
¿Qué es el Yo?
El “yo” se define como la instancia mediadora y consciente que organiza la identidad de un individuo. Dentro del campo de la educación y el desarrollo humano, es el núcleo desde el cual el sujeto procesa el aprendizaje y regula sus impulsos para adaptarse a la realidad; mientras que, desde la sociología, es una construcción que surge a través de la interacción, donde la persona internaliza las expectativas de los demás para conformar una imagen propia. No es una entidad aislada, sino una síntesis dinámica entre nuestros deseos internos y las normas del mundo exterior.
Para entenderlo de forma completa, debemos ver al Yo como un “gestor de significados”. Esta instancia debe equilibrar tres fuerzas constantes: las demandas biológicas y pulsionales, los valores morales impuestos por la cultura y las limitaciones del entorno físico y social. En el adolescente, este Yo se encuentra en una fase de alta plasticidad, buscando autonomía mientras intenta encajar en grupos de referencia, lo que convierte al Yo en una frontera móvil que define dónde termino yo y dónde comienza el otro.
Finalmente, el Yo es tanto el narrador como el protagonista de nuestra biografía personal. Es la capacidad reflexiva que nos permite decir “yo soy” frente a una sociedad que constantemente nos dice “tú deberías ser”. En la práctica profesional, fortalecer el Yo implica dotar al individuo de herramientas para que su identidad no sea un simple reflejo de la presión social o mediática, sino un centro de control consciente capaz de tomar decisiones éticas y con sentido de pertenencia en una estructura social compleja.
La construcción del “Yo” en la era digital
Esta construcción representa uno de los cambios paradigmáticos más profundos en la sociología y la psicopedagogía contemporánea. Bajo mi perspectiva profesional, no estamos ante una simple extensión de la identidad física, sino ante una reconfiguración ontológica donde el sujeto se desplaza de una identidad basada en la esencia a una identidad basada en la exhibición y la mirada del otro.
Para comprender este fenómeno, debemos recurrir a la base de la sociología de la interacción de Erving Goffman. En su obra La presentación de la persona en la vida cotidiana, Goffman explica que la interacción social es una puesta en escena (el enfoque dramatúrgico). En los entornos digitales, esta escena se vuelve hiper-controlada. El adolescente ya no solo interactúa, sino que edita su Yo. El perfil digital es un fachada donde el individuo selecciona fragmentos de su vida para construir una narrativa idealizada. Aquí, el Yo no es lo que el sujeto es, sino lo que el sujeto logra proyectar con éxito.
La validación social, materializada en likes, vistas y comentarios, actúa como un mecanismo de refuerzo conductual que B.F. Skinner describiría como condicionamiento operante, pero con una vuelta de tuerca sociológica. Cada “like” es un átomo de reconocimiento que confirma la existencia del sujeto en la red. El filósofo y sociólogo Byung-Chul Han, en obras como La sociedad de la transparencia o Psicopolítica, advierte que el individuo moderno se expone voluntariamente a la mirada digital para evitar el vacío de la insignificancia. En este contexto, el Yo se vuelve una mercancía que debe acumular valor social. Si la publicación no obtiene métricas, el Yo experimenta una crisis de identidad, pues en el entorno digital, lo que no se ve y no se valida, no existe.
Desde la psicopedagogía, es vital integrar la teoría del “Yo espejo” (Looking-glass self) de Charles Cooley. Cooley argumentaba que nuestra identidad se construye a partir de lo que creemos que los demás perciben de nosotros. En el entorno digital, ese espejo está mediado por algoritmos. El adolescente no solo se mira en el espejo de sus pares, sino en un espejo distorsionado por las expectativas de éxito y belleza de las plataformas. Esto genera lo que Sherry Turkle, investigadora del MIT, denomina el “Yo distribuido” o la soledad acompañada. Turkle sostiene que estamos tan pendientes de la validación externa en línea que perdemos la capacidad de introspección (el paso del solitude al loneliness). El Yo se vuelve dependiente del feedback externo inmediato para sentirse estable.
Finalmente, debemos considerar la “Identidad Líquida” de Zygmunt Bauman. En los entornos digitales, la construcción del Yo es un proceso incesante y precario; el Yo nunca está terminado porque las tendencias y los criterios de validación cambian cada segundo. Esto genera un estado de ansiedad constante conocido como FOMO (Fear of Missing Out). El Yo digital es, por tanto, un Yo performativo que busca desesperadamente el aplauso de una audiencia invisible para mitigar la fragilidad de sus vínculos reales. La validación por métricas no es solo vanidad; es el pegamento social que sostiene la autoestima en una estructura donde la presencia física ha sido desplazada por la presencia virtual.



Por. Lic. Héctor Molina
Publicado por: Jeanette
Fuente de esta noticia: https://www.eldiario.net/portal/2026/01/09/la-construccion-del-yo-en-entornos-digitales/
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