades asistenciales complejas que trascienden la mera vigilancia de recidiva tumoral, incluyendo el manejo de efectos secundarios crónicos del tratamiento, la prevención y detección precoz de segundas neoplasias (cuyo riesgo se encuentra incrementado), el abordaje de secuelas psicológicas como el miedo a la recurrencia, ansiedad y depresión, y el soporte en la readaptación a roles laborales, familiares y sociales.
P. Si analizamos la inversión en I+D+i en oncología en España, ¿qué reformas estructurales urgentes le pediría a la Administración para que los investigadores españoles no tengan que mirar siempre hacia el extranjero?
R. El ecosistema de investigación oncológica en España presenta capacidades científicas de excelencia contrastada internacionalmente, pero enfrenta limitaciones estructurales que comprometen su competitividad y generan fuga de talento hacia entornos más favorables. Las reformas urgentes deberían abordar:
1. Financiación. Incrementar sustancialmente la inversión en investigación sanitaria hasta alcanzar al menos el 2% del gasto sanitario total (actualmente ronda el 1%), mediante convocatorias competitivas con financiación plurianual mínima de cinco años que permita planificación estratégica y desarrollo de líneas de investigación consolidadas. Crear un programa específico de financiación de investigación traslacional que articule eficientemente la investigación básica con su aplicación clínica.
2. Carrera investigadora. Establecer una carrera profesional estable y predecible para investigadores clínicos, superando la actual precariedad y temporalidad contractual. Reconocer explícitamente la actividad investigadora en los baremos de méritos y promoción asistencial.
3. Desarrollar figuras contractuales híbridas que combinen actividad investigadora y asistencial (modelo physician-scientist) con protección de tiempo dedicado a investigación. Incrementar retribuciones hasta niveles competitivos internacionalmente para retener talento formado.
4. Infraestructura tecnológica. Actualizar equipamiento de plataformas tecnológicas en secuenciación masiva, análisis bioinformático, imagen preclínica, modelos in vitro e in vivo. Crear un biobanco nacional integrado con muestras tumorales y controles caracterizadas molecularmente. Desarrollar un registro nacional oncológico que vincule datos clínicos, moleculares y de resultados en salud.
P. De cara al Día Mundial del Cáncer, ¿cuál es la brecha más preocupante a día de hoy: la tecnológica, la económica o la de la educación sanitaria? ¿Qué retos enfrentará la oncología en los próximos años?
R. Entre las distintas brechas identificadas —tecnológica, económica y educativa— la más preocupante resulta ser la brecha educativa y preventiva. Mientras la innovación tecnológica avanza aceleradamente y los recursos económicos, aunque mejorables, permiten en general acceso a tratamientos efectivos en el Sistema Nacional de Salud, la alfabetización sanitaria poblacional permanece insuficiente.
Esta deficiencia genera consecuencias múltiples: participación subóptima en programas de cribado con capacidad demostrada para reducir mortalidad, retraso diagnóstico por banalización o desconocimiento del significado de síntomas de alarma, perpetuación de conductas de riesgo modificables pese a evidencia científica sólida sobre su impacto, y vulnerabilidad ante desinformación sanitaria amplificada por redes sociales y medios digitales.
P. Ante un diagnóstico de cáncer en 2026, ¿por qué razones un paciente puede sentirse hoy mucho más optimista que hace apenas cinco años?
R. Un paciente diagnosticado de cáncer en 2026 dispone de motivos objetivos y fundamentados para mantener una perspectiva considerablemente más optimista que cinco años atrás, sustentados en avances terapéuticos, diagnósticos y asistenciales concretos:
Los desarrollos en inmunoterapia han transformado radicalmente el pronóstico de neoplasias previamente consideradas invariablemente letales. El melanoma metastásico, el carcinoma renal avanzado y el cáncer de pulmón no microcítico avanzado presentan ahora tasas de supervivencia a cinco años del 40-50% en poblaciones seleccionadas, cifras impensables hace una década. La combinación de inhibidores de puntos de control inmunitario ha demostrado respuestas duraderas en múltiples tipos tumorales.
Las terapias dirigidas contra alteraciones moleculares específicas han experimentado expansión notable, con aprobación de inhibidores de mutaciones previamente consideradas «no druggables» como KRAS G12C, desarrollo de inhibidores de nueva generación contra dianas consolidadas como HER2 y BRAF con mayor eficacia y mejor perfil de toxicidad, y disponibilidad de terapias contra fusiones génicas oncogénicas raras (NTRK, RET, ALK) aplicables a múltiples tipos tumorales.
Los conjugados anticuerpo-fármaco representan una nueva clase terapéutica que combina especificidad de anticuerpos monoclonales con potencia de quimioterapia citotóxica, transformando escenarios de enfermedad refractaria en situaciones de control prolongado, como demuestran trastuzumab-deruxtecan en cáncer de mama HER2 positivo o sacituzumab-govitecan en cáncer de mama triple negativo.
P. Estamos observando un incremento preocupante de tumores en menores de 50 años. ¿Cómo valora este cambio epidemiológico?
R. El aumento documentado de incidencia de determinadas neoplasias en menores de 50 años constituye un fenómeno epidemiológico emergente de preocupación científica prioritaria que requiere investigación etiológica urgente e implementación de estrategias preventivas y de detección precoz adaptadas.
Estudios epidemiológicos internacionales han documentado incrementos anuales del 1-2% en la incidencia de cánceres colorrectal, mamario, pancreático, gástrico y renal en población menor de 50 años desde la década de 1990, particularmente en cohortes nacidas después de 1960. Este fenómeno se observa consistentemente en países de alto desarrollo económico con características demográficas y sanitarias heterogéneas, sugiriendo la influencia de factores ambientales y de estilo de vida compartidos.
P. Tras la experiencia de la pandemia y el desarrollo acelerado de vacunas ARNm, ¿en qué punto se encuentra España para liderar ensayos clínicos de fase I y II?
R. España cuenta actualmente con aproximadamente 15-20 unidades de ensayos de fase I distribuidas heterogéneamente en hospitales terciarios, con capacidad técnica y experiencia contrastada pero con limitaciones en volumen de actividad. La participación española en ensayos internacionales de fase I representa menos del 5% del total europeo, reflejando oportunidades de desarrollo significativas.
Las plataformas de ARN mensajero, cuyo desarrollo acelerado durante la pandemia demostró la viabilidad de cronogramas comprimidos manteniendo estándares de seguridad y eficacia, ofrecen aplicaciones oncológicas múltiples: vacunas terapéuticas personalizadas que codifican neoantígenos tumorales identificados mediante secuenciación para inducir respuestas inmunitarias específicas contra el tumor del paciente, inmunoterapias codificadas (citoquinas, anticuerpos, receptores quiméricos) con expresión transitoria que evita toxicidades sistémicas prolongadas, y potencialmente reemplazo o suplementación de proteínas supresoras tumorales.
Marcos Yebra Fernández
Fuente de esta noticia: https://gacetamedica.com/investigacion/foncillas-cancer-dia-mundial-eco/
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