
En pleno centro de Lima, no pasa desapercibida, el bullicio y los edificios modernos que rodean la avenida Garcilaso de la Vega, una casa que parece observarlo todo en silencio. No es una mansión majestuosa ni tampoco un palacio colonial, es una construcción común que, sin embargo, lleva sobre sus muros una de las historias más inquietantes del país. La Casa Matusita ha pasado de ser un simple inmueble limeño a convertirse en el eje de las leyendas paranormales más conocidas del Perú.
Durante décadas, miles de personas han sentido curiosidad, miedo o fascinación por este lugar. Algunos aseguran haber visto sombras o siluetas moviéndose en las ventanas, otros afirman haber escuchado gritos y murmullos inexplicables. Y, aunque las autoridades y los propietarios siempre han tratado de negar cualquier tipo de actividad sobrenatural, el mito no ha hecho más que crecer.
Hoy, hablar de la Casa Matusita es hablar de un pedazo vivo del imaginario peruano, de una historia que viene a mezclar hechos reales, tragedias humanas y una buena dosis de misterio.
Nadie puede decir con certeza cuándo fue construida la Casa Matusita. Algunos creen que su origen se remonta a los tiempos coloniales, mientras que otros la ubican en los primeros años del siglo XX. Lo que sí se sabe es que en el año 1862 se levantó justo frente a ella la antigua Penitenciaría de Lima, una prisión temida que funcionó durante décadas y que, según los relatos, fue escenario de torturas, ejecuciones e interrogatorios. Desde entonces, el ambiente de la zona quedó marcado por una energía oscura que, para muchos, se siente hasta hoy.
Con el paso de los años, el edificio pasó por distintas manos y también de usos. Durante buena parte del siglo XX, en su primer piso funcionó una ferretería muy conocida. De allí proviene su nombre: “Matusita”. El negocio se mantuvo por más de cincuenta años, pero ni siquiera esa cotidianidad fue capaz de borrar la reputación sobrenatural del lugar.
En 2016, parte del segundo piso tuvo que ser demolido debido a su estado ruinoso. La estructura, vieja y maltratada, representaba un riesgo. No obstante, cuando las autoridades anunciaron la demolición, no faltaron quienes aseguraran que era la propia casa la que no quería ser tocada, que derribarla sería desafiar a los espíritus que la habitan.
El origen de la maldición de la «Casa Matusita»
Entre todas las versiones que circulan sobre la Casa Matusita, hay una que destaca como la más antigua y escalofriante. Se dice que hace siglos, cuando Lima aún era una ciudad colonial, una mujer de origen extranjero vivió en ese terreno. Algunos la llamaban Parvaneh, otros simplemente “la bruja de la esquina”. Era una mujer solitaria, misteriosa, que hablaba poco y practicaba rituales extraños. Los vecinos la acusaron de brujería, y en una época dominada por la superstición y la intolerancia, aquello bastó para sellar su destino.
Parvaneh fue apresada, juzgada y condenada por la Inquisición. Antes de morir, lanzó una maldición sobre el lugar: juró que su espíritu jamás abandonaría esa casa y que cualquiera que intentara vivir allí conocería la locura o la desgracia. Desde entonces, se dice que su presencia vaga entre las paredes, vigilante, y que su energía negativa impregna cada rincón del edificio.
No hay documentación histórica que lo confirme, la historia se transmitió oralmente como una leyenda. Muchos limeños crecieron escuchando que la Casa Matusita estaba maldita y que nadie podía pasar una noche entera en su interior sin perder la razón.
El desafío que marcó una época
En la década de los setenta, un popular conductor de televisión decidió poner a prueba la leyenda. Su nombre era Humberto Vílchez Vera, y su programa de entretenimiento solía abordar temas de misterio y sucesos sobrenaturales. Para atraer a la audiencia, anunció públicamente que pasaría siete días completos dentro de la Casa Matusita, enfrentándose a los supuestos fantasmas que allí habitaban.
La noticia causó sensación en todo el país. Los limeños se agolparon frente al edificio, los medios cubrieron la historia y la curiosidad popular alcanzó niveles nunca vistos. Sin embargo, según la leyenda, el presentador no soportó ni siquiera una noche. A las pocas horas, habría salido del lugar completamente alterado, con los ojos desorbitados y hablando incoherencias. Dicen que fue internado en un hospital psiquiátrico y que jamás volvió a ser el mismo, y nuevamente lo enmarcamos dentro de la leyenda urbana y leyenda de este lugar.
Aunque el propio Vílchez desmintió más tarde esta historia, el daño ya estaba hecho. La idea de que la Casa Matusita podía volver loco a cualquiera se arraigó para siempre en la mente colectiva. Desde entonces, nadie ha intentado repetir aquel desafío.
Con los años, los testimonios sobre fenómenos extraños no han dejado de surgir. Trabajadores, vigilantes y también curiosos aseguran haber experimentado sucesos que desafían toda explicación. Algunos cuentan que al pasar por la casa de noche se oyen pasos en el piso superior, a pesar de estar vacío. Otros afirman haber visto figuras humanas observando desde las ventanas, aunque el interior esté completamente oscuro.
También hay quienes dicen que dentro del edificio la temperatura desciende bruscamente sin motivo aparente, o que las luces se encienden y apagan solas. Un antiguo guardia aseguró que, en más de una ocasión, escuchó risas de niños y voces que parecían provenir de distintos lugares al mismo tiempo.
