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En el corazΓ³n de Washington vuelve a arder un debate que parecΓa superado, pero que hoy resurge con mayor intensidad: la capacidad del presidente de Estados Unidos para perdonar delitos sin lΓmite alguno y sin mΓ‘s contrapeso que su propia voluntad. Donald Trump, en la segunda etapa de su mandato, ha convertido este instrumento constitucional en un gesto que para sus defensores encarna autoridad y decisiΓ³n, pero que para sus crΓticos revela una peligrosa deriva de favoritismos, afinidades ideolΓ³gicas y cΓ‘lculos polΓticos. La lista de beneficiados crece a un ritmo que desconcierta incluso a funcionarios veteranos de la Casa Blanca; un conjunto heterogΓ©neo de narcotraficantes, figuras polΓticas en desgracia, empresarios acusados de fraude y protagonistas de uno de los episodios mΓ‘s oscuros de la historia reciente del paΓs.
El perdΓ³n al expresidente de Honduras Juan Orlando HernΓ‘ndez, condenado a 45 aΓ±os de prisiΓ³n por narcotrΓ‘fico, marcΓ³ un punto de inflexiΓ³n. Trump lo presentΓ³ como la correcciΓ³n de lo que describiΓ³ como una βtrampaβ tejida por la AdministraciΓ³n de Joe Biden, un argumento que provocΓ³ la inmediata reacciΓ³n de analistas, diplomΓ‘ticos y expertos en polΓtica latinoamericana, quienes ven una contradicciΓ³n entre el discurso de la Casa Blanca sobre la lucha contra el crimen transnacional y la liberaciΓ³n de un hombre declarado culpable por introducir toneladas de cocaΓna en territorio estadounidense. El indulto fue interpretado en Tegucigalpa y en Washington como una seΓ±al inequΓvoca del giro que ha tomado el presidente en su segundo mandato: una visiΓ³n personalista del poder que no duda en derribar los lΓmites de la conveniencia diplomΓ‘tica.
A HernΓ‘ndez lo siguiΓ³ el congresista demΓ³crata de Texas Henry CuΓ©llar, imputado por recibir sobornos de un banco mexicano. CuΓ©llar, un polΓtico con dos dΓ©cadas de influencia en el Capitolio y una figura incΓ³moda dentro de su propio partido por sus crΓticas abiertas a la polΓtica migratoria de Biden, fue exonerado bajo el mismo argumento de βpersecuciΓ³nβ por parte de la anterior administraciΓ³n. El perdΓ³n generΓ³ un desconcierto particular: Trump indultaba a un demΓ³crata, pero uno cuya alineaciΓ³n ideolΓ³gica se habΓa ido aproximando a su propio discurso, especialmente en asuntos fronterizos.
La magnitud y diversidad de los beneficiados revela un patrΓ³n inquietante. SegΓΊn un anΓ‘lisis de prensa, al menos una decena de condenados por delitos de drogas han recibido clemencia presidencial desde enero de 2025. Figuran nombres de peso en el mundo del crimen organizado, como Larry Hoover, histΓ³rico lΓder pandillero de Chicago, o Garnett Smith, un capo de Baltimore involucrado en redes de narcotrΓ‘fico a gran escala. La inclusiΓ³n de estas figuras -muy distantes del perfil que tradicionalmente recibe indultos humanitarios- refuerza la percepciΓ³n de que la Casa Blanca ha reconfigurado la nociΓ³n de clemencia, utilizΓ‘ndola como un gesto polΓtico mΓ‘s que como una herramienta de excepcionalidad.
Uno de los indultos mΓ‘s comentados fue el de Ross Ulbricht, creador del mercado ilegal Silk Road y condenado a cadena perpetua. Su liberaciΓ³n generΓ³ un eco inmediato en los sectores tecnolΓ³gicos y judiciales: Ulbricht era un sΓmbolo de la lucha contra la ciberdelincuencia, y su absoluciΓ³n apenas horas despuΓ©s del regreso de Trump al Despacho Oval descolocΓ³ a antiguos fiscales, investigadores federales y expertos en seguridad digital. Liz Oyer, quien trabajΓ³ en la oficina de indultos durante la propia presidencia de Trump, calificΓ³ estas decisiones como el reflejo de βla erosiΓ³n de un sistema donde pesan mΓ‘s el dinero y la influencia que los criterios judicialesβ.
El elenco continΓΊa con figuras cuya notoriedad habΓa sido eclipsada por escΓ‘ndalos financieros. George Santos, excongresista de Nueva York, recuperΓ³ su libertad pese a haber sido condenado por fraude y robo de identidad en un esquema que desviΓ³ fondos de campaΓ±a para gastos personales. Trump lo describiΓ³ como alguien βpΓcaroβ, pero argumentΓ³ que la cΓ‘rcel no era la respuesta para un polΓtico con errores que, segΓΊn Γ©l, βno son distintos a los de muchos otrosβ. TambiΓ©n fue liberado David Gentile, acusado de orquestar un fraude que dejΓ³ mΓ‘s de 1,600 millones de dΓ³lares en pΓ©rdidas a miles de inversores; y Changpeng Zhao, cofundador de Binance, condenado por blanqueo de dinero en un caso que adquiriΓ³ dimensiones globales y que, tras su indulto, generΓ³ especulaciones sobre la creciente relaciΓ³n entre la plataforma y emprendimientos financieros cercanos al entorno del presidente.
La decisiΓ³n que mΓ‘s impacto tuvo en la memoria colectiva del paΓs ocurriΓ³ el mismo dΓa en que Trump jurΓ³ nuevamente el cargo: la absoluciΓ³n de todos los participantes condenados o en espera de sentencia por el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Con ese gesto, el presidente borrΓ³ la condena moral que habΓa recaΓdo sobre cientos de personas acusadas de sediciΓ³n y violencia contra las instituciones. Las imΓ‘genes de aquella jornada -las banderas, los pasillos tomados por la multitud, la interrupciΓ³n del proceso constitucional- recuperaron fuerza, ahora envueltas en la polΓ©mica de un indulto masivo sin precedentes.
En este contexto, los crΓticos seΓ±alan otro caso que alimenta la percepciΓ³n de un sistema vulnerable a la influencia econΓ³mica: el de Joseph Shwartz, un magnate estadounidense condenado por fraude, que habrΓa invertido sumas cercanas al millΓ³n de dΓ³lares en grupos de presiΓ³n con la esperanza de obtener clemencia. La Casa Blanca lo liberΓ³ y negΓ³ cualquier vΓnculo con lobbies, pero la coincidencia alimentΓ³ la idea de que el perdΓ³n presidencial se ha convertido en un privilegio de quienes pueden costear campaΓ±as de influencia.
Para los defensores de Trump, los indultos son una correcciΓ³n de excesos judiciales y una muestra de independencia frente al aparato institucional. Para sus detractores, representan una peligrosa fractura en el equilibrio polΓtico y jurΓdico del paΓs. Lo cierto es que la cifra, que supera los 1,600 perdones en lo que va del aΓ±o, no solo marca un rΓ©cord, sino que redefine -para bien o para mal- la naturaleza del poder presidencial en Estados Unidos. Y mientras la lista sigue creciendo, Washington permanece atrapado entre la incredulidad, el desconcierto y la amenaza de que la clemencia, antaΓ±o un acto de excepcionalidad, se convierta en una moneda mΓ‘s dentro de la maquinaria del poder. VΓa: ClarΓn
ACERCA DEL CORRESPONSAL
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