
La situación política y económica de Venezuela ha sido un tema recurrente en los últimos años, especialmente en lo que respecta a su relación con el Mercosur, el bloque comercial que integra a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Suspendida desde 2017 por la ruptura del orden democrático, según lo establecido en el Protocolo de Ushuaia sobre Compromiso Democrático, Venezuela enfrenta el desafío de restablecer su institucionalidad para volver a ser parte activa del bloque.
El Protocolo de Ushuaia, firmado en 1998, establece que la democracia es un requisito esencial para la continuidad de los países dentro del Mercosur. En 2017, los países miembros determinaron que Venezuela había incurrido en una ruptura del orden democrático y, tras corroborar que no se habían implementado medidas efectivas para restaurar la institucionalidad, decidieron suspenderla de todos los derechos y obligaciones como Estado Parte.
La suspensión podría levantarse únicamente si se verifica el pleno restablecimiento del orden democrático en Venezuela. Con el reciente desplazamiento de Nicolás Maduro por tropas estadounidenses, surgen preguntas clave: ¿Cuánto tiempo tomará recuperar un gobierno democrático? ¿Cómo impactará esto en las relaciones comerciales con el Mercosur y, particularmente, con Argentina?
Venezuela, históricamente un mercado agroimportador neto de alimentos, podría representar una oportunidad significativa para los exportadores argentinos si logra reingresar al Mercosur. Según Marcelo Elizondo, especialista en negocios internacionales, la ventaja de comprar productos argentinos con arancel cero podría estimular las importaciones venezolanas a medida que su economía se recupere.
Además, la reincorporación de Venezuela al bloque fortalecería el comercio intra-Mercosur, incluyendo a Brasil, y haría al bloque más robusto y atractivo para otros países. Sin embargo, Elizondo advierte que el retorno de Venezuela no será inmediato. «Hay que esperar que se cumpla la vuelta a la democracia o que se avance hacia la salida de la autocracia actual», afirma.
Por su parte, Alejandro Arroyo Welbers, especialista en comercio exterior y logística, adopta una postura más cautelosa. «No tendría por el momento expectativas de un impacto positivo de Venezuela en el bloque. Primero hay que ver si se abre como mercado, lo cual podría tomar mucho tiempo. Además, es probable que priorice sus relaciones comerciales con Estados Unidos», opina.
A pesar de la crisis política y económica en Venezuela, Argentina ha mantenido un superávit comercial persistente frente al país sudamericano en los últimos años. Según datos de la consultora BiGlobal, liderada por Marisa Bircher, exsecretaria de Comercio Exterior, el superávit argentino alcanzó los USD 312 millones en 2024 y se amplió a USD 376,25 millones en 2025 (hasta noviembre).
Las exportaciones argentinas hacia Venezuela se concentran principalmente en productos primarios y vehículos. Los principales envíos incluyen aceite de soja en bruto (USD 103,81 millones), vehículos terrestres (USD 85,12 millones), maíz en grano (USD 67,88 millones) y harina y pellets de soja (USD 30,25 millones). En contraste, las importaciones desde Venezuela son escasas y carecen de un patrón homogéneo.
Elizondo recuerda que Venezuela fue un destino clave para las exportaciones argentinas en la primera parte del siglo XXI, especialmente durante la presidencia de Néstor Kirchner. Sin embargo, su relevancia ha disminuido considerablemente debido a la crisis económica y política. «Hoy tiene poca capacidad de pago para exportaciones. Primero debe recuperar normalidad económica», señala.
Según BiGlobal, el período 2025-2027 será crítico para Venezuela. Se prevé una economía inestable con inflación elevada, fragilidad institucional y dependencia estructural de importaciones. Aunque no es un mercado previsible ni normalizable en el corto plazo, existen oportunidades puntuales para quienes actúen con selectividad.
Las oportunidades más claras para Argentina se encuentran en alimentos básicos y commodities agroindustriales. Sin embargo, el principal riesgo no es comercial sino financiero, relacionado con los mecanismos de pago y cobro. En el sector automotor, las mayores ventajas competitivas están en vehículos utilitarios y de trabajo como pick-ups y camiones livianos. Además, la agroindustria argentina podría ofrecer insumos, semillas, tecnología y asistencia técnica.
Otros sectores con demanda sostenida incluyen salud (farma y sanidad animal), aunque requieren marcos políticos claros y licencias específicas. Asimismo, Venezuela podría ser abordada como un mercado indirecto para servicios profesionales y técnicos vinculados a áreas como ingeniería, energía y logística.
En los últimos años, China ha sido el principal destino del petróleo venezolano, adquirido con fuertes descuentos para abastecer a pequeños refinadores independientes y compensar una deuda bilateral que supera los USD 10.000 millones. Por otro lado, Estados Unidos podría desempeñar un papel clave en la transición política de Venezuela. Según la consultora OJF, es posible que proponga un gobierno temporal que convoque a elecciones para restaurar la democracia.
Sin embargo, este proceso podría ser más largo que otros casos históricos como el de Panamá en 1989. En Venezuela aún existe un gobierno considerado ilegítimo pero con control del Estado. Por lo tanto, se estima que el retorno a la democracia podría llevar al menos un año.
Aunque todavía es pronto para afirmar con certeza que están dadas las condiciones para una estabilización política y económica en Venezuela, parece abrirse una ventana para fortalecer los lazos comerciales entre esta nación y el Mercosur. Si logra reincorporarse al bloque bajo un gobierno democrático e institucionalmente sólido, las oportunidades para los exportadores argentinos podrían ampliarse significativamente.
Sin embargo, este camino no estará exento de desafíos. La recuperación económica e institucional de Venezuela será crucial para garantizar relaciones comerciales estables y beneficiosas tanto para el país como para sus socios del Mercosur. Por ahora, solo queda esperar y observar cómo se desarrolla este proceso histórico que podría redefinir el panorama comercial regional.
