
Lanmaoa asiatica: la seta de Yunnan que hace ver “duendes” en miniatura, el patrón clínico y la pista química que desconcierta a la ciencia.
En la provincia china de Yunnan, cada verano pasa algo que suena a fábula pero acaba con pulserita de urgencias. Llegan pacientes contando lo mismo con una precisión casi calcada: figuras diminutas, como pequeños humanos o “duendes”, que marchan bajo las puertas, trepan por las paredes y se agarran a los muebles como si la casa fuese un parque de atracciones en miniatura. No es una broma ni un hilo viral: en un hospital de la zona atienden cientos de casos al año y el denominador común se repite con nombre y apellidos científicos: Lanmaoa asiatica, un hongo silvestre muy popular en la mesa local, delicioso… y problemático cuando se come crudo o poco cocinado.
El misterio engancha porque no es “alucinar”, en general, sino alucinar lo mismo. En registros hospitalarios se ha llegado a describir que el 96% de los afectados habla de “little people”, “elfos” o seres pequeños en el entorno real, y no como una mancha abstracta: están ahí, encima de la mesa, cerca de la cuchara, moviéndose con intención. Y cuando entra el laboratorio, el guion se vuelve aún más raro: los análisis disponibles apuntan a que no aparecen los compuestos psicoactivos típicos asociados a otras setas famosas. Eso empuja a una hipótesis tan simple como inquietante: puede haber una sustancia desconocida en juego, o una combinación que todavía no sabemos leer.
Yunnan, temporada de setas… y un temporizador de 15 minutos
Yunnan no es cualquier lugar para hablar de hongos. Es una potencia micológica: se ha señalado que concentra alrededor del 40% de los hongos silvestres comestibles del mundo, y en su capital, Kunming, los mercados de setas forman parte del paisaje de verano como en España lo son ciertas terrazas cuando aprieta el calor. Allí, en plena temporada —de junio a agosto, con las lluvias—, Lanmaoa asiatica se vende con normalidad en puestos, se cocina en casas y aparece en menús. Tiene fama de sabor umami, ese punto sabroso, profundo, casi “cárnico”, que hace que muchos la busquen con devoción.
Pero en Yunnan circula una advertencia que suena a chascarrillo local… hasta que entiendes que es una norma de seguridad. El biólogo Colin Domnauer, doctorando de la Universidad de Utah y vinculado al Museo de Historia Natural de Utah, cuenta una escena muy concreta: en un restaurante de hot pot de setas, el camarero puso un temporizador de 15 minutos y soltó algo así como “no comas hasta que suene la alarma o verás gente diminuta”. No era teatro para turistas; era cultura práctica, conocimiento de barra y cocina. Y aun así, cada año hay quien se adelanta, quien cocina corto, quien mezcla especies, quien compra un paquete seco dudoso… y entonces el verano trae su reverso: camillas y luces frías.
Lanmaoa asiatica, el hongo que “se vuelve azul” y se cuela en la cabeza
El nombre local en Yunnan es “Jian shou qing”, una expresión que se ha traducido como “se vuelve azul en la mano”, aludiendo a ese cambio de color que presentan algunos boletos cuando se manipulan o se lesionan. Lanmaoa asiatica pertenece a la familia Boletaceae, el grupo de los boletos, y aquí hay un detalle curioso: se ha destacado que está más emparentada con el porcini (el boletus tan apreciado en cocina) que con las especies clásicas asociadas al imaginario de “setas alucinógenas”. Dicho de forma llana: no es la típica seta que uno imagina cuando piensa en psicodélicos; por morfología y parentesco, parece estar jugando en otra liga.
Aun así, cuando se consume mal, el efecto descrito es contundente y con tiempos poco habituales. Se ha señalado un inicio tardío, alrededor de 12 a 24 horas tras la ingesta, y una duración común de uno a tres días. Hay casos en los que el cuadro se estira y se documentan hospitalizaciones de hasta una semana hasta recuperar la normalidad. Ese retraso —comer hoy, alucinar mañana— rompe el molde de muchas intoxicaciones alimentarias y también el de muchas experiencias psicodélicas conocidas; por eso, para investigadores como Domnauer, el fenómeno es una invitación incómoda: obliga a mirar más allá del catálogo de siempre.
