
Imagen Cancillería de Colombia
Bogotá fue el epicentro de una señal política de alcance continental. Delegaciones de veinte países se dieron cita en la capital colombiana para la convocatoria hemisférica de emergencia Nuestra América, un encuentro que culminó con la adopción de la Declaración de San Carlos y el lanzamiento de una nueva iniciativa regional orientada a coordinar la defensa de la soberanía, la democracia y la paz en las Américas, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas.
A lo largo de dos días de debates, que combinaron reuniones reservadas y espacios abiertos al público, ministros, legisladores, diplomáticos, dirigentes sindicales y representantes de movimientos sociales construyeron un diagnóstico compartido sobre la coyuntura internacional y avanzaron en una estrategia común para enfrentarla. El consenso alcanzado parte de una premisa central: el futuro del continente debe ser definido por sus propios pueblos, sin injerencias externas ni mecanismos de presión unilateral.
El documento final, conocido como Declaración de San Carlos en referencia al histórico palacio donde se celebró el encuentro, advierte sobre el resurgimiento de una política hemisférica basada en la coerción. Los delegados señalaron que una reinterpretación contemporánea de la Doctrina Monroe, junto con lo que describen como un nuevo “corolario” impulsado desde Washington, se traduce en sanciones económicas, bloqueos financieros, intentos de desestabilización política y una creciente militarización de los conflictos regionales. El texto inscribe esta situación en una larga historia de disputas por la autodeterminación, evocando el legado de líderes como Simón Bolívar, José Martí, Benito Juárez y José de San Martín.
Durante la apertura de la conferencia, la ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, Rosa Yolanda Villavicencio, describió un escenario marcado por asesinatos, ataques unilaterales, interferencias electorales, presiones sobre los sistemas judiciales y disputas territoriales, fenómenos que -advirtió- no son episodios aislados, sino parte de una dinámica que atraviesa la historia del continente. Al mismo tiempo, subrayó la capacidad de los pueblos de la región para resistir y organizarse, afirmando que la iniciativa política y la legitimidad histórica se encuentran del lado de quienes defienden la soberanía.
De esas deliberaciones surgió un compromiso de acción coordinada en los principales foros multilaterales, con el objetivo de defender el derecho internacional y resistir las medidas coercitivas unilaterales. Los participantes coincidieron en la necesidad de articular mecanismos regionales para enfrentar las consecuencias de las sanciones y los bloqueos, promover la cooperación humanitaria y rechazar las salidas militarizadas a los conflictos. El acuerdo también incluye la defensa de los derechos de los migrantes latinoamericanos, en particular frente a las políticas de deportación masiva, y el fortalecimiento de las instituciones democráticas, la soberanía energética y alimentaria, la autonomía económica y los procesos de integración regional.
La Declaración de San Carlos concluye con una convocatoria a dar continuidad al proceso mediante una próxima edición de Nuestra América en La Habana, Cuba, acompañada de un llamado a la solidaridad internacional con el pueblo cubano. El texto sostiene que el continente no debe ser gobernado por el miedo ni la fragmentación, sino por la unidad, la soberanía y la paz.
Al cierre del encuentro, David Adler, co-coordinador general de la Internacional Progresista y moderador de la conferencia, afirmó que lo que comenzó como una reunión de emergencia en Bogotá se ha transformado en un proyecto político con proyección histórica. Desde la misma tierra donde Simón Bolívar advirtió que ninguna república puede preservar su libertad en soledad, señaló, los pueblos del hemisferio están optando por la cooperación frente a la fragmentación y por la soberanía frente a la subordinación. En ese sentido, definió el documento final no como un pedido de amparo externo, sino como una declaración de voluntad política: los pueblos de las Américas se defenderán de manera conjunta.
En un escenario internacional marcado por el aumento de las presiones sobre la región, Nuestra América se perfila así no como un evento aislado, sino como un proceso en construcción, concebido para articular gobiernos, movimientos y sociedades en torno a una agenda común. Este horizonte fue abordado también en un intercambio entre los delegados y el presidente colombiano Gustavo Petro, realizado en la Casa de Nariño, que reforzó el carácter estratégico de la iniciativa.
#Agenda | El Presidente @PetroGustavo lideró la reunión de trabajo: “Emergencia en Nuestra América” para el fortalecimiento de la cooperación internacional.
En el encuentro participaron miembros del gabinete nacional y representantes internacionales de Estados Unidos, Francia,… pic.twitter.com/BfnFqEVPiL
— Presidencia Colombia 🇨🇴 (@infopresidencia) January 24, 2026
La diversidad de participantes -que incluyó a funcionarios de gobierno, legisladores de América Latina, Europa y Estados Unidos, representantes diplomáticos, dirigentes sindicales y referentes sociales- reflejó la amplitud política y geográfica de una convocatoria que busca consolidarse como un nuevo espacio de coordinación hemisférica con proyección global.
