
El rotundo fracaso y estrepitoso del MAS, deja por supuesto una estela de profundos problemas económicos y sociales, fruto de la corrupción y la ausencia total de crítica en filas de quiénes fracasaron para las páginas de la historia. Insumos como caudillismos, patrimonialismos, ignorancia, corporativismos y totalitarismos, ya eran parte de nuestros vocabularios políticos, pues experiencia en esos temas tenemos desde siempre; pero desde siempre no hemos aprendido nada al respecto.
El anterior fracaso del neoliberalismo, con los mismos insumos a cargo de las clases altas y medias, que se estrellaron con unas realidades que no entendieron en absolutamente nada. En un país tan pobre y desestructurado, con total ausencia de pensamiento liberal en las clases sociales altas y medias, intentaron sembrar mentalidades empresariales cuando la inmensa pobreza vive del cotidiano a duras penas. Es decir, aquello que cómodamente se llama informalidad por ausencia de investigaciones científicas de los economistas.
En esta democracia desde el año 1982, sólo contamos con rotundos fracasos tanto de las izquierdas y derechas, que no le atinan en nada a las exigentes realidades de nuestra querida y maltratada Patria. Seguimos nomás insostenibles en lo económico y social, sobreviviendo y rascando la olla, para después salir a las calles y paralizar el país hasta obligar a los políticos que se sienten y piensen un poco en soluciones por lo menos coyunturales.
En esta historia de fracasos las tentaciones totalitarias son frecuentes. Pero sólo nos queda aferrarnos a la terquedad de seguir adelante, acudiendo a la sabiduría de las raíces culturales que siguen vigentes desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, necesitamos con urgencia renovaciones intelectuales y políticas que ventilen nuevos tiempos políticos. Ojalá con nuevos liderazgos. Renovaciones que alienten a consensos sociales en el largo tiempo. Pues, al menos entendemos algo de democracia, como experiencia en estos largos años desde 1982.
El estoicismo del pueblo boliviano es impresionante. Valiente y comprensivo increíblemente con la política errática de las élites políticas. Sean de izquierda o derecha. Ese estoicismo que vale oro, porque no apuesta por la violencia política, sino por las negociaciones a pesar de los pesares. A pesar de las crisis económicas que son, en el caso de nuestra historia, constantes por la inutilidad del sistema político. Porque no hemos tenido la suerte de contar con gobernantes dispuestos a gestionar y resolver nuestros problemas, es decir gobernantes serios y coherentes.
Pero el país sigue adelante. Con todos los vaivenes y desastres de la política real, el país camina y se recupera de las calamidades y los fracasos. Lamentablemente los pobres, que todavía son la mayoría del país, son los más golpeados y maltratados por los fracasos políticos, es decir económicos. Nuestras calles se han llenado otra vez de pobres mendigando y es indigno ver a niños, mujeres con sus niños, ancianos e incluso jóvenes pidiendo limosna. Es indigno, cuando burócratas “revolucionarios” han robado y asaltado las arcas del Estado para comprar casas de lujo, miles de hectáreas y autos de lujo. Da asco y repugnancia.
En estos tiempos turbulentos; pero también de oportunidades de renovación de la política, es una necesidad primordial hacer que la política sea parte de la ética. Una necesidad urgente después de ver esos espectáculos dantescos y grotescos, con políticos pugilistas e ignorantes en el parlamento. Sin ideas ni sentido de consciencia básica de sus responsabilidades. Por supuesto, a nombre de uso de valores culturales que nunca han sido ciertos, sino alimentados por otros ignorantes de la política. Pues es una necesidad urgente llenar el vacío de la ética en la política, cuando las nuevas generaciones son testigos de la bajeza política y copian al pie de la letra esos grados de impunidad e ignorancia: para delinquir políticamente.
Requerimos renovar la política. Tarea absolutamente imprescindible si es que por fin queremos calidad de vida en nuestra democracia. Después del último fracaso estrepitoso, lo urgente es que el país siga confiando en sí mismo. En sus propias potencialidades que es su propia gente y sus propias fuerzas. Volviendo a abrir sendas y brechas de confianza, desde los últimos rincones de la Patria.
El mundo no nos ofrece por ahora algo interesante. Es una coyuntura de caudillos gringos e ignorantes, que creen que el mundo es suyo y propio. Por ahí nada hay que copiar o aprender, es un desastre total. Sólo nos queda ver nuestras propias experiencias, desde ahí sistematizar lo mejor posible para mejorar nuestros sistemas democráticos. Junto a los instrumentos nuevos como la inteligencia artificial, podemos ganar tiempo y mejorar todo lo que tenemos que mejorar. Por ejemplo, nuestros sistemas educativos que siguen siendo obsoletos, nada competitivos y poco atractivos para las nuevas generaciones.
En definitiva, tenemos que volver a pararnos y caminar en favor de nuestro destino. Sin caudillos estúpidos ni brujos endiosados fuera de nuestras realidades. Tenemos que reconstruirnos sobre la base de nuestra experiencia, histórica y cultural. Tenemos que seguir construyendo país, presente y futuro, pues no tenemos otro camino que la terquedad y la paciencia estoica de nuestra propia historia.
por: Max Murillo Mendoza
Publicado por: La Voz de Tarija
Fuente de esta noticia: https://lavozdetarija.com/2026/01/20/reordenar-las-ideas-en-tiempos-turbulentos/
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