
Dos formas de habitar el mundo emocional. La metáfora de la mosca y la abeja nos habla, en esencia, de la actitud con la que elegimos mirar y habitar la vida. Aunque ambas pueden coexistir en un mismo entorno, su atención nunca se posa en el mismo lugar.
La mosca, incluso en un jardín lleno de flores, buscará la basura, lo que está descompuesto, lo que huele mal. Su mirada se entrena para detectar el error, el conflicto, la carencia. No porque no exista la belleza, sino porque su enfoque está condicionado a lo negativo.
La abeja, en cambio, aun en medio de terrenos áridos o situaciones difíciles, encuentra una flor. Busca el néctar, lo valioso, lo que puede transformarse en miel. No niega la existencia del dolor o la dificultad, pero elige conscientemente dónde posar su atención y desde ahí crear.
Esta reflexión es una invitación a elegir: elegir ser abeja. Elegir una mirada que construye, que nutre, que genera ambientes más sanos, productivos y humanos. También nos recuerda una verdad esencial: no se puede convencer a quien ha decidido ver solo lo malo. El enfoque no se impone, se elige. Y cada persona, de manera consciente o inconsciente, decide cada día si vive buscando basura… o creando miel.
En la vida cotidiana no solo compartimos espacios físicos, también compartimos campos emocionales. Algunas personas elevan, nutren y construyen; otras drenan, contaminan o se alimentan del conflicto. De ahí nace una metáfora profundamente reveladora: las personas abejas y las personas moscas. No es un juicio moral, sino una forma simbólica de comprender patrones de conciencia, conducta y energía emocional.
Personas abejas.
Las personas abejas son aquellas que, aun en contextos difíciles, buscan el néctar: el aprendizaje, la belleza, la posibilidad de construir algo valioso. No ignoran la realidad, pero eligen enfocarse en lo que nutre, sana y transforma.
Causas.
- Desarrollo de inteligencia emocional.
- Historia personal donde el dolor fue integrado y no negado.
- Capacidad de autorregulación y responsabilidad afectiva.
- Conexión con un propósito más amplio que el ego inmediato.
Características.
- Practican la gratitud consciente.
- Transforman experiencias duras en sabiduría.
- Inspiran sin imponerse.
- Saben poner límites sin violencia.
- Aportan calma, claridad y cooperación.
- No viven de la queja; viven del sentido.
La abeja no discute con la basura: simplemente va hacia la flor.
Personas moscas.
Las personas moscas son aquellas que, incluso rodeadas de oportunidades, se enfocan en la podredumbre: el error ajeno, el drama, el conflicto, la queja constante. Su atención se fija en lo que degrada, y desde allí se alimentan emocionalmente.
Causas.
- Heridas emocionales no elaboradas.
- Acumulación de resentimiento, frustración o envidia.
- Falta de conciencia emocional.
- Aprendizajes tempranos donde el conflicto era la forma de vínculo.
- Necesidad inconsciente de validación a través del caos.
Características.
- Crítica constante sin propuesta.
- Victimización recurrente.
- Dificultad para celebrar el éxito ajeno.
- Dramatización de lo cotidiano.
- Resistencia al cambio interno.
- Contagio emocional negativo.
La mosca puede estar en un jardín, pero siempre encontrará el desecho.
Una aclaración importante.
Todos, en momentos de dolor, miedo o cansancio, podemos actuar como mosca. La diferencia está en si habitamos allí o si somos capaces de volver a la flor cuando tomamos conciencia.
La metáfora no busca excluir, sino invitar a observar.
Cuidar a quién dejas entrar en tu vida no es egoísmo, es higiene emocional. Así como cuidas lo que comes, necesitas cuidar qué conversaciones consumes, qué emociones permites que te rodeen y qué miradas te atraviesan.
Pregúntate con honestidad:
- ¿Qué dejó crecer cuando hablo?
- ¿Nutro o intoxico?
- ¿Soy descanso o ruido para los demás?
Ser abeja no significa negar el dolor, sino elegir transformarlo en miel.
Y si hoy descubres que has estado actuando como mosca, no te castigues: La conciencia es el primer vuelo hacia la flor.
Porque al final, el alma también se contagia,
y tú decides si esparces miel… o sigues revoloteando en lo que ya está muerto.
“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.” Salmos 42:1 (RVR1960)
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