
Tocas la manilla de una puerta, el coche o la mano de un compañero y de repente sientes un chispazo. Un “toque” que dura un instante, pero que hace dar un salto a cualquiera. No es magia ni “energía rara” de esa persona. Es electricidad estática y la ciencia explica bastante bien qué está pasando y qué podemos hacer para que ocurra menos, sobre todo en el lugar de trabajo.
El cuerpo humano y los “toques” eléctricos
La Universitat de València recuerda que el cuerpo humano está sometido de forma natural a un intercambio de diferencia de potencial eléctrico entre la atmósfera y la tierra. En la práctica significa que estamos absorbiendo y expulsando pequeñas cargas todo el tiempo.
Cuando dos cuerpos entran en contacto íntimo, por ejemplo nuestro cuerpo y una silla, una alfombra o la ropa, puede producirse un intercambio de electrones entre sus superficies. Uno “cede” electrones y el otro los “roba”. Si ambos quedan aislados del entorno, esas cargas se acumulan y el voltaje entre ellos puede llegar a miles de voltios, aunque con una intensidad muy baja.
Cuando después acercamos esa superficie cargada a un buen conductor, como una barandilla metálica o la mano de otra persona, la diferencia de potencial se iguala de golpe. Esa igualación rápida es el pequeño chispazo que notamos como “toque”.
Por qué hay gente que parece más “eléctrica”
La base física es la misma para todos, pero hay factores que hacen que algunas personas den “toques” con mucha más frecuencia.
Ambientes secos, con poca humedad, favorecen que las cargas no se disipen y se queden en la superficie de la ropa, del cuerpo o del mobiliario. El aire seco actúa como un aislante, por eso las descargas son más habituales en oficinas con calefacción fuerte en invierno o con aire acondicionado muchas horas al día.
También influye el tipo de materiales con los que nos rozamos todo el día. Suelos plásticos o con moqueta, sillas tapizadas en tejidos sintéticos, cajas de cartón, plásticos de embalaje. Y, por supuesto, la ropa. Las fibras sintéticas como el poliéster o el nailon acumulan mucho más carga que el algodón.
Al final, la persona que “da toques” suele ser quien combina varios ingredientes a la vez. Ropa sintética, calzado con suela aislante, paso rápido sobre suelos que cargan, piel algo seca y un ambiente bastante seco. El cóctel perfecto.
Molestia pequeña, riesgo grande según el entorno
La buena noticia es que la electricidad estática, por sí sola, no constituye una amenaza directa para la vida humana. Lo que notamos es sobre todo una molestia, porque en seguridad eléctrica lo peligroso es la intensidad de la corriente, no tanto el voltaje.
El problema llega cuando esa chispa aparece en entornos con vapores inflamables, gases o polvo en suspensión. En determinadas industrias, una descarga estática puede ser suficiente para encender una atmósfera explosiva y provocar un incendio o una explosión, tal y como recuerdan distintos manuales de prevención laboral. En esos escenarios, el “simple toque” deja de ser una anécdota.
Además, en trabajos en altura o en zonas delicadas, un susto por un chispazo puede provocar una caída o un gesto brusco con consecuencias serias. No es poca cosa.
Humedad, suelos, muebles y ropa que ayudan
La Universitat de València insiste en que la generación de electricidad estática es inevitable. Lo que sí podemos hacer es reducir sus efectos con medidas sencillas.
Una de las más efectivas es mantener una humedad ambiental adecuada. Diversas guías de prevención recomiendan que, en zonas con riesgo de descargas electrostáticas, la humedad relativa se mantenga por encima de aproximadamente el 50 por ciento. Por encima de ese valor se forma una fina película de agua sobre las superficies que ayuda a drenar las cargas. En oficinas muy secas, un humidificador bien ajustado marca diferencia.
Otra línea de defensa es conectar a tierra todo lo que pueda cargarse. Mesas metálicas, estanterías, estructuras y equipos deberían tener una buena toma de tierra para que la carga, en lugar de acabar en la mano del trabajador, se descargue de forma silenciosa y segura.
En paralelo, muchos manuales recomiendan usar suelos y mobiliario con propiedades antiestáticas, así como tejidos de trabajo que no carguen tanto. Ropa de algodón y calzado con suela conductora, por ejemplo de cuero, reducen la probabilidad de acumular carga en el cuerpo. Evitar las prendas muy sintéticas y revisar de vez en cuando la ropa de trabajo ayuda más de lo que parece.
También influyen pequeños gestos cotidianos. Mantener la piel hidratada reduce la acumulación de carga en la superficie. Evitar arrastrar los pies, descargar la electricidad tocando primero una superficie metálica con los nudillos antes que con la punta de los dedos o no saturar el espacio con plásticos y moquetas son trucos sencillos que se pueden integrar en cualquier rutina.
Saber qué pasa para quitar dramatismo y mejorar la seguridad
La próxima vez que un pomo del coche te dé un calambrazo, sabrás que no es que tengas “energía de más”, sino que tu ropa, tus zapatos y el ambiente seco han jugado juntos durante unas horas. En la vida diaria suele quedar en un susto y en una queja sobre la estática del jersey.
En el trabajo, sin embargo, entender este fenómeno sirve para algo más. Permite diseñar espacios más seguros, elegir materiales con cabeza y evitar que una chispa inoportuna acabe siendo el inicio de un accidente.La ficha técnica oficial “Electricidad estática” ha sido elaborada por el Servicio de Prevención y Medio Ambiente de la Universitat de València y puede consultarse en este enlace.
El comunicado oficial ha sido publicado en “Electricitat estàtica” de la Universitat de València.
ECOticias.com El periódico verde
Fuente de esta noticia: https://www.ecoticias.com/vida-saludable/que-significa-cuando-una-persona-nos-da-toques-esto-dice-la-ciencia
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