
La persona de María, madre de Jesús, es un motivo de discusión constante entre evangélicos y católicos. Hace no mucho tiempo, el término histórico de «madre de Dios» (gr. theotokos) estuvo bajo cuestionamiento porque muchos pensaban que implicaba «deificar» a María. En realidad, este título se originó buscando defender la verdadera deidad del Hijo: si Jesús es Dios y María es madre de Jesús, entonces se puede decir que en algún sentido María es madre de Dios. El theotokos nunca pretendió afirmar que María generó la deidad.
Sin embargo, protestantes y evangélicos sostenemos que hay otras atribuciones que se le hacen a María que consideramos contrarias a la Biblia. Una de ellas es el rol de mediadora. Cuando escuchamos tal atribución, rápidamente tenemos los siguientes versículos a la mano para afirmar que hay un solo Mediador:
Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí (Jn 14:6).
Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre (1 Ti 2:5).
Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Y si alguien peca, tenemos Abogado para con el Padre, a Jesucristo el Justo (1 Jn 2:1).
El pasaje debatido
Sin embargo, para dialogar con quienes diferimos es necesario entender su postura en primer lugar, y eso es lo que quiero hacer en este escrito. Entonces, ¿en dónde se fundamenta la idea católica de la mediación de María?
No hay que caer en el facilismo de pensar que la Iglesia católica romana cree en un Jesús menos poderoso, que no puede salvar o que no nos puede escuchar directamente. Sino que, como toda teología que ha perdurado por tantos siglos, tiene una explicación coherente —que no es lo mismo que bíblica— sobre el tema. La conclusión parte del pasaje bíblico del primer milagro de Jesucristo en el Evangelio de Juan.
La historia es conocida: María, Jesús y Sus discípulos son invitados a unas bodas en Caná de Galilea (Jn 2:1-11). Cuando falta el vino, María se lo hace saber a su Hijo, quien responde: «Mujer, ¿qué nos interesa esto a ti y a Mí? Todavía no ha llegado Mi hora» (v. 4). La respuesta de María es clave para la perspectiva católica: «Su madre dijo a los que servían: “Hagan todo lo que Él les diga”» (v. 5).
La teología romana encuentra razón en este episodio para decir que María es una mediadora eficaz ante Jesús. Pero debemos responder la siguiente cuestión: ¿La historia de Caná enseña que el Señor Jesús actúa por causa de la intercesión de María? Tratemos de responder con algunos detalles del contexto cultural y análisis del pasaje.
El contexto cultural: una situación crítica
Lo primero que debemos entender es que, dada la mención puntual de María en el relato (v. 1), es probable que ella fuera familiar o amiga de los novios. Por lo tanto, cuando el vino se acaba, María no solo informa a Jesús lo que ha sucedido sino que espera una respuesta de parte de Jesús, como señala el comentarista erudito D. A. Carson:
Algunos han sugerido que ella estaba simplemente pasando las malas noticias, sin ninguna expectativa en absoluto, algo como el paralítico en 5:7. Pero esta afirmación se cae cuando vemos en el 2:5 que ella claramente esperaba algo de Jesús. En el otro extremo, algunos argumentan que María ya anticipa un milagro. Pero la sección termina insistiendo en que este fue el primero de los milagros de Jesús (El Evangelio según Juan).
En su contexto, el pedido de María fue de vital importancia. Si bien la escasez de cualquier suministro en un evento social es una señal de mala planificación incluso hoy, era más grave en aquella época debido al código de honor y vergüenza de la cultura judía del primer siglo.
Como lo explica el teólogo Craig S. Keener: «Lo que es más seguro es que el novio se enfrentaba al estigma social que lo hubieran hecho el motivo de conversación durante años. El vino era indispensable para cualquier celebración social apropiada, y los invitados de la boda algunas veces tomaban hasta tarde en la noche» (El Evangelio de Juan: Comentario).
Entonces, podemos entender que las palabras de María son serias y así las entendió también Jesús, por eso proveyó de un mejor vino de manera milagrosa.
Observaciones textuales: la respuesta de Jesús
Dada la importancia de la falta de vino en ese contexto, uno esperaría ver una reacción rápida de Jesús. Sin embargo, Su respuesta es contraintuitiva: «¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora» (Jn 2:4, RV60). La respuesta literalmente es: ¿Qué a Mí y a ti, mujer? (Gr. Τί ἐμοὶ καὶ σοί γύναι). Pero ¿qué significan estas palabras y por qué responde de esa forma a Su madre?
La respuesta no era la forma común de dirigirse a las madres en aquella época y suena dura incluso para nosotros en el siglo XXI. Esto también lo aceptan exégetas católicos romanos, como Francis Martin y William M. Wright IV: «Esta es una expresión semítica que crea distancia en el interés o entendimiento de dos partes sobre un tema. Mientras que el título ‘mujer’ (γύναι) era una forma típica de dirigirse a una mujer en la antigüedad, no es una forma en la que uno se hubiera dirigido a su propia madre» (El Evangelio de Juan: Comentario católico a la Sagrada Escritura).
Entonces, en los límites de nuestra interpretación, debemos considerar que, por un lado, Jesús efectivamente está estableciendo una distancia con Su madre; le responde con respeto pero no de forma afectuosa. El énfasis está en que el problema de la falta de vino no es algo que le concierne, no es Su problema realmente. Jesús se mueve por la agenda del Padre celestial («no ha venido Mi hora»), de Su cumplimiento mesiánico, de Su revelación como el Verbo encarnado, y no por las circunstancias o las inquietudes de Su madre. Incluso se puede afirmar que Jesús cuestiona que la falta de vino en aquella boda sea un problema en el que María se deba incumbir. Así lo expresa otra posible traducción de las palabras del Señor: «Mujer, ¿qué nos interesa esto a ti y a Mí?» (Jn 2:4, NBLA).
