
Un estudio observó adaptaciones que mantienen la retina del ojo de este animal intacta pese al frío y la oscuridad del Ártico
La visión en condiciones extremas representa un desafío biológico para cualquier especie, sobre todo en el caso de animales que habitan las profundidades marinas del Ártico, donde la luz es escasa y las temperaturas resultan extremadamente bajas. El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), conocido por su longevidad, ya que puede vivir más de 400 años, y por la frecuente presencia de parásitos en sus ojos, ha sido tradicionalmente considerado casi ciego debido a estos factores ambientales y biológicos.
Un estudio publicado en la revista Nature Communications describe con detalle cómo el sistema visual de esta especie no solo se mantiene funcional durante siglos, sino que presenta adaptaciones específicas para la baja luminosidad. A través de análisis genéticos, moleculares y morfológicos, el equipo internacional de investigadores reveló mecanismos que preservan la integridad del tejido ocular y la capacidad visual de estos tiburones a lo largo de su extensa vida.
Una retina diseñada para desafiar al tiempo y a la oscuridad
Según el artículo científico, el equipo de investigación demostró mediante análisis genético, molecular, celular y funcional que el tiburón de Groenlandia cuenta con un sistema visual completo y perfectamente adaptado para ver en la oscuridad de las profundidades. El examen de sus ojos reveló que su retina está formada únicamente por bastones, un tipo de célula que permite detectar luz en ambientes con poca iluminación.
Estas células se encuentran organizadas de forma densa y alargada, lo que facilita que el animal aproveche al máximo la escasa luz disponible. El estudio indicó que “todas las capas retinianas están intactas en el tiburón de Groenlandia. Es decir, aunque las retinas inspeccionadas eran de tiburones de Groenlandia adultos estimados en más de un siglo de edad, no hubo signos evidentes de degeneración retiniana”.

Es decir, a diferencia de los seres humanos y otros vertebrados, cuyos ojos sufren un desgaste natural y pierden células con el paso de los años, el sistema visual de este tiburón posee una capacidad extraordinaria para evitar el envejecimiento biológico. Sus células retinianas se mantienen sanas, organizadas y funcionales siglo tras siglo, lo que les permite preservar una visión intacta incluso en ejemplares que superan los cien años de edad, algo prácticamente inédito en la naturaleza.
Además, la investigación identificó mecanismos biológicos que protegen el tejido del ojo contra el deterioro. Una prueba específica, llamada el ensayo TUNEL, que detecta daños en el ADN asociados a la muerte de las células, no halló indicios de lesión en las retinas examinadas. En pruebas funcionales, los científicos comprobaron que el tiburón utiliza un pigmento llamado rodopsina, fundamental para ver en penumbra. En esta especie responde sobre todo a la luz azul, predominante en las aguas árticas.
El estudio también determinó que los genes responsables de la visión en la oscuridad están activos y sin alteraciones, mientras que muchos genes necesarios para la visión a plena luz dejaron de funcionar o se perdieron. Esta adaptación genética muestra que el Somniosus microcephalus depende casi por completo de la capacidad de ver en ambientes oscuros, lo que le permite desenvolverse en las profundidades marinas durante siglos.

Históricamente, se consideraba que estos tiburones eran prácticamente ciegos debido a la presencia casi constante de un parásito (Ommatokoita elongata) que se adhiere visiblemente a sus ojos. Sin embargo, el estudio derribó esta creencia al medir físicamente cuánta luz lograba atravesar las córneas infectadas. Los resultados fueron contundentes: a pesar de la apariencia obstructiva del parásito, la “ventana” del ojo permite el paso de entre el 66% y el 100% de la luz azul. Esto demuestra que, contrariamente a lo que se pensaba, el parásito no bloquea la visión ni impide que la luz llegue a la retina para formar imágenes.
Un estudio multidisciplinario en condiciones extremas
Para llevar a cabo esta investigación, los científicos recolectaron muestras de tiburones de Groenlandia entre 2020 y 2024 en las gélidas costas de Disko Island, cerca de la estación científica de la Universidad de Copenhague. El equipo no se limitó a una sola prueba, sino que desplegó un arsenal tecnológico completo: analizaron su ADN (genómica), qué genes estaban “encendidos” (transcriptómica) y la estructura microscópica de sus tejidos (histología). Como indica el estudio, utilizaron estas técnicas avanzadas para caracterizar la estructura y función de la retina con un nivel de detalle sin precedentes.
Uno de los descubrimientos más sorprendentes fue la química de sus ojos. Al comparar la retina del tiburón con la de mamíferos terrestres, encontraron cantidades excepcionalmente altas de ciertos ácidos grasos (conocidos como VLC-PUFAs y DHA). Estos lípidos son como un aceite de alta calidad que no se congela. El estudio sugiere que esta abundancia de grasas especiales mantiene las membranas de las células flexibles y fluidas, lo que permite que la rodopsina, encargada de captar la luz, funcione correctamente a pesar del frío extremo y la oscuridad de las profundidades.

El análisis genético reveló otra pieza clave del rompecabezas: el sistema de mantenimiento. Los investigadores identificaron que estos tiburones conservan y utilizan intensamente genes específicos de reparación del ADN, como el ercc1 y el ercc4. En otras especies, protegen contra el envejecimiento. En el caso del tiburón, su “retención y expresión elevada” actúa como un equipo de reparación constante que evita el deterioro, lo que explica cómo es posible que su retina se mantenga íntegra y funcional durante siglos.
La magnitud del hallazgo también tuvo un lado humano. Emily Tom, investigadora de la Universidad de California en Irvine, relató el impacto de trabajar con muestras tan extraordinarias: “Abrí el paquete y había un globo ocular gigante de 200 años mirándome desde el hielo seco”, detalló en un comunicado. Su trabajo requirió una precisión extrema para manipular tejidos tan antiguos. El resultado fue asombroso: su análisis confirmó que no había signos de muerte celular, lo que demuestra que, a nivel biológico, esos ojos centenarios seguían funcionales.
Un mapa evolutivo para evitar el deterioro celular
El estudio sugiere que el excepcional mantenimiento de la visión en el tiburón de Groenlandia no es casualidad, sino el resultado de eficientes mecanismos de reparación del ADN y adaptaciones bioquímicas específicas. Estos hallazgos trascienden la biología marina, ya que podrían inspirar futuras investigaciones en medicina humana orientadas a frenar el deterioro celular.

La profesora Dorota Skowronska-Krawczyk, coautora del estudio y especialista en fisiología y biofísica de la visión en la Universidad de California en Irvine, expresó en un comunicado el valor de este avance: “Lo que me fascina de nuestro trabajo es que estamos entre los primeros en el mundo en ver estos resultados, descubriendo nuevos mecanismos y reglas”.
Según la experta, haber descubierto una retina que permanece funcional y “joven” durante siglos podría orientar nuevas estrategias para combatir enfermedades oculares humanas intrínsecamente ligadas a la edad, como la degeneración macular y el glaucoma. Skowronska-Krawczyk sugirió que las soluciones evolutivas de este vertebrado longevo podrían tener aplicaciones directas en la salud humana.
Para el equipo internacional, el tiburón de Groenlandia ofrece claves fundamentales no solo sobre la evolución de la visión en los vertebrados, sino también sobre los límites biológicos de la longevidad celular.
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