
¿Qué es lo primero que llega a tu mente cuando piensas en la palabra hospitalidad? Puede que pienses en recibir a alguien para que se hospede en tu casa por unos días, en invitar a personas a una cena especial en tu casa o que es estar dispuesto a recibir a los amigos de tus hijos en tu hogar.
Ahora te pregunto, ¿qué sientes cuando piensas en la hospitalidad? Quizás la sola idea te hace sentir abrumado, porque tu vida ya es muy complicada y ves esto como una complicación más. Puede que te haga sentir triste, porque quizás es algo que quieres hacer, pero has concluido que no tienes los recursos para hacerlo. O quizás experimentes una mezcla de felicidad e incertidumbre, porque quieres ser hospitalario, pero no tienes idea de cómo hacerlo.
Muchas veces nos cuesta ser hospitalarios porque tenemos una idea equivocada de lo que es la hospitalidad y pensamos en ella en términos de la estructura física de nuestro hogar o de los gastos económicos que implica.
Sin embargo, ser hospitalarios requiere que entendamos que la hospitalidad es, en primer lugar, un llamado a abrir nuestros corazones a otros recibiéndolos en nuestras vidas y hogares.
Un llamado, no una opción
Practicar la hospitalidad no es una opción para el creyente, es un llamado de las Escrituras: «Sean fervientes en espíritu, sirviendo al Señor, […] contribuyendo para las necesidades de los santos, practicando la hospitalidad (Ro 12:11, 13).
La hospitalidad es un llamado a abrir nuestros corazones a otros recibiéndolos en nuestras vidas y hogares
Este llamado que Pablo hace aparece dentro de una lista de características que deben adornar nuestras vidas como cristianos (vv. 9-21). Nos dice que nuestro amor debe ser sin hipocresía, que seamos afectuosos unos con otros dándonos preferencia. Nos invita a ser diligentes y fervientes en nuestro servicio al Señor, perseverando en el sufrimiento, gozandonos en la esperanza y dedicados a la oración y, entonces, dentro de estas características, encontramos el llamado a practicar la hospitalidad.
La hospitalidad es un asunto del corazón. Puedo tener la casa perfecta, una mesa donde muchos puedan sentarse, los recursos para invitar a cualquiera a comer a mi hogar y con todo esto no ser hospitalario, porque no se trata de los recursos que pueda ofrecer, sino del amor que esté dispuesto a dar.
Un corazón hospitalario ama a otros de una manera sincera, pone al prójimo y sus necesidades por encima de sí mismo, sabe que abrir su vida y su hogar es un servicio al Señor. La hospitalidad es una disposición de amar a los demás con nuestro tiempo y espacio, sin importar la estética o el tamaño de nuestro hogar. Ser hospitalarios es darle entrada a personas a nuestras vidas, incluso a aquellas que son rechazadas por otros.
Como dice Trillia Newbell: «La hospitalidad se trata de la persona a quien tenemos la oportunidad de recibir y amar. Podemos confiar en que el Señor bendecirá a quienes entren por nuestras puertas si tenemos un corazón dispuesto a servirles y amarles».
Hospitalidad intencional
Estoy convencida de que debemos buscar con intencionalidad practicar la hospitalidad y no solamente esperar a que las oportunidades nos lleguen por sí solas. Para esto quisiera dejarte las siguientes preguntas, las cuales pueden ayudarte a pensar cómo puedes comenzar a practicar la hospitalidad:
La hospitalidad es una disposición de amar a otros con nuestro tiempo y espacio, sin importar la estética o el tamaño de nuestro hogar
- ¿Hay alguien que haya llegado por primera vez a la iglesia a quien pueda hacer sentir bienvenido?
- ¿Alguien de mi iglesia local parece estar sin amigos?
- ¿Conozco a alguien en mi familia que no conozca a Jesús?
- ¿Tengo algún amigo con quien tenga mucho tiempo sin compartir?
- ¿Hay alguien sufriendo a mi alrededor a quien le serviría un tiempo fuera de su casa y buenas conversaciones?
- ¿Cómo puedo hacer que quien llegue a mi hogar se sienta bienvenido y atendido? ¿Hay alguna actitud en mi corazón que necesito rendir al Señor?
- ¿Cómo me siento con las visitas inesperadas y cómo las puedo hacer sentir bienvenidas?
- ¿Cómo puedo ajustar mi horario para hacer espacio y recibir a otros en mi hogar?
- ¿De qué manera todo mi núcleo familiar puede estar integrado en practicar la hospitalidad?
- ¿Tengo presente el cuidado y la provisión de Dios en mi vida al practicar la hospitalidad?
Nuestro ejemplo de hospitalidad
En Jesús encontramos el ejemplo vivo de la hospitalidad. Él no tenía dónde recostar Su cabeza (Mt 8:20) y, sin embargo, recibía a otros con amor y compartía el pan con los necesitados, los despreciados, los que estaban solos, los que sufrían y los pecadores.
¡Que nuestros corazones imiten el corazón de nuestro Señor Jesús y, así, practiquemos la verdadera hospitalidad bíblica!
Patricia Namnún
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/hospitalidad-abrir-corazon-puertas/
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