
En los últimos años, América Latina atraviesa un viraje político que redefine prioridades y discursos: un avance sostenido de fuerzas de derecha y centroderecha que, más que un episodio pasajero, parece expresar un proceso de reacomodamiento profundo. Gobiernos, partidos y movimientos emergentes reinterpretan el orden económico, la agenda social y el lugar de la región en el mundo, en busca de respuestas a problemas que se han vuelto crónicos.
Durante décadas, el recuerdo de las dictaduras del siglo XX condicionó la imagen pública de la derecha latinoamericana. Nombres como Pinochet o Bánzer quedaron asociados a la represión y al autoritarismo.
Los resultados electorales recientes reflejan el fenómeno nuevo en la región. En países como Bolivia y Argentina, proyectos conservadores o liberales han ganado terreno, capitalizando el desencanto con gestiones previas. A la vez, liderazgos duros —como el de José Antonio Kast en Chile— muestran que existe un electorado dispuesto a apostar por propuestas de orden, disciplina fiscal y reformas estructurales, incluso cuando implican costos sociales en el corto plazo.
El impulso de la derecha hunde sus raíces en factores muy concretos. La inseguridad, el crecimiento del crimen organizado y la percepción de desprotección ciudadana han puesto el tema del control y la ley en el centro del debate. En sociedades golpeadas por la violencia, los discursos de “mano firme” encuentran un terreno fértil y se convierten en promesas de estabilidad.
A ello se suma el cansancio frente a economías estancadas, inflaciones persistentes y oportunidades limitadas. En este escenario, ganan espacio las agendas orientadas al mercado, la reducción del gasto estatal y la apertura a inversiones, con figuras como Javier Milei simbolizando una ruptura radical con el statu quo. Para muchos, se trata menos de adhesión ideológica que de búsqueda urgente de resultados.
El alineamiento con Estados Unidos, reforzado durante la presidencia de Donald Trump, también juega un papel relevante. Temas como migración, comercio y seguridad han creado puntos de coincidencia con varios gobiernos latinoamericanos, aunque no sin tensiones respecto de la autonomía regional y los intereses nacionales.
Este panorama, sin embargo, no significa la desaparición de la izquierda. Dirigentes como Lula da Silva en Brasil o Claudia Sheinbaum en México conservan peso político y capacidad de movilización. Lo que se observa es un reequilibrio: la derecha ocupa el centro de la conversación con propuestas que combinan orden, ajuste económico y promesas de modernización.
Más que una simple alternancia, el proceso revela a un continente que experimenta, tantea y corrige. La llamada “revolución de la derecha” expresa la búsqueda de soluciones frente a desafíos persistentes: cómo garantizar seguridad, crecer sin exclusión y sostener instituciones democráticas en un tiempo de polarización global.
El desenlace aún está abierto, pero el rumbo actual confirma que América Latina está reescribiendo sus coordenadas políticas.
Víctor Palacios
Fuente de esta noticia: https://grupormultimedio.com/el-resurgir-de-la-derecha-en-america-latina-id181925/
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