

La Amazonía peruana ha estrenado un giro jurídico poco frecuente. Las abejas nativas sin aguijón (meliponinos) han pasado a ser reconocidas como “sujetos de derecho” en dos municipios del país, una figura que les otorga protección explícita y permite exigir medidas públicas para preservar su hábitat. La decisión, adoptada primero en Satipo (Junín) y después en Nauta (Loreto), sitúa a estos insectos en el centro de un debate global que hasta ahora había avanzado sobre todo con ríos, bosques o montañas, y no con especies concretas de fauna.
El primer paso lo dio la Municipalidad Provincial de Satipo con la ordenanza 33-2025-CM, aprobada el 21 de octubre de 2025 y promulgada días después, que declara de interés la “declaratoria de derechos” de las abejas sin aguijón en el territorio de la Reserva de Biósfera Avireri Vraem. La Provincia de Nauta siguió el 22 de diciembre de 2025 con una norma similar, con énfasis en la obligación de protegerlas frente a contaminación, pérdida de hábitat y otras presiones ambientales.
El reconocimiento municipal se apoya en un cambio previo a escala nacional. En diciembre de 2024, el Congreso peruano aprobó la incorporación de las abejas sin aguijón en la protección legal vinculada a la apicultura, un paso que el propio Parlamento presentó como un “hito social y político”. Esa reforma cristalizó después en la Ley 32235, promulgada a inicios de 2025, que modificó el marco de la Ley 26305 para incluir a las abejas nativas sin aguijón como parte de la “riqueza nacional” que debe conservarse, investigarse y reforestarse.
La relevancia ecológica es el primer argumento de fondo. Perú ha registrado al menos 175 especies de abejas nativas sin aguijón, según trabajos divulgados en medios y organizaciones científicas y ambientales. Estas abejas, que no se defienden con un aguijón funcional, sobreviven gracias a estrategias como la mordida o el uso de resinas. Su papel como polinizadoras sostiene buena parte de la regeneración del bosque y también cultivos de alto valor (cacao, café o aguacate), una conexión que explica por qué el declive de estas poblaciones preocupa más allá de la conservación estricta.
El segundo argumento es biocultural. En la selva central y en Loreto, comunidades indígenas han mantenido prácticas de meliponicultura (cría tradicional de abejas sin aguijón) durante generaciones, un uso ligado a la alimentación, a la medicina y a rituales. Ese vínculo, reforzado durante la pandemia por el uso de mieles nativas como remedio en lugares con acceso sanitario limitado, aparece en el origen del impulso normativo y en la narrativa pública que acompañó las ordenanzas.
La amenaza es conocida y acumulativa. Deforestación, cambio climático y expansión agrícola reducen los árboles viejos donde anidan muchas colonias. A ello se suma la exposición a pesticidas, un factor para el que todavía hay menos investigación específica en meliponinos que en la abeja europea (Apis mellifera), como recuerda un análisis divulgativo sobre el impacto de estos químicos en abejas sin aguijón. En paralelo, el deterioro del territorio se entrelaza con tensiones de gobernanza ambiental en Perú, donde la protección de ecosistemas frágiles o el control de presiones ilegales en áreas protegidas conviven con brechas de capacidad estatal.
La novedad jurídica no es menor. Las ordenanzas no se limitan a “proteger un recurso” o a promover un sector productivo. Declaran derechos (existir, prosperar, mantener poblaciones saludables y vivir en un ambiente sano) y, al hacerlo, abren la puerta a exigir cumplimiento. En palabras recogidas por The Guardian, se trata de hacer visibles a estos polinizadores “como sujetos con derechos” dentro del ordenamiento local. El enfoque conecta con el movimiento de Derechos de la Naturaleza, que en América Latina ha tenido hitos previos y ahora se extiende hacia una especie de insecto, algo inusual en la práctica comparada.
Quedan, sin embargo, preguntas decisivas sobre la aplicación real. La eficacia dependerá de fiscalización, presupuesto y coordinación con políticas forestales y agrarias, así como de la capacidad municipal para reducir el uso de pesticidas y sostener programas de reforestación en territorios presionados por economías legales e ilegales. También está por ver si el modelo se replicará fuera de Satipo y Nauta, y si el Estado peruano avanzará desde la protección sectorial que establece la Ley 32235 hacia un reconocimiento más amplio de derechos con alcance nacional.
Adrián Villellas
Fuente de esta noticia: https://www.ecoticias.com/eco-america/las-abejas-sin-aguijon-del-amazonas-se-convierten-en-especies-protegidas-para-frenar-deforestacion-pesticidas-y-especies-invasoras
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