La presencia de un piano, sea donde sea, en un escenario con el más diverso público en cualquier lugar del mundo, siempre abre un universo de disfrute y a la vez de expectativas de que la humanidad puede entenderse a través del arte. Cuando una formación, además de la dedicación y entrega que requiere, es a la vez motivo de gratificación por el placer que da al mismo tiempo ejercerla es porque se ha elegido el camino correcto. Eso es lo que expresa nuestra entrevistada, que además como docente y embajadora cultural también sabe trasmitirlo a los demás. Ahí se cierra el círculo. El sacrificio, la dedicación, el esfuerzo, el rigor, junto a la empatía, la sensibilidad, el actuar y crear junto con otros y para otros hace que esa especialización de pianista colaboradora (o “acompañante” como se decía antes) logre todo su esplendor.
Para saber más de esta especialización entrevistamos a Mariana Airaudo, quien ha tenido el honor de presentarse como intérprete de nuestro país en los más variados géneros y estilos junto a renombradas orquestas y ensambles de música de cámara de América y de Europa.
Comencemos por tus primeros estudios, formación y ámbito familiar. El piano es un instrumento que se empieza a aprender desde muy temprana edad. A veces el tener uno cerca, ayuda. ¿Este fue tu caso?
Mis inicios con el piano se remontan a muy temprana edad. Desde los cuatro años me acercaba al piano que había en la casa de mi abuela, en la chacra de Villa García. Se trataba de un piano vertical acústico que fue, sin duda, mi primer gran contacto con el instrumento. Mi abuela Dominga siempre incentivó la música y la danza en todos sus hijos y, por extensión, en sus nietos, y ese entorno fue clave para que despertara en mí una fuerte inquietud por comenzar estudios formales.
Afortunadamente, di mis primeros pasos en el Conservatorio Integral de Música, donde tuve como referentes a Victoria Schenini y Mario Martínez, ambos docentes fundamentales en mi formación inicial. El conservatorio seguía el mismo plan de estudios que históricamente desarrolló el maestro Kolischer, lo que implicaba una formación muy seria, amplia y metódica, aspecto que considero fue profundamente beneficioso para mi desarrollo musical. Paralelamente, realizaba estudios de solfeo, siempre abordados desde una perspectiva práctica, vinculada directamente al teclado, con trabajo de entonación y lectura cantada, lo que fortaleció de manera integral mi relación con la música. No tuve mucho incentivo a la improvisación, aunque sacar temas “de oído” siempre fue un gran pasatiempo.
¿Cómo se dio el paso siguiente? ¿Cuándo decidiste que querías ser pianista? ¿Cuándo tuviste tu primer piano? ¿Hoy día cuál tienes? ¿Cuántas horas le dedicas?
Luego de esos años de formación inicial, que se extendieron aproximadamente durante doce o trece años, en el año 2000 obtuve mi título de conservatorio. A partir de ese momento atravesé una etapa de pausa, en la que exploré otros caminos, particularmente vinculados al deporte, actividad que siempre desarrollé de forma paralela a la música.
Practicaba patinaje y hockey, y decidí orientar esa inquietud hacia una posible carrera deportiva. Inicié estudios en Educación Física y me especialicé en entrenamiento. Fue un período de distanciamiento de la música en términos formales, aunque nunca dejé de tocar por completo; el vínculo con el piano se mantuvo, pero de una manera más libre y menos estructurada.
Recién a los veinticinco años, a partir de una llamada telefónica en la que se me invitaba a ofrecer un concierto de piano en el Ateneo de Montevideo, se despertó nuevamente una inquietud profunda. Acepté el desafío, comencé a preparar ese concierto y la experiencia resultó sumamente satisfactoria. Fue en ese momento cuando comprendí con claridad que la música era, efectivamente, el camino que deseaba seguir. Ese concierto marcó mi regreso definitivo a la actividad musical luego de aproximadamente seis años de pausa. A partir de allí inicié mis estudios universitarios, con una fuerte proyección hacia la continuidad y profundización de mi formación pianística.