Sin embargo, tampoco debemos pensar que la expresión implica alguna falta de respeto o desprecio hacia María. Jesús cuestiona a María, pero no desecha su petición. En cambio, resuelve el asunto de acuerdo a los intereses divinos: «mostró Su gloria, y Sus discípulos creyeron en Él» (v. 11). Jesús utilizó la situación urgente, y el pedido de María, para «manifestar Su gloria», no para responder el pedido de Su madre a quien sin duda apreciaba.
El problema de la intercesión
El argumento de la Iglesia católica romana es que debido a que Jesús hizo el milagro —de convertir el agua en vino— entonces Jesús está efectivamente respondiendo al pedido de María, y por lo tanto María tiene la potestad de intercesora de la iglesia hasta el día de hoy en los cielos.
Así, los teólogos católicos Francis Martin y William M. Wright IV lo explican:
Las palabras de María le asignan un rol doble. Primero, ella es la discípula modelo, subordinada a su Hijo. Sus palabras hacen eco a la respuesta de Israel a Dios al sellar el pacto: «Todo lo que el Señor ha dicho, eso haremos» (Éx 19:8; 24:3-7). María instruye a los sirvientes a que escuchen a su Hijo como Israel escuchó al Señor en Sinaí. Segundo, al traer las necesidades de los anfitriones a Jesús y motivar a los sirvientes a ser dóciles y obedientes a Él, María es una intermediaria entre su Hijo y los miembros de la casa. Como Tomás de Aquino escribe, María asumió el rol de mediatriz (El Evangelio de Juan: Comentario católico a la Sagrada Escritura).
Asimismo, algunos teólogos católicos interpretan la historia mediante una alegorización extrema de la Escritura, como Scott Hann: «Génesis 3 es la imagen inversa del episodio de Caná. Así como Eva motivó a Adán a desafiar al Señor y arrastrar a la familia humana al pecado, de la misma forma María motiva a Jesús, el nuevo Adán, a iniciar Su misión de salvación».
Ambas explicaciones muestran dos problemas cruciales en la teología católico romana. El primero es la alegorización como método de interpretación. La argumentación es que María es una «segunda Eva», en referencia al relato de la caída: «Pondré enemistad
Entre tú y la mujer, / Y entre tu simiente y su simiente; / Él te herirá en la cabeza, /
Y tú lo herirás en el talón» (Gn 3:15). Por lo tanto, según esta interpretación, cuando Jesús se refiere a María como «mujer» la está identificando con Eva y es su simiente (Jesús) quien vencerá a Satanás.
El problema con esta interpretación es que no hay ninguna evidencia textual en el relato de la boda de Caná (Jn 2:1-11) que nos haga pensar que el apóstol Juan está haciendo estas conexiones con la historia de Génesis. Es solo una interpretación alegórica que encuentra conexiones entre pasajes que realmente no las tienen.
El segundo problema es que, si concluimos que María es mediadora en los cielos por haber intercedido en un evento del ministerio terrenal de Jesús, entonces habría que concluir algo similar en todos los casos en que Jesús hace un milagro por la intercesión de algún tercero:
- El siervo del centurión (Mt 8:5-13; Lc 7:1-10): El centurión pide por su siervo enfermo y Jesús lo sana a distancia.
- La hija de la cananea (Mt 15:21-28; Mr 7:24-30): Una mujer pide la liberación de su hija endemoniada y Jesús atiende su ruego tras su insistencia.
- El hijo del oficial real (Jn 4:46-54): El funcionario ruega por su hijo moribundo y Jesús lo sana desde lejos.
- La hija de Jairo (Mr 5:22-43; Mt 9:18-26; Lc 8:41-56): Jairo suplica que Jesús sane a su hija y finalmente el Señor la resucita.
- El padre del muchacho endemoniado (Mr 9:17-29; Mt 17:14-21; Lc 9:37-43): El padre pide ayuda para su hijo y Jesús lo libera.
Si María es mediadora, ¿no se debería decir lo mismo de los demás personajes citados? Es cierto que el catolicismo enseña que los santos interceden en el cielo y le otorgan a María una cualidad especial por ser madre de Jesús. Sin embargo, la misma historia de la boda de Caná contradice este argumento, porque allí se le muestra como una discípula más, y las palabras del Señor marcan un distanciamiento con ella.
María misma parece aceptar este trato, como lo reconocen Martin y Wright: «María muestra que ella acepta su nueva relación con Jesús como Su discípula quien tiene un rol especial en su compañera de trabajo». Sin embargo, si ella está aceptando su rol de discípula es evidente que no tiene una capacidad especial que la diferencie de los otros seguidores de Jesús y, por lo tanto, tampoco tiene una prerrogativa especial en el cielo.
Entiendo que el rol de María en la obra de redención seguirá siendo un tema de disensión entre evangélicos y católico romanos. Sin embargo, en este artículo quise dar una respuesta breve y comprensiva con la postura contraria. Creo que esa es la manera correcta para poder dialogar con sinceridad, fortalecer nuestra fe y ayudar a otros hermanos en Cristo que puedan tener dudas.
Bruno Ysla
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/maria-mediadora-respuesta/
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