

China ha experimentado un avance tecnológico y de innovación rápido y profundo en las últimas dos décadas, pasando de ser vista principalmente como una fábrica global a consolidarse como una de las grandes potencias mundiales en tecnología e innovación. El país asiático dejó atrás un modelo económico centrado casi exclusivamente en la manufactura para transformarse en un motor global de desarrollo tecnológico.
Hoy, China se destaca en áreas clave como la inteligencia artificial, las redes de comunicaciones, los semiconductores, las energías limpias, la computación cuántica y la manufactura avanzada, con claras ambiciones de liderazgo global. A pesar de enfrentar desafíos, el ritmo sostenido de inversión, la formación de talento y el desarrollo industrial la posicionan como una de las potencias tecnológicas mejor preparadas del siglo XXI.
Sin embargo, este avance no se limita al plano industrial o exportador. La innovación tecnológica también forma parte de la vida cotidiana de la sociedad china. Basta recorrer las calles del país para observar soluciones utilizadas a diario, como las telecomunicaciones 5G, los drones comerciales que funcionan como delivery, el Internet de las cosas, los pagos móviles, las celdas solares y las ciudades inteligentes. Incluso en áreas donde no lidera a nivel global (como la inteligencia artificial, los teléfonos inteligentes o los vehículos eléctricos), ciudades como Beijing figuran entre las que concentran una mayor convivencia cotidiana con estas herramientas.
Este proceso es el resultado de fuertes inversiones en investigación y desarrollo, junto con una apuesta sostenida por la educación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). Iniciativas como “Made in China 2025” y la “Ruta de la Seda Digital” reflejan una visión estratégica de largo plazo, orientada a consolidar la autonomía tecnológica y el liderazgo innovador del país.
Alcance de la tecnología en la sociedad
China utiliza la tecnología como una herramienta integrada a la vida cotidiana, no sólo como motor económico o industrial. Su rasgo distintivo es que muchas innovaciones se implementan a gran escala y con uso diario. Un ejemplo claro son Alipay y WeChat Pay, que permiten pagar transporte, comida, alquileres, servicios públicos e incluso a vendedores callejeros. Este sistema redujo de forma significativa el uso de efectivo, incluso en zonas rurales, y transformó la manera de consumir, ahorrar y acceder a servicios financieros.
En paralelo, muchas ciudades chinas funcionan como laboratorios urbanos. Semáforos inteligentes, sensores para controlar la contaminación, el consumo energético y los residuos, junto con sistemas de monitoreo para la seguridad y la gestión urbana, conforman un ecosistema orientado a mejorar la eficiencia de los servicios públicos y la calidad de vida.

La tecnología también atraviesa todo el sistema de movilidad. Trenes de alta velocidad con billetes digitales y control automatizado, aplicaciones para taxis, bicicletas compartidas y transporte público, junto con vehículos eléctricos y estaciones de carga inteligentes, hacen que el transporte sea rápido, integrado y altamente digitalizado.
Asimismo, aunque la inteligencia artificial (IA) no siempre sea visible, está presente en múltiples aspectos del día a día: recomendaciones de consumo y contenido, reconocimiento facial para el acceso a edificios y transporte, y la optimización de servicios públicos y privados. En síntesis, la IA funciona como una infraestructura silenciosa que sostiene gran parte de la vida cotidiana en China.
De esta manera, el gigante asiático utiliza la tecnología como un sistema integrado, donde innovación, Estado, empresas y ciudadanos interactúan de forma constante. No se trata sólo de desarrollar tecnología avanzada, sino de aplicarla de manera masiva, incorporándose a la rutina diaria de millones de personas.
El modelo tecnológico chino en América Latina
China también ha expandido su presencia digital a nivel global. Las empresas chinas de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) prestan servicios a más de mil millones de usuarios y han construido infraestructura digital en distintas regiones del mundo, en parte gracias a la Ruta de la Seda Digital. América Latina no está ajena a ese proceso.
Aun así, el avance tecnológico chino ofrece lecciones, no recetas. Las diferencias estructurales, institucionales y de escala obligan a pensar este modelo como una referencia adaptable, más que como una fórmula replicable.
Un ejemplo es la digitalización de los servicios básicos. En China, los pagos móviles, la identidad digital y el acceso a servicios públicos están integrados en plataformas únicas. En América Latina, donde persisten altos niveles de informalidad y exclusión financiera, este enfoque podría facilitar el acceso a pagos, créditos, subsidios y trámites, especialmente para sectores no bancarizados. Países como Brasil, México, Colombia y Uruguay ya avanzan en este camino, aunque de forma fragmentada y con menor interoperabilidad.
Más que desarrollar inteligencia artificial de frontera, el modelo chino también demuestra el valor de aplicar la IA a problemas concretos: logística, transporte, comercio, salud y gestión pública. Para América Latina, donde los recursos son limitados, esta lógica pragmática resulta especialmente relevante.
El caso chino muestra que la tecnología puede ser una política de desarrollo social, no solo una herramienta económica. Para América Latina, el desafío no es copiar el modelo, sino adaptar sus principios: integración tecnológica, visión estratégica, inversión sostenida y aplicación práctica en la vida cotidiana.
Leonardo Pérez Piña
Fuente de esta noticia: https://grupormultimedio.com/la-nuevas-tecnologia-como-herramienta-indispensable-para-la-sociedad-china-id182833/
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: https://t.me/prensamercosur Mercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://www.whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1W