Mi primer piano fue, en realidad, el piano de mi abuela, en Villa García. Fue allí donde comencé a tomar contacto cotidiano con el instrumento. A los pocos años, mis padres hicieron un enorme esfuerzo: éramos una familia muy humilde y acceder a un piano propio no era algo sencillo. Sin embargo, lograron comprar un piano muy antiguo; todavía recuerdo que conservaba la tela original detrás del labrado de madera. Calculo que ese piano era de finales del siglo XIX. Funcionaba de manera precaria, pero funcionaba, y fue el instrumento con el que estudié hasta aproximadamente los doce años. En ese momento, mis profesores señalaron la necesidad de contar con un instrumento más adecuado para continuar el desarrollo técnico, y mis padres realizaron una inversión aún mayor. Así llegó a casa un piano vertical americano, que me acompañó durante muchísimos años. Recién a los veinticinco años, luego de un largo período de ahorros personales, pude comprar mi primer piano de cola. Es el instrumento que tengo actualmente: un Bechstein de media cola, también un modelo antiguo, de principios del siglo XX, que ha sido un compañero fundamental en mi camino profesional. Y ahora estoy a punto de recibir un nuevo piano en casa, lo cual me llena de felicidad. Se trata de un piano de cola Yamaha GC1 nuevo (desde 2025 soy artista embajadora de Yamaha Music Latinoamérica y eso hizo posible esta adquisición a través de apoyos). Es un momento muy significativo, porque voy a contar con un instrumento de altísima calidad, con todas las condiciones mecánicas y acústicas propias de un piano de concierto, que acompañará esta etapa de madurez artística y profesional. El vínculo con el instrumento es total, ya sea estudiando (unas 2 a 3 horas diarias) y ensayando y trabajando prácticamente todo el día.
¿Quiénes fueron tus referentes? ¿Cuándo se dio y con qué apoyos un salto cualitativo en tu carrera? ¿Tienes un master en Música de Cámara?
Mi principal referente ha sido siempre mi gran inspiración, la extraordinaria pianista argentina Marta Argerich, a quien he admirado no solo por su pianismo, sino también por su personalidad artística. Además, tuve la fortuna de contar con el incentivo y la guía de maestros que han sido fundamentales en mi formación, como Mario Martínez y Victoria Schenini.
El mayor salto en mi carrera llegó gracias al maestro Eduardo Gilardoni, quien me mostró el camino de la música de cámara, es decir, la música que se construye en el diálogo con otros intérpretes. Fue entonces cuando descubrí una vocación muy profunda por el trabajo pianístico junto a otros músicos, tanto en el ámbito instrumental como en el de la ópera.
Realicé un máster en Música de Cámara en la Universidad Nacional de Rosario, en Argentina –título que actualmente se encuentra en trámite–, donde tuve la oportunidad de trabajar con destacados pianistas como Antonio Fornaro y Fernando Pérez, profundizando especialmente en el repertorio de música de cámara vocal e instrumental.
¿Cuándo sentiste la necesidad de formarte en el exterior y por qué? ¿Qué significa ser pianista acompañante o colaboradora?
Sentí la necesidad de salir cuando comprendí que aquello que más me apasionaba –tocar con otros músicos– es un ámbito que se desarrolla en gran medida a través de la experiencia, pero que en ese momento no contaba en mi país con suficientes posibilidades de profundización académica ni de formación sistemática.
Gracias a un gran colega y amigo, el pianista holandés Rodrigo Robles de Medina, profesor de piano acompañante en la Universidad de las Artes Codarts de Rotterdam, Holanda, surgió la oportunidad de realizar un curso intensivo en esa institución, trabajando con diferentes instrumentos y ampliando mi experiencia en el repertorio de conjunto. Ese fue mi primer acercamiento, en el año 2015. Más adelante, al finalizar mis estudios en la entonces Escuela Universitaria de Música, decidí continuar con una maestría, decisión que resultó muy acertada. No existen en Uruguay posibilidades de realizar este tipo de estudios especializados.
Ser pianista colaborador –o acompañante– implica trabajar junto a otros músicos en diferentes contextos: desde la música de cámara, el acompañamiento en procesos de aprendizaje de obras con estudiantes, hasta la interpretación de reducciones orquestales que permiten a los solistas preparar repertorio antes de trabajar con la orquesta, una práctica muy habitual.
Cuando trabajamos con cantantes, además, es fundamental contar con conocimientos de técnica vocal, idiomas y estilo, para poder colaborar también desde el coaching musical: ayudar en la comprensión del texto, la frase, el estilo y las decisiones interpretativas. Algo similar ocurre al trabajar con instrumentistas, donde se construye un lenguaje común en términos de estilística y concepción musical.
