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A 18 grados bajo cero, con tormentas de nieve como compañía permanente y jornadas interminables al volante, Beto Coral avanza por las carreteras de Estados Unidos en una travesía que ya empieza a marcar un punto de quiebre en la forma de hacer política entre los colombianos que viven fuera del país. No hay tarimas, caravanas oficiales ni discursos ensayados. Hay asfalto, frío extremo, peajes inesperados y un propósito claro: escuchar, cara a cara, a una comunidad que durante años ha sentido que el Estado colombiano la dejó al margen.
Desde el asiento de su propio carro, Coral volvió a encender la conversación política internacional al mostrar, sin filtros ni comodidades, el recorrido que lo ha llevado a cruzar buena parte del territorio estadounidense. Más que una campaña tradicional, lo que se despliega es una ruta construida con presencia física, palabras directas y encuentros reales con colombianos que trabajan, crean empresa y levantan familia lejos de su país de origen.
Durante dos semanas de viaje continuo, el activista y aspirante a la Cámara por la circunscripción internacional ha atravesado estados, climas extremos y miles de millas. Partió desde Arizona, recorrió la frontera con México, subió por California, pasó por Nevada y Utah, llegó a Wyoming, descendió nuevamente a Colorado, continuó por Kansas, Missouri, Illinois, Indiana y Ohio, hasta alcanzar Cleveland y finalmente Nueva York, en la frontera con Canadá. Un trayecto que, en sus propias palabras, no responde a una estrategia de escritorio, sino a la convicción de que la representación se construye escuchando en el terreno.
Las condiciones han sido duras. Amanecer en Chicago con temperaturas de menos 18 grados se convirtió en una escena cotidiana. El frío, el cansancio acumulado y las largas horas de conducción han obligado a hacer pausas constantes en zonas de descanso para recuperar fuerzas antes de continuar. A eso se sumaron obstáculos inesperados, como una sucesión de peajes que encarecieron el trayecto y pusieron a prueba la logística de un viaje hecho sin grandes recursos, pero con determinación inquebrantable.
Día 17 de la #Ruta403 🚗🇨🇴: salimos de Boston y hoy cruzamos 4 estados en un solo día —Massachusetts, Rhode Island, Connecticut y llegamos a Nueva York— escuchando a nuestra gente y llevando propuestas claras.
Arranca una etapa clave de esta gira: este de los Estados Unidos,… pic.twitter.com/nET5u0l2oE
— Beto Coral (@Betocoralg) February 1, 2026
Lejos de frenar el impulso, cada dificultad parece reforzar el mensaje. En ciudades y pueblos del camino, Coral se ha encontrado con trabajadores, poetas, escritores y emprendedores colombianos que representan la diversidad y la resiliencia de la diáspora. En Elkhart, Indiana, el encuentro con Carlos, un connacional que simboliza la fortaleza y la pujanza del migrante colombiano, sirvió para reiterar una de sus propuestas centrales: fortalecer el acompañamiento de los consulados para que los colombianos en el exterior puedan crear empresa, emprender y consolidar proyectos productivos en los países donde hoy viven.
No es una figura nueva en la escena pública. Durante años, Beto Coral ha sido una de las voces más persistentes de los colombianos en el exterior, denunciando abusos, acompañando causas sociales y visibilizando problemáticas que rara vez entran en la agenda nacional. Su aspiración a la Cámara de Representantes, dentro del movimiento Frente Amplio y alineado con las banderas del cambio y la justicia social, busca traducir ese activismo en representación política concreta, identificada en el tarjetón con el número 403 de la circunscripción internacional.
Incluso entre quienes no comparten su visión política, hay un reconocimiento creciente a la forma. Recorrer prácticamente todo Estados Unidos en su propio carro, dormir en áreas de descanso, enfrentar hielo, nieve y agotamiento físico para sentarse a escuchar a quienes viven lejos de Colombia no es un gesto habitual en la política contemporánea. Es, para muchos, una señal de coherencia entre discurso y acción.
La travesía continúa. Nuevas tormentas de nieve, más horas de carretera y más encuentros esperan en ciudades como Boston y otros puntos del noreste del país. Mientras tanto, el mensaje se consolida: hay otra manera de hacer política, una que no nace en oficinas climatizadas sino en la carretera, con más de 5.000 millas recorridas y una promesa firme de que los colombianos en el exterior, esta vez, no volverán a ser invisibles.

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