
Imagen Colprensa
Desde lo más profundo de la selva del Guaviare, una voz conocida y temida reaparece para desafiar uno de los pilares más promocionados de la historia reciente de Colombia: el acuerdo de paz de 2016. Se trata de alias Calarcá Córdoba, comandante guerrillero y actual integrante de la mesa de diálogos con el gobierno de Gustavo Petro. En una declaración que ya ha encendido un polvorín político y mediático, el insurgente acusa directamente al expresidente Juan Manuel Santos de haber vendido al mundo una “paz ficticia” y de haberse apropiado, junto con su círculo cercano, de los recursos internacionales destinados al posconflicto.
“Juan Manuel Santos está preocupado porque hoy es evidente la mentira que le metió al mundo: que las Farc se habían acabado en Colombia. Y porque se descubre el robo que se hizo de toda esa cantidad de dinero que le dieron al país para el posconflicto”, declaró Calarcá, sin rodeos, con un tono sereno pero afilado, como quien lleva tiempo acumulando verdades no dichas.
El señalamiento no es menor. Juan Manuel Santos, premio Nobel de Paz, ha recorrido el mundo como el rostro del acuerdo que supuestamente puso fin a más de medio siglo de conflicto armado entre el Estado y las Farc. Sin embargo, la realidad que describe Calarcá desmonta pieza por pieza esa narrativa: según él, no solo la guerrilla nunca desapareció, sino que el país fue víctima de una monumental simulación, sostenida por intereses políticos, premios internacionales y miles de millones de dólares canalizados hacia un posconflicto que, en muchos territorios, jamás llegó. La entrevista a Calarcá revela detalles que incomodan: “Sabíamos que Santos, en algún momento, tenía que decir que las Farc se habían acabado. ¿Por qué cree que a nosotros, cuando iniciamos el diálogo con el gobierno Petro, nos empezaron a llamar Estado Mayor de las Farc o Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia? Porque decían que en Colombia ya no había guerrilla. Y sí, sabíamos que estábamos ayudando a sostener esa mentira. Le anduvimos. Por eso nos llamaban Estado Mayor”.
🟢El fortalecimiento de la Operación Agamenón en respuesta al plan pistola del Clan del Golfo.
🟢Acompañamiento a los soldados sobrevivientes del ataque de las disidencias de alias ‘Calarcá’ en San José del Guaviare.
🟢La creación de la Junta de Prevención y lucha contra la… pic.twitter.com/XE6pRn9pWB— Mindefensa (@mindefensa) May 3, 2025
Estas palabras cobran aún más peso por su contexto: Calarcá fue uno de los hombres cercanos al alto mando de las Farc en los tiempos de la negociación de La Habana. Conoce de cerca los acuerdos, los compromisos, los silencios y las concesiones. Sus declaraciones no provienen de un actor marginal, sino de uno de los protagonistas del conflicto y del actual proceso de diálogo con el gobierno Petro.
La bomba política estalla justo después de que Santos hiciera una intervención pública desde la Universidad Militar Nueva Granada, donde acusó al actual gobierno de haber “organizado” a las disidencias de las Farc. “Las disidencias eran un grupo muy pequeño de traquetos”, dijo Santos. “Pero el comisionado de paz de este gobierno, el primero, Danilo Rueda, con helicópteros del Estado, fue recogiendo a los voceros de esos grupos criminales que se hacían llamar disidencias y los llevaron al Yarí. Allí los reconocieron como Estado Mayor Conjunto de las Farc. O sea, el propio Gobierno organizó a las disidencias. Y miren los resultados que estamos viviendo. Eso ha sido muy desafortunado”.
El contraataque de Calarcá no se hizo esperar. En su versión, lo dicho por Santos es falso y busca deslegitimar el actual proceso de paz: “Petro jamás ha venido a darnos charlas ni orientaciones. Lo que hizo fue cumplir con lo que se habló: abrir un camino al diálogo. Nosotros solicitamos trasladar unos mandos de diferentes regiones a Casa Roja para iniciar las conversaciones. Y ese traslado se hizo en helicópteros de la ONU, no del Estado”.
Más allá del cruce de acusaciones, lo que está en juego es el relato mismo de la paz en Colombia. ¿Fue auténtica la desmovilización de las Farc? ¿O fue una ficción institucionalizada que sirvió para legitimar un Nobel, ganar elecciones, tranquilizar a inversionistas y atraer cooperación internacional?
Calarcá también se refiere al presente. Aunque reconoce la voluntad política del presidente Petro y su intento por sacar adelante reformas sociales que respondan a las causas del conflicto, se muestra escéptico sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo definitivo en el corto plazo. “Petro es un presidente que pensó en la paz, que planteó reformas sociales al Congreso, pero no lo veo fácil. Hay incumplimientos desde la Casa de Nariño y, además, el tiempo no alcanza. No hay garantías suficientes”.
La entrevista, más allá de sus revelaciones puntuales, pone en evidencia el dilema estructural que enfrenta Colombia: cómo construir una paz verdadera en medio de una institucionalidad erosionada, intereses económicos sobrepuestos y una narrativa oficial cada vez más frágil.
La figura de Juan Manuel Santos, que durante años fue celebrada como símbolo de reconciliación, hoy vuelve a estar en el centro del debate. Y esta vez, quien lo acusa no es un político rival ni un columnista opositor, sino un comandante guerrillero que, desde la selva, reclama que la historia oficial fue una gran obra de teatro.
Mientras tanto, el país observa, dividido entre los que aún creen en la paz firmada y los que cada vez se preguntan con más fuerza si todo fue, como dijo Calarcá, “una mentira bien contada”.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN COLOMBIA
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