Por eso, personalmente prefiero el término pianista colaborador antes que acompañante, ya que el trabajo se basa en una colaboración artística mutua.
¿Qué cualidad debe tener un pianista que toca con otros o acompaña el canto o abarca repertorios que incluye vientos? ¿Gran ductilidad? ¿Respirar con el otro? ¿Mucho ensayo y conocimiento? ¿Dónde se aprende?
Las pianistas colaboradoras deben desarrollar principalmente la empatía para tocar con otros: la capacidad de sentir en común, escuchar y compartir musicalmente. Esto puede estudiarse en un posgrado, pero, en realidad, creo que la experiencia es la clave de este trabajo. Tocar mucho, mantenerse receptivo a los músicos con quienes se comparte, comenzar a comprender el lenguaje propio de cada familia de instrumentos y las características de su repertorio son aspectos que se construyen a lo largo de años de práctica. En particular, el trabajo con saxofones –un área en la que me desempeño frecuentemente– considero que es especialmente complejo, y quizás por eso no tantos pianistas lo abordan. Se trata de un instrumento transpositor, lo que implica una lectura armónica compleja además de contar con un repertorio generalmente muy virtuoso y rápido. La mayor parte de la música pertenece al siglo XX y a la música contemporánea, con todas las complejidades técnicas y estilísticas que esto conlleva. Por ello, conocer este repertorio requiere tiempo y un proceso gradual de familiarización, que se va construyendo paso a paso.
¿Qué conocimientos deben primar: los de armonía y contrapunto? ¿Los de manejos tonales y melódicos? ¿Saber elementos de composición? ¿Manejar la improvisación? ¿Cuáles son tus herramientas favoritas al momento de encarar un proyecto con otro u otros músicos? ¿Por dónde se empieza?
Creo que todos los músicos deben contar con una sólida formación en armonía, estética, estructuras musicales y períodos compositivos; en definitiva, con un conocimiento profundo de la música que interpretan, para poder dar un sustento consciente a las decisiones interpretativas que buscan lograr. Cuando se trabaja con otros músicos, es fundamental, en primer lugar, encontrar puntos en común y establecer un diálogo fluido, una comunicación que muchas veces es espontánea, pero que resulta indispensable: sin una buena comunicación, no es posible compartir la música de manera auténtica. Cada vez que encaro un proyecto con alguien, el aspecto humano es esencial, porque un dúo o cualquier conjunto implica una experiencia de mucho tiempo compartido; deben existir afinidades, confianza y una buena energía de trabajo. Para que un proyecto funcione a mediano plazo también es imprescindible compartir una intención artística. Generalmente se establece un objetivo común: puede ser explorar repertorios variados o centrarse en determinados repertorios específicos, como el latinoamericano. En mi caso, participo en dúos dedicados exclusivamente a la música uruguaya, otros enfocados en la música latinoamericana en general; pero en todos los casos, lo esencial es encontrar esos puntos de encuentro que permitan construir un proyecto sólido y significativo.
Participas en muchos proyectos tanto aquí como en el exterior. ¿Qué grupos o desde qué lugares te han invitado? ¿Aceptas todas las invitaciones o tienes algunas condiciones para aceptar un proyecto artístico? ¿En qué lugares además de participar aprendiste y completaste tu especialización?
En este momento estoy integrando varios proyectos muy interesantes y variados, tanto a nivel nacional como internacional. Entre ellos se encuentra Nómade Dúo, junto al saxofonista Ricardo Figueira, donde interpretamos música original uruguaya para saxofón y piano. También participo en el Dúo Che Papusa, dedicado al tango de enfoque más académico, junto a la cantante Manuela Hernández. Otro de mis proyectos es Reboleo Dúo, con el saxofonista norteamericano Preston Duncan, con quien interpretamos músicas de las Américas. Asimismo, integro el proyecto Vares-Airaudo, de contrabajo y piano con el contrabajista uruguayo/portugués Pedro Vares, centrado principalmente en repertorio latinoamericano, muchas veces poco difundido, incluyendo también estrenos de nuevas obras. A esto se suma el Dúo Casal-Airaudo, junto al violonchelista panameño Isaac Casal, con quien abordamos igualmente repertorio latinoamericano.