A lo largo de los años, investigadores aficionados, espiritistas y curiosos han intentado registrar evidencias de estos fenómenos. Han llevado cámaras, grabadoras y aparatos de detección de energía, pero nunca han obtenido pruebas concluyentes. Sin embargo, quienes han entrado al lugar insisten en que hay algo ahí dentro. Una presencia invisible, una energía pesada, algo que no se puede describir con palabras pero que se siente.
La teoría del crimen en su interior
Otra historia popular dice que hace muchas décadas ocurrió dentro del edificio una tragedia terrible. Según el rumor, en una cena familiar, un hombre envenenó la comida de sus invitados y, presa de un ataque de locura, asesinó a todos los presentes antes de quitarse la vida. Cuando la policía llegó, el escenario era tan espantoso que algunos agentes juraron nunca más volver a entrar.
Aunque nunca se ha encontrado registro oficial de este suceso, la versión ha sobrevivido como parte del mito. Algunos creen que las almas de las víctimas quedaron atrapadas en el lugar y que son ellas las que provocan los ruidos, las sombras y las apariciones.
Esa historia, al igual que tantas otras, se mezcla con la imaginación popular y con el hecho de que la zona donde se encuentra la casa ha sido testigo de muchos episodios de violencia, muerte y dolor desde el siglo XIX.
Una de las razones por las que la Casa Matusita sigue siendo un tema tan presente en la cultura peruana es el poder del miedo compartido. Desde pequeños, muchos limeños escuchan advertencias sobre no acercarse demasiado, sobre cruzar la calle cuando pasan frente a ella o no mirarla directamente al anochecer.
El miedo se convierte en tradición, y la tradición se transforma en identidad. Para algunos, la Casa Matusita es un ejemplo de cómo las leyendas urbanas pueden nacer de una mezcla de realidad y superstición, y cómo la mente humana tiende a llenar los vacíos con historias que den sentido a lo desconocido.
Pero también hay quienes aseguran que no todo puede explicarse por la sugestión. Dicen que no es normal que tantos testigos, de distintas épocas y sin relación entre ellos, describan sensaciones tan parecidas: el aire denso, la impresión de ser observado, los sonidos sin origen, las luces que parpadean.
Algunos investigadores han sugerido que las leyendas sobre la Casa Matusita pudieron haber sido difundidas deliberadamente durante el siglo pasado. En los años cuarenta, la embajada de Estados Unidos funcionaba justo al lado, y se rumorea que las historias de fantasmas fueron alentadas para mantener a la gente alejada del área. Según esa teoría, el mito habría nacido como una distracción o una forma de control social.
Sea cierto o no, lo curioso es que la leyenda sobrevivió incluso después de que la embajada fuera trasladada. Lo que comenzó como un rumor estratégico se transformó en una de las historias más persistentes del folclore limeño.
La visión del propietario
El actual propietario del edificio ha intentado desmentir las leyendas en varias ocasiones. Asegura y garantiza que nunca ha ocurrido nada extraño y que las supuestas apariciones no son más que producto de la imaginación popular. Dice que el edificio cruje porque es viejo, que los ruidos se deben al viento, y que lo único verdaderamente “embrujado” son las historias que la gente se empeña en mantener vivas.
Pero aunque su intención es tratar de quitar hierro a los hechos, sus declaraciones no han logrado frenar el interés público. La gente sigue acercándose a tomar fotos, grabar videos o simplemente observarla unos segundos antes de seguir su camino. Pocos se atreven a quedarse más tiempo.
El mito ha inspirado películas, programas de televisión, libros y hasta rutas turísticas del miedo. Muchos aficionados en Youtube han recreado su historia, presentándola como el lugar más embrujado del país. Los jóvenes, por su parte, han convertido la fachada en escenario de retos virales y grabaciones nocturnas.
A pesar de que la mayoría de estos contenidos son meramente recreativos, contribuyen a mantener la leyenda viva. Cada nueva «versión» vuelve a descubrir la historia, a reinterpretarla y a temerla. La Casa Matusita se ha convertido, así, en un espejo de la fascinación humana por lo inexplicable.
¿Qué es lo que realmente ocurre dentro de la Casa Matusita? Nadie lo sabe con certeza. Puede que nada o puede que todo… Los escépticos aseguran que todo se debe a la sugestión, a la combinación del mito con la estructura deteriorada del edificio. Pero los creyentes sostienen que hay cosas que simplemente no pueden explicarse con la lógica.
Tal vez la verdad esté en el punto medio como es la existente entre la energía de los hechos que alguna vez ocurrieron y el poder de las emociones humanas que los recuerdan. Lo cierto es que la Casa Matusita sigue siendo un lugar que provoca respeto. Incluso quienes dicen no creer en fantasmas prefieren no cruzar su mirada con las ventanas vacías del segundo piso al pasar frente a ella.
La Casa Matusita ya no es solo una casa. Es un mito urbano, una especie de advertencia y una pieza del alma limeña. En un país donde lo mágico y lo cotidiano suelen convivir sin conflicto, este edificio representa el puente entre ambos mundos.
Más allá de si realmente está embrujada o no, la Casa Matusita es testigo de cómo las historias pueden sobrevivir a los siglos, moldear la forma de pensar y los miedos de la población así como de mantenerse vivas incluso cuando sus muros comienzan a caer.
Y así, bajo el sol implacable del día o en la penumbra de las noches limeñas, la Casa Matusita sigue ahí, silenciosa, observando a quienes pasan. Quizás vacía. Quizás no tanto…
*Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: contacto@josemanuelgarciabautista.net