Alucinaciones lilliputienses: cuando la medicina pone nombre a los “duendes”
“Duendes” es el atajo cultural, pero en clínica existe un término preciso: alucinaciones lilliputienses. Suena a literatura porque viene, efectivamente, de Lilliput, el país de seres diminutos de Los viajes de Gulliver. En psiquiatría y neurología se usa para describir una experiencia muy concreta: ver muchas figuras pequeñas, humanas o fantásticas, autónomas, moviéndose e interactuando en el entorno. No es un destello; no es una sombra ambigua; es una “población” diminuta con movimiento, dirección y, a veces, gesto.
Lo que vuelve especialmente singular el caso de Lanmaoa asiatica es la consistencia narrativa. No se trata solo de que haya alucinaciones, irritabilidad o desorientación: es que la escena se repite con patrones casi calcados. Un ejemplo que ha circulado en relatos recogidos por investigadores es el de un profesor en Yunnan que, tras comer setas salteadas, empezó a notar formas y colores extraños; como el fenómeno era “conocido” en el entorno, buscó a los “xiao ren ren” —literalmente, “personitas”— y no vio nada… hasta que levantó el mantel y encontró cientos marchando como soldados debajo de la mesa. En la anécdota, incluso se habla de que midió el tamaño: alrededor de dos centímetros. Es una imagen casi absurda por lo concreta: dos centímetros, como una uña, como una moneda pequeña; y, aun así, la describe gente que está convencida de estar viéndolo en el espacio real.
No es un sueño: está “pegado” al mundo
Aquí hay un matiz que cambia la intensidad del cuadro. En muchos relatos de alteración perceptiva, la imagen parece flotar o pertenecer al “interior”. En estos casos, lo descrito se integra en la escena cotidiana: debajo de una puerta, por una pared, colgándose del borde de un mueble, subiendo por una pata de silla. La casa no se convierte en un mundo imaginario separado; es el mismo salón, la misma cocina, con una capa extra de realidad añadida a la fuerza. Y eso explica por qué el riesgo no es solo “pasarlo mal”: alguien puede asustarse, correr, tropezar, reaccionar de forma peligrosa en un entorno doméstico normal.
Del folclore a la genética: China, Papúa y Filipinas en el mismo mapa
Durante décadas, historias parecidas se han contado en lugares muy distantes entre sí. En Papúa Nueva Guinea existen referencias antiguas a lo que algunos estudios y relatos denominaron “mushroom madness”, episodios asociados al consumo de ciertos hongos en los que aparecían visiones extrañas. Hubo intentos científicos ya desde la década de 1960 por identificar qué especie era y qué químico lo causaba, pero el caso quedó con más preguntas que respuestas.
La pieza moderna que hace saltar la historia es la identificación taxonómica. En el caso de Yunnan, se ha explicado que hasta 2014 la identidad científica del hongo asociado a estas alucinaciones seguía sin estar clara, a pesar de que se vendía en mercados “desde hacía décadas”. Fue tras comprar muestras y secuenciarlas cuando micólogos en Yunnan lograron describirlo y, ya como especie formal, se publicó su nombre: Lanmaoa asiatica, en 2015.
El salto de continente llegó con otro informe independiente, esta vez en las Filipinas, en comunidades indígenas de la Cordillera Norte. Allí se recolectaba y consumía un hongo conocido localmente como “Sedesdem”, con un efecto que en la tradición se reconocía: a veces aparecían “personitas”, a las que llamaban “ansisit”. Como no había estudios micológicos exhaustivos de esa región, el hongo era, de nuevo, un desconocido para la ciencia. Domnauer viajó en 2024, trabajó con guías locales, recolectó muestras y las preservó para estudio… y cuando llegó la secuenciación, apareció el dato que enciende la bombilla: el “Sedesdem” resultó ser la misma especie, Lanmaoa asiatica. Una misma seta, nombres distintos, culturas distintas, y un tipo de visión que se parece demasiado como para atribuirlo a un simple contagio de relatos.
En Yunnan, además, hay un factor que complica todo y a la vez explica parte del caos: el comercio. Kunming tiene mercados gigantescos donde se han descrito más de 200 especies comestibles a la venta. Ese volumen es un paraíso gastronómico, sí, pero también un terreno fértil para la confusión: hongos parecidos, lotes mezclados, paquetes secos vendidos por internet con etiquetas optimistas. En una comprobación mediante secuenciación de ADN de paquetes online etiquetados como “Jian shou qing”, se llegó a encontrar mezcla de especies venenosas y, en algunos casos, ni rastro de la especie que supuestamente contenían. El resultado es fácil de imaginar: alguien cree comprar “la seta famosa”, cocina un poco, come… y lo que entra en el cuerpo puede ser un cóctel micológico de composición incierta.