En general, todos mis proyectos comparten un perfil orientado a difundir nuestra música en el mundo, algo que resulta profundamente significativo para mí, especialmente en términos de identidad latinoamericana. Afortunadamente, recibo cada año invitaciones y nominaciones para participar en festivales internacionales en América, Europa y Asia, tanto en festivales de instrumentistas –muchos de ellos vinculados al saxofón– como en encuentros de música de cámara y festivales orquestales.
Al decidir en qué proyectos participar, considero en primer lugar la finalidad artística y el equipo humano que lo integra; posteriormente, evalúo las condiciones económicas y el tipo de experiencia profesional y curricular que el proyecto puede aportar. No acepto todas las invitaciones, pero sí aquellas que resultan significativas tanto a nivel académico como humano. En este camino, cuento además con el apoyo de Yamaha Latinoamérica, que colabora económicamente con muchos de estos proyectos, permitiéndome representar la marca en la región y participar con frecuencia en festivales a lo largo del año.
Tu actividad profesional no se limita a la música clásica, sino que abarca otros géneros, como el tango. ¿Qué te llevó a incursionar también en otros ámbitos? ¿Qué te aportó esa experiencia y formación (maestros como Hagopián y formar parte de nuevos grupos independientes)?
La mayoría de mis actividades internacionales está vinculada a la música académica. Sin embargo, desde hace aproximadamente tres años he incursionado, casi de manera accidental, en el tango, un género que, afortunadamente, terminó por enamorarme. Si bien no me dedico a él de manera exclusiva, he profundizado su estudio tanto en Buenos Aires como en Uruguay, especializándome en su lenguaje y en sus particularidades estilísticas.
El tango es un género apasionante, que me ha nutrido enormemente en relación con la música popular, especialmente en lo que respecta a la libertad expresiva, la flexibilidad rítmica y la improvisación. Esa experiencia ha ampliado mi perspectiva interpretativa y ha enriquecido mi desempeño artístico en general. Más allá del tango como género específico, el contacto con la música popular ha sido una fuente de crecimiento que dialoga directamente con mi formación académica, aportando una mayor naturalidad, espontaneidad y profundidad expresiva a todas las áreas de mi actividad musical.
¿Sientes que representas un papel de embajadora cultural del país cuando tocas en el exterior temas del repertorio típico uruguayo? De las muchas formas de encarar el repertorio no clásico, ¿qué estilo o versión eliges hacer? ¿Arreglos tradicionales? ¿Cómo eliges el repertorio o programa cuando está en ti la elección? ¿Cómo congenias con los demás músicos?
Para mí es un gran orgullo representar a mi país cuando viajo fuera del Uruguay y poder interpretar nuestra música. El formato que encuentro más interesante es el del concierto didáctico, en el cual interactúo constantemente con el público, generando una trama narrativa que acompaña el desarrollo del programa musical, cuidadosamente diseñado para incluir los principales rasgos de la música nacional rioplatense: elementos del folclore, del tango y del candombe.
Asumo esta tarea como una gran responsabilidad, pero también con enorme entusiasmo, porque me resulta profundamente gratificante cumplir una función de difusión de nuestra cultura. Al momento de elegir los programas, pienso siempre, en primer lugar, en el público que los recibirá. Procuro diseñarlos de modo que incluso quienes no tienen una formación musical específica puedan disfrutarlos, comprenderlos y sentirse involucrados en lo que sucede durante el concierto.
Por eso considero aspectos como la duración, la variedad de estilos, los contrastes dentro del programa y los tiempos de atención del público, teniendo en cuenta también, en algunos casos, las edades de quienes asisten. Busco que el recorrido musical sea dinámico, accesible y atractivo, evitando que el programa resulte pesado o difícil de seguir. Cuando al final alguien me dice “se pasó volando”, siento que el objetivo se cumplió: significa que la atención estuvo presente de principio a fin y que la experiencia logró conectar verdaderamente con quienes escucharon.
Te desempeñaste como docente en música de cámara y pianista colaboradora en la Escuela Universitaria de Música, en la Escuela Nacional de Arte Lírico del Sodre y en la Orquesta Juvenil del Sodre, Coro Nacional infantil y Juvenil del Sodre y Iudae (Instituto Universitario de artes escénicas). Como docente, ¿cuáles niveles prefieres? ¿Ves en los jóvenes el mismo entusiasmo que tu sentías a su edad? ¿Cuál es tu método?
