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En los alrededores del Pentágono, donde cada movimiento suele ser observado como una señal geopolítica, algo tan trivial como una caja de pizza puede adquirir un significado inquietante. Este jueves, varios locales de comida rápida ubicados en las inmediaciones del complejo militar más poderoso del mundo registraron un repunte inusual de pedidos a domicilio, una anomalía que, para quienes siguen desde hace décadas los rituales ocultos de Washington, activó una vieja alarma: el llamado Pizza Index.
La teoría sostiene que cuando Estados Unidos se aproxima a una operación militar o a una crisis internacional de gran envergadura, el personal del Pentágono y de otras agencias clave se queda trabajando hasta altas horas de la noche, lo que dispara el consumo de comida rápida. Esa pauta, repetida durante más de treinta años, ha convertido a las pizzerías de la zona en una suerte de termómetro informal de la guerra.
Esta vez, la señal volvió a encenderse el 8 de enero, cuando cuentas especializadas en el seguimiento de pedidos cerca de sedes gubernamentales -como Pentagon Pizza Report- difundieron gráficos que mostraban un incremento marcado a partir del mediodía en cadenas como Papa John’s, Domino’s, Extreme Pizza y Pizzato Pizza. Cinco horas después, el flujo de repartidores hacia los accesos del Pentágono volvió a intensificarse, según esos mismos registros, alimentando una oleada de especulaciones en redes sociales y foros de análisis estratégico.
La coincidencia temporal con los fuertes movimientos políticos en América Latina y Medio Oriente hizo el resto. En plataformas digitales comenzó a circular la idea de que Washington estaba ejecutando o preparando acciones encubiertas relacionadas con Venezuela e Irán, una narrativa que se mezcló con rumores sobre una supuesta captura del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de la administración de Donald Trump, una versión que hasta ahora no ha sido confirmada por ninguna fuente oficial.
Para los veteranos del Pizza Index, sin embargo, lo ocurrido no resultó sorprendente. La teoría nació a comienzos de los años noventa, cuando repartidores de Domino’s en Washington empezaron a notar patrones extraños: noches en las que los pedidos se duplicaban o triplicaban justo antes de que estallaran crisis internacionales. En 1990, un reportaje de la revista TIME recogió esos testimonios y los vinculó con los días previos a la invasión de Kuwait y a la Primera Guerra del Golfo. Desde entonces, la lista de episodios asociados al fenómeno no ha dejado de crecer: Granada en 1983, Panamá en 1989, Irak en 1990, y varias operaciones posteriores que parecieron ir acompañadas de un festín de pepperoni y cajas de cartón apiladas en oficinas gubernamentales.
“Los pedidos al Pentágono se duplicaron la noche anterior a un gran anuncio… recibimos tantos que supimos que algo importante estaba por pasar”, relató en su momento uno de los repartidores citados por medios estadounidenses, una frase que con los años se ha convertido casi en un mantra entre los creyentes del índice.
Lo que añade una capa de ironía a esta historia es que, lejos de negarla, algunos funcionarios han admitido conocerla e incluso jugar con ella. El actual secretario de Defensa, Pete Hegseth, reconoció públicamente en octubre de 2025 que la vigilancia informal sobre los hábitos de comida del Pentágono se ha vuelto tan común que ha llegado a considerar el uso deliberado de pedidos masivos para confundir a observadores externos. “He pensado en pedir un montón de pizzas en noches aleatorias solo para desorientar a todo el mundo”, dijo entonces en tono medio serio, medio burlón, aludiendo a la posibilidad de generar “ruido” en los datos y romper la correlación entre logística y estrategia.
Analistas como Alex Selby-Boothroyd, director de The Economist, han señalado que, aun sin base científica formal, el Pizza Index se ha convertido en un predictor “sorprendentemente confiable” de tensión internacional, precisamente porque refleja algo básico: cuando una maquinaria militar entra en fase de planificación intensiva, las personas que la operan dejan de ir a casa y piden comida.
A más de tres décadas de su nacimiento, la teoría sigue viva en una era dominada por algoritmos, apuestas predictivas y plataformas como Polymarket, donde incluso se especula financieramente con crisis y conflictos. Para algunos, el reciente pico de pedidos no es más que una casualidad amplificada por la paranoia digital; para otros, es otra señal de que, detrás de puertas blindadas y pantallas cifradas, algo se estaba moviendo mucho antes de que llegaran los comunicados oficiales.
En Washington, a veces, las primeras noticias de una crisis no llegan en forma de discursos ni de alertas militares, sino envueltas en queso derretido, repartidas por un mensajero anónimo que, sin saberlo, acaba de entregar una pista más del próximo capítulo de la política mundial.
Con información de La Nación, GDA / Argentina
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