Lo que dice el hospital cuando baja la fiebre del titular
El espectáculo de los “duendes” se queda en la memoria, pero el hospital mira otra cosa: síntomas, constantes, analíticas, evolución. Un estudio publicado en 2025 en Food Science & Nutrition aporta un retrato clínico con datos: se analizaron 20 pacientes con intoxicación por Lanmaoa asiatica atendidos en el servicio de urgencias del First People’s Hospital of Yunnan Province, en Kunming, entre junio y agosto de 2024, comparándolos con 20 voluntarios sanos. La media de edad de los pacientes fue de 36,9 años, y se subraya que no hubo diferencias significativas con los controles en edad, sexo o ciertos indicadores de laboratorio al inicio; lo importante era el cuadro clínico.
En esos pacientes, los síntomas principales fueron neuropsiquiátricos: alucinaciones en el 75% y debilidad general en el 60%. Junto a eso, lo gastrointestinal apareció con fuerza: náuseas en el 60% y vómitos en el 45%. Es decir, no es un viaje “limpio” de colores y figuritas; suele venir con el cuerpo protestando, con una sensación de malestar físico que encaja más con intoxicación que con experiencia buscada.
El tratamiento descrito fue sintomático: hidratación, medidas para favorecer la eliminación, mantenimiento del equilibrio de electrolitos y, cuando los síntomas neuropsiquiátricos lo exigían, sedación. Se hizo seguimiento durante un mes y los pacientes se consideraron clínicamente curados. El estudio insiste en algo que conviene no maquillar: el pronóstico general se considera favorable y no se observó daño significativo en órganos vitales como hígado o riñones, pero el riesgo real está en el comportamiento durante el episodio, en el accidente doméstico, en la caída, en el pánico, en el impulso raro que puede aparecer cuando el cerebro está en cortocircuito.
Metabolómica: mirar la sangre como si fuese el mapa del incendio
La parte más interesante del estudio, y la que conecta con el “misterio” químico, es el enfoque: metabolómica no dirigida mediante UPLC–MS/MS. Traducido sin solemnidad: una técnica muy potente para rastrear pequeñas moléculas en sangre y ver qué cambia cuando alguien se intoxica, aunque todavía no se sepa cuál es “la molécula culpable”. En ese análisis se identificaron 914 metabolitos diferenciales, con presencia destacada de derivados aromáticos, ácidos orgánicos, metabolitos de aminoácidos y compuestos heterocíclicos.
Dos hallazgos se citan con nombre propio porque llaman la atención: aumento de 5-metoxitriptófano (5-MTP) y de ácido protocatéquico. El 5-MTP está relacionado con el metabolismo del triptófano, un aminoácido que, en el cerebro, se asocia con rutas que influyen en el estado mental; el estudio sugiere que el hongo podría estar alterando la homeostasis del sistema nervioso modulando vías relacionadas con el triptófano. El ácido protocatéquico, por su parte, se describe como un compuesto fenólico con actividades estudiadas, incluso con perfiles antioxidantes o antiinflamatorios en otros contextos; aquí aparece elevado como parte del “paisaje metabólico” de la intoxicación.
Luego está la pista que suena a ciencia dura, pero se puede entender con una imagen doméstica: el estudio encuentra alteraciones en rutas de fosforilación oxidativa, que es el sistema con el que las mitocondrias fabrican energía, el “motor eléctrico” de cada célula. Si ese motor funciona raro, el cerebro —que es un devorador de energía— puede comportarse de forma extraña. Además, en el análisis de rutas aparece también una mención a la vía de “adicción a la morfina” en términos de señalización KEGG; en lenguaje claro, no significa que el hongo “enganche” como un opioide, sino que se alteran circuitos de señalización y neuromodulación que, en los mapas bioquímicos, también participan en respuestas a sustancias y en procesos inflamatorios o de estrés.
Como posibles marcadores para diferenciar intoxicados de controles, el estudio señala tres moléculas de energía celular: AMP, ADP y ATP, con valores de discriminación altos en su análisis estadístico. Otra vez, dicho en simple: el cuerpo parece estar en un modo de gasto y reparación energética que deja huella medible en la sangre.
¿Por qué “personitas” y no otra cosa? La pregunta incómoda del cerebro
La ciencia todavía no puede contestar con una frase redonda. Que muchos afectados describan una escena parecida sugiere que no es pura imaginación individual, pero el “por qué” exacto sigue abierto. Hay hipótesis razonables: que la sustancia (o sustancias) involucrada actúe sobre redes cerebrales que organizan la percepción de agentes, de cuerpos, de “alguien” moviéndose; que el cerebro, cuando se le altera cierta química, tienda a rellenar el mundo con figuras reconocibles y, en ese patrón, la miniaturización sea un sesgo específico. En neurología, la percepción de tamaño puede alterarse en distintos cuadros —hay experiencias de micropsia o macropsia en otras condiciones—, pero aquí la peculiaridad es la población de seres pequeños, su número y su conducta.