Llevo una trayectoria muy extensa en la docencia: enseño piano desde los 19 años y me he desempeñado también como pianista colaboradora y preparadora de ópera. Cada una de estas áreas requiere una formación específica y un enfoque pedagógico particular. Sin embargo, más allá de las diferencias, siempre he sentido que la tarea del docente no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino en generar un vínculo de retroalimentación, un espacio de intercambio que enriquezca a ambas partes y, sobre todo, que sea profundamente motivador. En estos tiempos, marcados por el exceso de información y la omnipresencia de las pantallas, muchas veces resulta difícil desconectar para conectar verdaderamente con la experiencia artística. Por eso creo que una de las cosas más valiosas que podemos ofrecer hoy a los jóvenes son justamente instancias significativas, opciones reales de encuentro con el arte y con ellos mismos. Asumo esa responsabilidad con mucho entusiasmo.
Actualmente continúo trabajando en la Facultad de Artes, en el Instituto de Música de la Universidad de la República; también en la Escuela de Arte Lírico del Sodre y como docente en la Orquesta Juvenil del Sodre. Son espacios que me apasionan, cada uno con sus particularidades y desafíos.
Percibo que existe entusiasmo en las nuevas generaciones, aunque con un enfoque diferente al de otras épocas. Ese es, precisamente, nuestro desafío como docentes: encontrar puntos de encuentro con ellos, acompañarlos no solo en la formación de artistas de alto nivel, sino también en el desarrollo de mejores personas a través de la educación artística.
¿Qué significa trabajar como pianista contratada con la Orquesta Sinfónica del Sodre y la Orquesta Filarmónica de Montevideo? ¿Y como solista?
Durante varios años he trabajado –y continúo haciéndolo– integrando las planillas de músicos orquestales en distintas orquestas nacionales, una actividad que me apasiona profundamente. Me resulta muy estimulante formar parte del engranaje de una gran maquinaria artística como lo es una orquesta sinfónica o filarmónica: la experiencia colectiva, la construcción del sonido conjunto y el trabajo coordinado con los colegas hacen de cada proyecto algo especialmente enriquecedor.
Por otra parte, la experiencia de presentarse como solista es igualmente maravillosa, aunque implica un nivel de preparación y de responsabilidad muy particular. Independientemente del concierto que se interprete, asumir el rol de solista supone un gran esfuerzo, pero también una enorme satisfacción artística. Afortunadamente, en los últimos años he tenido cada vez más oportunidades de actuar como solista, especialmente con orquesta, y el desarrollo de mi actividad pianística solista se ha convertido en un espacio muy gratificante dentro de mi carrera.
Se trata de trabajos muy diferentes entre sí: preparar repertorio de música de cámara, abordar un programa solista o estudiar una obra para piano y orquesta exige procesos de preparación específicos, enfoques técnicos distintos y una planificación muy particular en cada caso. Esa diversidad de roles es, justamente, uno de los aspectos más estimulantes de la actividad profesional.
¿Cómo se dio ser embajadora local de Yamaha en Uruguay? ¿Importan los premios, reconocimientos y honores? ¿Cuál has recibido de manera especialmente gratificante? ¿Cómo te recibe el público local? ¿Y en el exterior?
Cuando fui invitada a convertirme en embajadora de Yamaha Music Latinoamérica fue una sorpresa enorme, algo que no estaba buscando ni sabía exactamente cómo se gestionaba. Recibí el mensaje de Roberto Cedeño, responsable del área de marketing de Yamaha Latinoamérica, proponiéndome integrarme como artista de la marca y colaborar en su difusión. Naturalmente, fue un gran honor y una alegría inesperada. Al menos en mi experiencia personal, el proceso fue directo y muy espontáneo.
Por otra parte, he tenido la fortuna de encontrar en los públicos del exterior una recepción muy cálida y entusiasta, muchas veces incluso más efusiva que la que se experimenta en el propio país. Cuando viajo, suele ser muy natural la manera en que el público se acerca, expresa su interés, comparte comentarios sobre el trabajo realizado y transmite su entusiasmo; eso resulta profundamente gratificante y confirma el valor de la difusión cultural que realizamos. Aunque en el ámbito nacional a veces puede ser más desafiante generar ese mismo tipo de respuesta, cada experiencia de conexión con el público –en cualquier lugar– reafirma el sentido de nuestra labor artística.
