
El reciente acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur ha generado expectativas en diversos sectores económicos de los países miembros. En Brasil, la industria textil y del algodón, uno de los pilares de su economía, vislumbra oportunidades significativas a partir de la eliminación gradual de aranceles contemplada en el tratado. Sin embargo, el sector enfrenta retos importantes, especialmente en lo que respecta al diseño y la competitividad en el mercado europeo.
Oportunidades para el algodón brasileño
Brasil es el tercer mayor productor mundial de algodón, y su industria textil tiene un gran potencial para aumentar las exportaciones hacia Europa. Actualmente, los tejidos de algodón brasileño enfrentan un arancel del 8% en la UE, mientras que las prendas confeccionadas pagan un 12%. Con la entrada en vigor del acuerdo, estos aranceles serán eliminados paulatinamente en un plazo de diez años. Esto abre una ventana para que los productos brasileños ganen competitividad en el mercado europeo.
Marcio Portocarrero, director de Abrapa (Asociación Brasileña de Productores de Algodón), señala que esta medida podría impulsar las ventas de tejidos brasileños en Europa. Sin embargo, advierte que el diseño es un factor crucial para conquistar a los consumidores europeos. «El diseño tendría que hablar el mismo idioma que el mercado europeo», afirma Portocarrero, subrayando que las propuestas estéticas tropicalistas podrían no ser tan atractivas para este público.
El desafío del diseño y las marcas
Uno de los principales obstáculos para la moda brasileña en Europa es la falta de marcas reconocidas en ese continente. A excepción de Havaianas, pocas empresas brasileñas han logrado posicionarse con éxito en el mercado europeo. Esto limita la capacidad del país para competir con marcas internacionales consolidadas.
La Semana de la Moda de São Paulo, uno de los eventos más importantes del sector en América Latina, ha demostrado el talento y la creatividad de los diseñadores brasileños. Sin embargo, estos esfuerzos no han sido suficientes para generar una demanda significativa en Europa. La adaptación al gusto europeo y una estrategia más agresiva de internacionalización podrían ser claves para superar esta barrera.
Un largo camino hacia los beneficios
Fernando Pimentel, presidente de Abit (Asociación Brasileña de la Industria Textil y de Confección), estima que pasarán al menos ocho años antes de que se sientan los efectos concretos del acuerdo UE-Mercosur. Según Pimentel, aunque el tratado liberará aranceles sobre entre el 91% y el 92% de las exportaciones en un plazo de 15 años, esto no garantiza automáticamente un aumento en las ventas. Los empresarios brasileños deberán mostrar interés activo en el mercado europeo y trabajar en estrategias para mejorar su competitividad.
Además, Pimentel subraya la importancia de reducir el «costo Brasil», un término que engloba los altos costos operativos y logísticos del país. «Las reformas dentro de Brasil deberán continuar. La reducción del costo Brasil es un factor primordial para aumentar la productividad y la competitividad del sector», explica.
Mirando hacia el futuro
El acuerdo UE-Mercosur representa una oportunidad única para que Brasil fortalezca su presencia en el mercado europeo, especialmente en sectores como el textil y del algodón. Sin embargo, su éxito dependerá no solo de los beneficios arancelarios, sino también de la capacidad del país para adaptarse a las demandas del mercado global.
La industria textil brasileña tiene ante sí un desafío doble: mejorar su competitividad interna mediante reformas estructurales y reducir costos, al tiempo que adapta sus propuestas creativas a los gustos internacionales. Si logra superar estos retos, Brasil podría consolidarse como un actor clave en el comercio textil global y aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece este histórico acuerdo comercial.
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