
Vivimos en una época en la que las frases viajan más rápido que la verdad. Esta, en particular (“Cuando entendamos que cada día no es uno más, sino uno menos, empezaremos a darle valor a las cosas que realmente importan”) ha sido atribuida a personajes de ficción, pensadores anónimos y supuestos autores célebres. Sin embargo, no existe una fuente confiable que permita adjudicarla con certeza a ninguna persona. Y tal vez, en ese anonimato, reside una primera enseñanza: hay verdades tan profundas que no pertenecen a nadie en particular, sino a la experiencia humana compartida.
El giro de conciencia: del “más” al “menos”
La frase nos propone un cambio de perspectiva tan simple como perturbador. Vivimos como si los días se acumularan: “un día más”, “una oportunidad más”, “un año más” “más tiempo por delante”. Ese lenguaje construye la ilusión de la abundancia infinita. Pero cuando comprendemos que cada día es, en realidad, un día menos de vida, algo se reordena por dentro. No se trata de caer en el miedo o en la angustia, sino de despertar a la preciosa fragilidad del tiempo.
Este giro no busca robarnos la alegría, sino devolvernos la presencia. El tiempo deja de ser un recurso abstracto y se convierte en un bien sagrado. Cada amanecer es un préstamo; cada noche, un cierre que no volverá a repetirse de la misma forma.
La espiritualidad del instante.
Desde una mirada espiritual, esta frase nos invita a reconciliarnos con la impermanencia. Todo pasa: los dolores, los triunfos, las personas, los cuerpos, los roles que creemos ser. Comprender que los días se restan (y no se suman) es aceptar la naturaleza transitoria de la vida. Y en esa aceptación, paradójicamente, nace la paz.
Cuando dejamos de postergar el amor, el perdón, el abrazo, la palabra pendiente, entramos en una espiritualidad del instante. No la espiritualidad del templo lejano, sino la del gesto cotidiano: escuchar de verdad, mirar a los ojos, agradecer sin apuro, respirar con conciencia. La vida espiritual no es una huida del mundo, sino una forma más honda de habitarlo.
Humanismo: lo que realmente importa.
¿Qué es lo que realmente importa cuando el tiempo deja de sentirse infinito? Importan las personas, no las cosas. Importa la verdad, no la apariencia. Importa la coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Importa cuidar, cuidarnos, y dejarnos cuidar. Importa el vínculo por encima del rendimiento, la dignidad por encima del éxito, la compasión por encima de la razón que humilla.
Este enfoque humanista nos devuelve al centro: la vida es relación. No somos islas que acumulan logros, sino seres que se tejen en encuentros. Entender que cada día es uno menos no nos empuja a vivir deprisa, sino a vivir con sentido.
La herida del “después”
Muchas de nuestras tristezas nacen del “después”: después llamo, después perdono, después descanso, después vivo. Pero el “después” es una promesa que no nos pertenece. Esta frase, al confrontarnos con la finitud, nos recuerda que el único tiempo real es el ahora. No como una urgencia ansiosa, sino como una invitación amorosa: ¿qué harías hoy si supieras que el hoy no se repite?
Quizá dirías lo que sientes. Quizá te permitirías ser vulnerable. Quizá soltarías la carga de demostrar y empezarías a habitar.
Vivir no es sobrevivir.
Hay quienes pasan los días sobreviviendo: cumpliendo, resistiendo, esperando que algo cambie. Comprender que cada día es uno menos nos invita a dejar de posponer la vida. No se trata de grandes gestas, sino de pequeñas fidelidades: elegir con más conciencia, habitar con más ternura, mirar con más gratitud.
La vida no nos pide perfección; nos pide presencia. No nos pide grandeza; nos pide verdad.
Un cierre que es un comienzo.
Que la frase no tenga autor conocido puede ser, en el fondo, una bendición. Nos recuerda que la sabiduría no siempre viene firmada, y que muchas verdades nacen del silencio compartido de millones de vidas que han aprendido, a veces tarde, que el tiempo no se acumula: se entrega.
Cuando entendemos que cada día no es uno más, sino uno menos, no vivimos con miedo. Vivimos con reverencia. Y esa reverencia transforma lo cotidiano en sagrado: el café de la mañana, la voz de quien amamos, el cuerpo que aún respira, el corazón que, pese a todo, sigue queriendo.
Tal vez ahí comience lo verdaderamente importante.
“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.” Colosenses 3:14 (RVR1960)
Si necesitas apoyo psicológico o corporativo especializado
Te ofrezco acompañamiento profesional en:
Terapia individual: manejo emocional, ansiedad, autoestima, duelos y crecimiento personal.
Terapia de pareja: fortalecimiento del vínculo, comunicación y resolución de conflictos.
Apoyo corporativo: programas de bienestar laboral, gestión emocional y mejora del clima organizacional.
Capacitación en habilidades blandas: liderazgo empático, comunicación asertiva, inteligencia emocional y trabajo en equipo.
Dra. Elizabeth Rondón. Especialista en bienestar emocional, relaciones humanas y desarrollo organizacional.
Tlf. +57 3165270022
Correo electrónico: Elizabethrondon1711@gmail.com