¿Y la creación? ¿Tienes temas propios? ¿Versiones propias?
Respecto a la composición, por el momento no cuento con obras propias ni con un catálogo de creaciones originales. Mi trabajo se ha centrado fundamentalmente en la interpretación, en profundizar el repertorio y en desarrollar una identidad artística desde ese lugar. Sin embargo, no descarto que en un futuro cercano puedan comenzar a surgir composiciones propias. La experiencia acumulada, el contacto con repertorios tan diversos –académicos, latinoamericanos, contemporáneos y también el tango– y el trabajo constante con distintos instrumentos y formaciones, naturalmente van generando un universo creativo que quizás en algún momento encuentre su cauce en la escritura. Por ahora me reconozco plenamente en el rol de intérprete, que es un espacio de enorme profundidad y responsabilidad artística. Pero también entiendo que los procesos creativos a veces aparecen de manera orgánica, cuando el momento es el adecuado.
¿Nunca te tentaron para quedarte en el exterior?
Debo decir que en varias oportunidades estuve tentada de quedarme en el exterior. Realicé estudios de posgrado en Holanda, un país maravilloso, y también tuve la posibilidad de permanecer en Panamá, además de recibir propuestas de trabajo en Colombia. Sin embargo, siento un arraigo muy fuerte con mi propio país. Me encanta el Uruguay y siempre pienso que, mientras pueda mantenerme viajando activamente, conociendo el mundo y desarrollando mi carrera internacional, no hay mejor lugar que este para establecer mi base y proyectarme hacia otros destinos. Así que, aunque la idea de radicarme fuera estuvo presente durante un tiempo, finalmente elegí permanecer aquí, algo que hoy agradezco profundamente, porque me permite estar en mi país haciendo lo que amo, sin dejar de recorrer el mundo a través de la música.
¿Qué consejos le darías a alguien que quiere encarar una carrera como pianista profesional?
A quienes desean encarar una carrera como pianistas profesionales, les diría ante todo que tengan paciencia. Es un camino largo, que se va construyendo paso a paso, y que requiere tiempo, maduración y constancia. El piano es un instrumento muy estudiado y difundido, lo que implica también un alto nivel de competitividad; sin embargo, cuando existe verdadera vocación y compromiso, los objetivos pueden alcanzarse. Mi principal consejo es cultivar la disciplina, mantenerse enfocados y comprender que los resultados no llegan de un día para el otro. Así como el proceso es extenso, también resulta profundamente gratificante. Además, es importante recordar que la profesión del pianista ofrece múltiples posibilidades: no se limita al rol de solista, sino que incluye áreas como la preparación de ópera, el trabajo con instrumentistas y cantantes, la música de cámara, el acompañamiento de coros y ballet, así como la participación en proyectos de música popular. Lo fundamental es construir una base técnica sólida, desarrollar una buena lectura, una comprensión profunda de las distintas estéticas musicales y, sobre todo, sostener el entusiasmo, la disciplina y el trabajo constante, que son los pilares de cualquier trayectoria artística duradera.
¿Qué actividades tienes para el 2026?
Por suerte, este año 2026 ya comenzó con una intensa actividad internacional. Inicié con una gira por Corea, República Dominicana y Panamá, y el calendario continúa con compromisos en Brasil, incluyendo el Festival de Pianistas y el concurso internacional Carmel Klavier Latinoamérica, que también se realizará allí.
Además, tengo prevista una gira por el sudeste asiático y otra por Centroamérica con el Dúo Che Papusa. En abril estaré en Estados Unidos, en Minnesota –Twin Cities– con repertorio para saxofón y piano, y en julio continúan diversas actividades. También viajaré a Colombia, Ecuador, El Salvador, Brasil, China, Panamá y México.
Afortunadamente, mi agenda se encuentra completa hasta diciembre de 2026, con una rica variedad de festivales, conciertos y proyectos internacionales. Es un año de mucho movimiento, pero también de enorme crecimiento artístico y de expansión de los proyectos que vengo desarrollando.
Mary Ríos
Fuente de esta noticia: https://www.xn--lamaana-7za.uy/cultura/sentir-en-comun-escuchar-y-compartir-musicalmente/
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