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En una jornada reservada que se extendió por casi cinco horas y que ya es considerada una de las más relevantes de los últimos años, la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores de Colombia se reunió para evaluar, con franqueza y visión de Estado, el momento que atraviesa la relación con Estados Unidos y los desafíos que plantea el entorno internacional para la política exterior del país. El encuentro, convocado en un contexto de alta sensibilidad diplomática, tuvo como eje central un llamado inequívoco a la prudencia, a la estrategia y a la recuperación de una diplomacia basada en el interés nacional y en el respeto institucional entre Estados.
Asistieron expresidentes, excancilleres, congresistas del oficialismo y de la oposición, así como figuras con larga trayectoria en la política exterior colombiana. Más allá de las diferencias ideológicas, se impuso un tono constructivo, en el que prevaleció la conciencia de que la relación con Washington no es una variable coyuntural, sino un componente estructural de la estabilidad política, económica y de seguridad del país. La coincidencia fue clara: Colombia no puede permitirse una relación errática con su principal socio estratégico, especialmente en un momento en el que el hemisferio enfrenta presiones simultáneas en materia de narcotráfico, crimen transnacional, migración y estabilidad democrática.
Durante la reunión se transmitieron al presidente Gustavo Petro mensajes directos y sin ambigüedades. Varios de los participantes subrayaron que la política exterior no puede estar sujeta a impulsos ni a pulsos ideológicos, sino que debe guiarse por una visión de largo plazo, sustentada en datos, prioridades definidas y canales diplomáticos sólidos. En palabras de uno de los asistentes, los gobiernos pasan, pero las relaciones entre los Estados permanecen, y un deterioro innecesario puede generar costos que tardan años en corregirse.
La situación de Venezuela, la lucha contra el narcotráfico y el combate al crimen organizado ocuparon buena parte de la conversación. Se reconoció que, aunque Colombia tiene posturas propias frente a la región, ninguna de esas agendas puede abordarse de manera aislada. La cooperación con Estados Unidos sigue siendo indispensable para enfrentar redes criminales transnacionales, contener la expansión de los cultivos ilícitos y proteger la estabilidad institucional. En ese sentido, los miembros de la Comisión insistieron en que cualquier estrategia hacia Washington debe construirse sobre compromisos verificables y una hoja de ruta clara, no sobre declaraciones públicas o tensiones retóricas.
Uno de los puntos más delicados del diálogo fue el manejo de la comunicación presidencial en redes sociales. Los asistentes expresaron al jefe de Estado la necesidad de una mayor prudencia en sus mensajes, particularmente en la plataforma X, advirtiendo que la diplomacia contemporánea no se ejerce en tiempo real ni a través de confrontaciones públicas. Se le hizo ver que responder o polemizar directamente con otros jefes de Estado, en especial con el presidente de Estados Unidos, puede escalar innecesariamente tensiones y generar efectos económicos y políticos que van mucho más allá del debate digital. El propio presidente recibió estas observaciones con serenidad, reconociendo la importancia de privilegiar los canales formales y el lenguaje diplomático.
En la misma línea, desde distintos sectores se subrayó que Colombia debe llegar a la próxima reunión en la Casa Blanca, prevista para febrero, con una agenda robusta y técnicamente sustentada. Washington ha definido prioridades claras en torno al control de las drogas, la seguridad regional y el crimen transnacional, y espera de sus socios respuestas concretas, medibles y coherentes. La Comisión fue enfática en que el país necesita mostrar avances, cifras y compromisos verificables que permitan reconstruir la confianza y reafirmar la naturaleza estratégica de la relación bilateral.
Al término del encuentro, el presidente Petro destacó públicamente el clima de coincidencias que se dio en la Comisión y la pluralidad de voces que participaron en ella, desde expresidentes y excancilleres hasta representantes de distintas fuerzas políticas. Por su parte, la oposición dejó claro que su presencia no obedeció a un respaldo al Gobierno, sino a un ejercicio de responsabilidad institucional en un asunto que trasciende cualquier disputa partidista.
El mensaje que emergió de esta extensa y franca deliberación fue inequívoco. Colombia necesita una diplomacia serena, profesional y estratégica, capaz de defender sus intereses sin poner en riesgo sus alianzas fundamentales. En un escenario internacional cada vez más volátil, la relación con Estados Unidos sigue siendo una pieza central del equilibrio regional. La cuenta regresiva hacia la próxima cita bilateral ya comenzó, y el país se juega en ella no solo un episodio diplomático, sino una parte sustantiva de su proyección internacional y de su estabilidad futura.
carloscastaneda@prensamercosur.org
