
El mandatario comparó los impuestos con un robo y recibió una ovación. También habló de Cuba, Irán y del “fraude más grande de la historia”.
Nueva York recibió este lunes a uno de los nuevos líderes de la ultraderecha global, Javier Milei, en uno de los escenarios más simbólicos de su gestión: la Yeshiva University, la institución académica judía más antigua y prestigiosa de Estados Unidos, fundada en 1886 y ubicada al norte de Manhattan. Él, judío converso de una de las ramas más cuestionadas de esa religión (el movimiento Jabad-Lubavitch), dijo que se siente orgulloso de ser “el presidente más sionista del mundo”.
El salón estaba lleno. Estudiantes y profesores aplaudían antes incluso de que el presidente argentino tomara el atril. “Presi, presi”, coreaban cuando la entrada se demoraba. Lo que vino después fue un discurso que mezcló economía libertaria, geopolítica de guerra y fe judía en el capitalismo occidental, todo pronunciado en español con traducción simultánea a través de auriculares.
El contexto no podía ser más cargado. La guerra entre Estados Unidos e Irán cumplía diez días. El precio del petróleo había superado los 100 dólares por barril ese mismo lunes. El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo mundial, permanecía cerrado. Y Milei, en el corazón de Nueva York, hablaba de victoria.
“El fraude más grande de la historia de la humanidad es el socialismo. Hay un mandamiento que dice ‘no robarás’, lo podés hacer por ley pero es injusto”, disparó el presidente sin preámbulos. Fue la primera de una serie de afirmaciones que recorrieron la sala como corriente eléctrica. “Hay un conflicto entre lo legal y lo injusto”, afirmó, y desde esa tensión construyó su relato: el ajuste más grande de la historia argentina fue posible precisamente porque estaba fundamentado en principios morales, no solo fiscales. “Defendemos el sistema capitalista porque es justo”, sostuvo. Y fue más lejos: “Nadie paga los impuestos voluntariamente, lo hacen a punta de pistola, ¡porque son un robo!”
“Son un robo”: lo que dijo Milei sobre los impuestos
En primera fila lo escuchaban su hermana Karina Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni y el canciller Pablo Quirno. La comitiva que había viajado desde Buenos Aires en vuelo especial. El día anterior, ese mismo grupo había acompañado al presidente a la tumba del Rebe Lubavitch en Queens, una peregrinación que Milei repite cada vez que pisa suelo neoyorquino.
El speech presidencial fue estrictamente teórico, cargado de referencias académicas. Citó a Huerta de Soto para argumentar que “los países que violentan el derecho de propiedad se hunden, porque van en contra de los valores morales”. Acudió a Adam Smith para explicar que la división del trabajo es la primera y más importante fuente de la riqueza entre las cuatro que existen. Y se enorgulleció: “Somos el gobierno más reformista no solo de la Argentina, sino de la historia de la humanidad.”
Cuando habló de la motosierra, un alumno le gritó “¡afuera!”. Milei respondió que el afuera era parte del ajuste y aprovechó para elogiar a Federico Sturzenegger. Recordó que 20 de las 22 crisis que atravesó Argentina se debieron al déficit fiscal. “Financiar el déficit con deuda es inmoral”, sentenció, y se enorgulleció de haber reducido la deuda en un 10%.
Pero la jornada no era solo económica. Milei desembarcó en Nueva York en la víspera del arranque formal de la Argentina Week, el megaevento de promoción de inversiones organizado junto al JP Morgan y el Bank of America. Ese martes se reuniría con Jamie Dimon, chairman y CEO del JP Morgan. La guerra en Medio Oriente cruzaba todos los paneles, especialmente los vinculados a energía.
Milei eligió una universidad judía para lanzar su análisis más duro sobre la guerra en Medio Oriente
Milei usó ese contexto bélico para construir uno de los tramos más llamativos de su discurso. Habló de Trump con devoción. Afirmó que el presidente estadounidense ya había cerrado ocho conflictos y que su gestión “será coronada finalmente, no solo con la paz en Ucrania, en Rusia, sino que la frutilla del postre va a ser que Cuba definitivamente será libre”. También señaló que “el mundo se salvó por un centímetro, que fue la bala que no le pegó a Trump”.
Su análisis geopolítico tuvo una estructura bien definida. Para Milei, el socialismo descubrió que los cimientos del capitalismo de libre empresa están anclados en los valores judeocristianos. “Atacando a Israel iban a romper las bases del sistema capitalista y la sociedad occidental. Por eso se aliaron socialistas y antisemitas”, desarrolló. La conclusión fue directa: “Vamos a ganar la guerra” contra Irán.
El presidente tampoco esquivó la historia argentina en relación al conflicto. Recordó que Irán “nos puso dos bombas”, en referencia a los atentados a la embajada de Israel en 1992 y a la AMIA en 1994. “Por lo tanto son nuestros enemigos”, dijo. Y enfatizó que Argentina “tiene una alianza estratégica con Estados Unidos y Israel”.
Sobre el desenlace regional, Milei fue terminante: “Se ve con claridad el caso de Venezuela, se ve con claridad lo que está pasando en Irán. Por eso no tengo ninguna duda de que Estados Unidos saldrá victorioso de esta situación”. Y agregó que así “se irá cortando el financiamiento” de Cuba y Venezuela, que “se dedicaban a repartir el terror”.
Un cierre en medio de una lluvia de aplausos
El cierre del discurso fue el más aplaudido .Milei evocó la historia del pueblo judío con la misma energía con la que suele hablar de la curva de Laffer: “Tanto en la reciente Guerra de los 12 días como a lo largo de la historia, podría mencionar a todos los que se opusieron al Estado de Israel, sea Egipto, Babilonia, Irán, o el poderoso que fuera: ninguno pudo con el pueblo de Dios”. Y confirmó que la embajada argentina será trasladada a Jerusalén.
Por la noche, Milei tenía previsto participar en la Gala Anual J100 de The Algemeiner, donde recibiría el premio “Guerrero por la verdad”. Un evento que cada año reúne a líderes políticos, empresarios e intelectuales para reconocer a las 100 personas que más influyeron positivamente en la vida judía, comparable en estatus al ranking TIME100 pero centrado en el vínculo con Israel. El presidente argentino llegaría al salón ya consagrado por los aplausos de la Yeshiva. La noche neoyorquina era suya.
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