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En un giro de enorme alcance diplomático y geopolítico, el Gobierno de Venezuela ha iniciado un proceso para restablecer sus misiones diplomáticas con Estados Unidos, una decisión que cobra un significado excepcional en el contexto de la dramática captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, por fuerzas estadounidenses en una operación militar en Caracas a principios de este mes.
Autoridades venezolanas, encabezadas por el ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello, han explicado que la principal motivación detrás de la reapertura de las embajadas en Washington y de la sede diplomática estadounidense en Caracas es garantizar la presencia y asistencia consular necesarias para “proteger la seguridad y tranquilidad” de Maduro y Flores mientras se encuentran bajo custodia en Estados Unidos, enfrentando acusaciones de narcoterrorismo.
Cabello ha subrayado que, en este momento, Venezuela carece de representación diplomática en Estados Unidos que pueda brindar apoyo directo a su presidente y su esposa, más allá de los abogados que, según él, no son venezolanos. La reapertura de la embajada -cerrada en 2019 tras la ruptura de relaciones bilaterales ordenada por el propio Maduro- permitiría restituir canales oficiales de comunicación y asistencia consular que hoy no existen.
La iniciativa se desarrolla en paralelo con la llegada a Caracas de una delegación de diplomáticos estadounidenses, enviada por el Departamento de Estado para evaluar condiciones técnicas y logísticas que permitan el retorno de la presencia oficial de Estados Unidos en Venezuela, un paso que marcó la primera visita de alto nivel desde que se agudizó la crisis entre ambos países tras la captura de Maduro.
Además de sus implicaciones en el terreno legal y de relaciones exteriores, la reapertura de embajadas tiene un fuerte componente político. Para Caracas, establecer misiones diplomáticas plenas con Washington significa no solo activar mecanismos de apoyo directo a su presidente detenido sino también abrir canales de negociación más amplios sobre otros temas críticos, desde la situación de ciudadanos venezolanos en el exterior hasta la gestión de tensiones bilaterales que han marcado la relación durante años.
Mientras Washington asegura que ya prepara su embajada en Caracas para una posible reanudación de operaciones, Caracas reafirma que este diálogo exploratorio responde a una necesidad urgente de atender asuntos consulares, proteger a altos funcionarios y establecer una vía formal de comunicación en un momento en que ambos países transitan por una etapa de extraordinaria complejidad internacional.
La reapertura de estas representaciones diplomáticas, tras más de seis años de ruptura, no solo simboliza un intento de normalizar las relaciones bilaterales más tensas de la región, sino que también refleja cómo la crisis venezolana ha entrado en una nueva fase, con implicaciones que van desde asuntos judiciales y de seguridad hasta la geopolítica energética y la diplomacia internacional.
Este movimiento estratégico evidenciado por Caracas y Washington sugiere que, incluso en medio de una confrontación profunda, las naciones están dispuestas a restablecer canales formales que antes parecían inviables, todo ello enmarcado por la urgencia de responder a los eventos más recientes que han sacudido la política venezolana y global.
carloscastaneda@prensamercosur.org
