
En todo lugar están los ojos del SEÑOR,
Observando a los malos y a los buenos (Pr 15:3).
Cuando tenía entre dieciocho y poco más de veinte años, en mi lucha contra el pecado sexual, a veces vivía como si Dios fuera ciego (o, si no ciego, al menos distraído y ajeno a lo que sucedía). Nunca habría dicho que era ciego, me habría burlado de esa idea. Sin embargo, detrás de esa claridad exterior, se escondía una incertidumbre interior y venenosa. Estaba alimentando una mentira.
El Salmo 94 nos da una idea de la peligrosa lógica del pecado persistente:
¿Hasta cuándo los impíos, SEÑOR,
Hasta cuándo los impíos se regocijarán?
Matan a la viuda y al extranjero,
Y asesinan a los huérfanos.
Y dicen: «El SEÑOR no ve nada
Ni hace caso el Dios de Jacob» (Sal 94:3, 6–7, énfasis añadido).
Satanás susurró a Adán y Eva: «¿Conque Dios les ha dicho?» (Gn 3:1). Aquí susurra: «¿Es verdad que Dios ve? No, Dios no mira lo que estás haciendo. No puede vigilar a todos todo el tiempo. Si pudiera, no tendría tiempo ni interés para lidiar con eso. Dios no mira vuestros pecados. Es seguro pecar una vez más».
No es seguro, primero porque Dios sí ve, y segundo porque con el tiempo tú dejarás de ver.
Dios ve tus pecados
¿Crees en silencio que Dios no ve tus pecados secretos? Aunque sepas que Él ve, ¿tu vida dice lo contrario? Dios aborda esta mentira aquí mismo, en el Salmo 94:8-11. Escucha la advertencia:
Hagan caso, torpes del pueblo;
Necios, ¿cuándo entenderán?
El que hizo el oído, ¿acaso no oye?
El que dio forma al ojo, ¿acaso no ve?
¿No reprenderá el que castiga a las naciones,
El que enseña conocimiento al hombre?
El SEÑOR conoce los pensamientos del hombre,
Sabe que son solo un soplo.
Él creó el ojo. ¿Crees que no puede ver lo que estás haciendo? Él creó el oído. ¿Crees que no puede oír lo que estás diciendo? Él no solo sabe lo que estás haciendo y diciendo; Él sabe lo que estás pensando: «El SEÑOR conoce los pensamientos del hombre» (v. 11).
El pecado debilita nuestros ojos hasta que el Dios indescriptiblemente glorioso parece pequeño, distante y, finalmente, imaginario
«No hay cosa creada oculta a Su vista,», advierte Hebreos 4:13, «sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta». ¿Te sientes desnudo y al descubierto ante Dios? ¿Recuerdas que realmente tendrás que explicar lo que Él vio? Estos sentimientos y recordatorios son armas que Dios nos ha dado en la lucha por nuestra santidad y nuestro gozo; son armas que con demasiada frecuencia dejamos enterradas en el sótano.
La mentira muere cuando oramos como el Dios que todo lo ve nos enseña a orar:
Oh, SEÑOR, Tú me has escudriñado y conocido.
Tú conoces mi sentarme y mi levantarme;
Desde lejos comprendes mis pensamientos.
Tú escudriñas mi senda y mi descanso,
Y conoces bien todos mis caminos.
Aun antes de que haya palabra en mi boca,
Oh, SEÑOR, Tú ya la sabes toda (Sal 139:1-4).
Dios lo ve todo. Pero si sigues actuando como si no fuera así, pronto perderás tu capacidad de ver.
El pecado oscurece tu visión
Fíjate que los malvados del Salmo 94 no se limitan a creer en silencio lo que dice Satanás. No se limitan a pensar la mentira en lo más profundo de su mente mientras siguen pecando. No; según el versículo 7, predican el terrible sermón de Satanás en su nombre. «Y dicen: “El Señor no ve nada”» (énfasis añadido).
Eso es lo que nos hace el pecado, cualquier pecado. El pecado nos lleva de creer que «Dios no ve» a predicar que «Dios no ve», hasta que finalmente rechazamos e ignoramos a Dios por completo.
El pecado persistente nos endurece hasta que ya no podemos ver, oír ni sentir la realidad espiritual. Y la realidad espiritual es la realidad última, la realidad más real. Si nos negamos a arrepentirnos, caminamos, comemos y pecamos en un mundo lleno de la gloria de Dios, y sin embargo no podemos verlo ni oírlo en ninguna parte. Es como caminar junto al océano Pacífico y preguntarse dónde está el agua. Doce mil millas de olas rugen a tu lado, y lo único que ves es la arena entre tus dedos. Dios sigue viéndolo todo, incluido todo lo que eres, pero tú ves muy poco, nada más que granos de arena en un mundo vasto y emocionante.
Dios lo ve todo y, por Su gracia, nos permite ver la gloria que Él ve
El pecado hace cosas horribles a las personas, y esto es lo peor que nos hace. Debilita lentamente nuestros ojos hasta que el Dios indescriptiblemente glorioso parece pequeño, distante y, finalmente, imaginario. Ceder al pecado oscurecerá tu alma al ocultar el cielo.
Míralo tal como es
¿Algún pecado te está haciendo eso? Podrías decir que Dios es real, que lo ve todo, que algún día juzgará todo mal, pero si secretamente persistes en ese pecado, estás demostrando que no crees nada de eso. Si sigues volviendo a ese pantano de lujuria, amargura, codicia o autocompasión, verás cada vez menos y menos, hasta que no puedas ver nada. Te perderás el océano incluso estando en él.
Que hoy sea el día en que termine tu ceguera. Jesús vino a perdonar nuestros peores pecados, incluso los que cometemos en secreto. Además, vino a darnos unos ojos nuevos y más amplios. «Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios» (Mt 5:8). Si la ceguera espiritual es lo peor que nos causa el pecado, estos nuevos ojos podrían ser la mayor misericordia que Dios nos concede.
Pues Dios, que dijo: «De las tinieblas resplandecerá la luz», es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo (2 Co 4:6)
Mientras millones de personas están cegadas y aprisionadas en la oscuridad, nuestros ojos se posan en Jesús y ven belleza, fuerza, verdad y valor. Dios lo ve todo y, por Su gracia, nos permite ver la gloria que Él ve. Y muy pronto, estos nuevos ojos se llenarán de Él.
Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es (1 Jn 3:2).
Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Marshall Segal
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/dios-mira-pecado-secreto/
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