
En las últimas horas del 24 de diciembre, la patrullera costera ROU 10 “Huracán” —donada por Corea del Sur e incorporada a la Armada uruguaya en agosto de 2024— sufrió un serio percance en la base atlántica de La Paloma. La unidad, una Clase Chamsuri de 170 toneladas, se encontraba sobre la “cuna” utilizada para su traslado desde el puerto de Masan a Montevideo, pronta para iniciar mantenimiento. En ese contexto, cayó hacia adelante y golpeó proa y ejes.
Las evaluaciones continúan, pero todo indica que los daños serán significativos y extenderán el tiempo de inmovilización. El episodio, sin embargo, trasciende lo técnico: deja al descubierto las fragilidades estructurales del sistema de vigilancia marítima uruguayo.
Las patrulleras Clase Chamsuri, diseñadas por Corea del Sur en los años setenta, fueron concebidas para tareas de control costero, interdicción rápida y vigilancia cercana a la costa. Son ágiles, relativamente simples de operar y útiles para interceptar pesca irregular, realizar patrullajes y apoyar operaciones de búsqueda y rescate.
Para Uruguay, su llegada significó aliviar un parque naval envejecido y reforzar zonas donde la presencia había sido intermitente por falta de unidades. La “Huracán” debía contribuir precisamente a ese objetivo. Su salida de servicio, aun temporal, abre un vacío operativo.
La base de La Paloma ocupa un lugar clave en el dispositivo naval: desde allí se cubren áreas de pesca, rutas hacia el Río de la Plata y sectores sensibles del Atlántico. Además, es apoyo para misiones SAR y respuesta ante emergencias climáticas y siniestros náuticos.
Hoy, esa base enfrenta un escenario complejo: a la inmovilización del ROU 10 se suman problemas técnicos crecientes en la lancha SAR ROU 53 Isla de Farallón, pendiente de inspecciones. Sin un sistema moderno de sensores costeros que complemente la vigilancia, el frente marítimo queda más expuesto.
El accidente reaviva un debate conocido dentro y fuera de la Armada: la obsolescencia de buena parte de la flota. Muchas unidades operan con mantenimiento diferido, modernizaciones parciales y repuestos escasos. La incorporación de las Chamsuri fue celebrada, pero no resuelve el dilema de fondo: Uruguay necesita un plan sostenido de renovación, con financiamiento estable y criterios claros de misión y tecnología.
Mientras tanto, la demanda sobre las pocas naves disponibles sigue creciendo: control pesquero, combate a ilícitos, protección ambiental y apoyo civil en el mar.
En el escenario optimista, la ROU 10 estará fuera de servicio más tiempo del previsto; en el pesimista, requerirá reparaciones mayores. Lo que ya es evidente es que un solo incidente basta para tensionar todo el sistema.
Las preguntas que el episodio deja sobre la mesa son más amplias que el accidente mismo:
- ¿Cómo sostener vigilancia efectiva con pocas unidades y mantenimiento limitado?
- ¿Qué prioridades deberían guiar la renovación de patrulleras y sistemas de vigilancia?
- ¿Puede Uruguay seguir apoyándose casi exclusivamente en presencia naval, sin un refuerzo tecnológico en tierra?
La respuesta no llegará solo desde los talleres. Exige planificación, inversión y definiciones políticas. Mientras tanto, el Atlántico uruguayo —amplio, exigente y cada vez más disputado— espera decisiones.
Noelia Basika
Fuente de esta noticia: https://grupormultimedio.com/un-accidente-que-expone-un-problema-mayor-id181245/
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