
El auge de los espacios “instagrameables” ha transformado a la librería en un fenómeno cultural donde la fotografía supera al hábito de la lectura tradicional
Una fantástica escalera de caracol da la bienvenida a los visitantes de una gigantesca librería en Tianjin, en el norte de China, cuyo llamativo interior atrae más a los aficionados a los selfis que a los compradores de libros.
Con el auge del comercio electrónico y pese a los esfuerzos de las autoridades por impulsar el consumo interno, las ventas de libros en papel no han logrado recuperarse hasta los niveles previos a la pandemia.
Sin embargo, el número de librerías físicas ha “mantenido un crecimiento estable” en los últimos años, según Ai Limin, responsable de un grupo del sector editorial. “Ha surgido una oleada de librerías con características únicas”.

Es el caso de la librería Zhongshuge, en Tianjin, inaugurada en septiembre de 2024, que triunfa en las redes sociales con su estilo gótico que recuerda a Harry Potter.
“Las fotos quedan realmente bonitas”, dice Li Mengting, una estudiante de posgrado que entró para hacer algunas fotografías aprovechando una visita a la ciudad con una amiga.
La joven de 24 años tuvo dificultades para encontrar el lugar perfecto porque “había muchísima gente dentro”.

La escalera central de la librería, que se prolonga en enormes columnas, está abarrotada de turistas con palos de selfi y trípodes.
En el suelo hay pegatinas descoloridas con el texto “El mejor lugar para sacar fotos”.
Según el arquitecto Zheng Shiwei, algunas librerías están invirtiendo en crear interiores pensados para ser fotografiados.
“Se ha convertido en algo relativamente generalizado”, afirma Zheng, cuya compañía, China Architecture Design and Research Group, participa en proyectos de este tipo.

Sin embargo teme que “mucha gente no vaya solo con el propósito de leer con consecuencias no deseadas”.
El año pasado la Librairie Avant-Garde de Nankín prohibió la fotografía con flash, los trípodes y las sesiones fotográficas sin permiso que “interferían con la lectura”, dijo Yuan Jia, un lector asiduo de esta ciudad.
En el corazón de Pekín, en un antiguo templo taoísta reconvertido en librería, decenas de turistas piden té o pasean entre las mesas con artículos de decoración a la venta.

“Los libros aportan un margen de beneficio relativamente bajo”, afirma su fundadora Juli Hu, que abrió la tienda en 2024.
La librería da la bienvenida a quienes hacen fotos para publicarlas en internet y organiza con frecuencia exposiciones culturales.
“Vender libros definitivamente no puede ser el núcleo que sostenga a una librería entera”, señala Hu. “Tiene que haber otras cosas”.
Fuente: AFP. Fotos: Adek BERRY / AFP)
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