Otra pista, y no menor, es que en Yunnan el fenómeno está tan interiorizado que el lenguaje popular ya lo nombra: xiao ren ren. Cuando algo tiene nombre, suele ser porque se ha visto más de una vez. Y en paralelo, el hecho de que aparezcan relatos en lugares tan lejanos como Papúa o la Cordillera filipina, con culturas distintas y mitologías propias, hace menos probable una explicación basada solo en sugestión colectiva. Aun así, conviene no pasarse de frenada: que se repita no prueba por sí mismo que haya un único compuesto responsable; puede haber variaciones, mezclas, cofactores, formas de cocinado, e incluso confusiones de especie que entren en juego.
La otra cara del mercado: cuando un hongo se parece demasiado a otro
En Europa, y también en España, el discurso sobre setas suele caer en dos extremos: o la exaltación gastronómica o el miedo total. El caso de Lanmaoa asiatica obliga a mirar el terreno intermedio: la realidad de las setas silvestres es que se parecen, se recolectan, se mezclan, se venden frescas o secas, y el error humano existe. En Kunming, la abundancia de especies y la venta a gran escala hacen que el control sea complicado; y cuando se entra en el canal de paquetes secos, la cosa se vuelve un laberinto.
Esa secuenciación que detectó especies venenosas en paquetes etiquetados como “Jian shou qing” es una señal roja: incluso aunque Lanmaoa asiatica sea el “protagonista” de las alucinaciones, una bolsa puede traer invitados indeseados. Y ahí el cuadro clínico se puede ensuciar: síntomas distintos, riesgos distintos, tratamientos que requieren más vigilancia. Es una razón más para que los hospitales de la zona hayan convertido estas intoxicaciones en una especie de subespecialidad estacional: llegan cada verano, llegan en volumen, llegan con un patrón que ya se reconoce.
La alarma que suena antes de que aparezcan los duendes
Con todo lo que se sabe hoy, la historia tiene un centro claro y un margen de misterio perfectamente delimitado. El centro: Lanmaoa asiatica es una seta silvestre muy consumida en Yunnan que, cuando se ingiere poco cocinada, puede desencadenar un cuadro de intoxicación con síntomas gastrointestinales y neuropsiquiátricos, destacando alucinaciones de tipo lilliputiense en las que aparecen seres diminutos interactuando con el entorno. Se ha descrito un patrón temporal particular —inicio de 12 a 24 horas, duración de uno a tres días, con casos que requieren ingreso prolongado— y un volumen asistencial notable, con cientos de casos anuales en un hospital de la región. El tratamiento suele ser de soporte, con vigilancia y, cuando hace falta, sedación, y los trabajos clínicos recientes describen un pronóstico general favorable sin daño marcado en órganos vitales, aunque con riesgo real de accidentes durante el episodio.
El margen: no se ha identificado todavía el compuesto exacto responsable de esas visiones tan específicas. Los análisis que se manejan apuntan a que no encaja con los psicodélicos clásicos más conocidos, y por eso la investigación está donde duele: en separar extractos, rastrear metabolitos, mirar la sangre con técnicas de alta precisión y seguir el rastro hasta encontrar “qué” toca el cerebro para que el mundo se llene de xiao ren ren. En ese camino aparecen nombres propios, como Colin Domnauer, que conecta Yunnan con Papúa y Filipinas, o la micóloga Giuliana Furci, fundadora de la Fungi Foundation, que recuerda que durante años hubo relatos y búsquedas sin especie identificada, como si el hongo fuese una criatura mitológica que se resistía a entrar en el catálogo científico.
Y, mientras tanto, en algún restaurante de Yunnan, seguirá sonando un temporizador de 15 minutos antes de servir el hot pot. No por superstición. Por experiencia acumulada: la diferencia entre un plato sabroso y un desfile de “duendes” a dos centímetros del mantel puede ser, literalmente, el tiempo que tarda en sonar una alarma.
🔎 Contenido Verificado ✔️
Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y confiables, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: AESAN, Salud Cantabria, Natural History Museum of Utah, PMC..
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/estos-hongos-te-hacen-ver-duendes-diminutos/
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