
La historia del supuesto extraterrestre capturado en Brasil que aún divide a los investigadores.
El 20 de enero de 1996, la tranquila ciudad de Varginha, en el estado de Minas Gerais (Brasil), se convirtió en el epicentro de uno de los episodios más controvertidos de la historia contemporánea del fenómeno OVNI. Lo que comenzó como el testimonio de tres jóvenes asustadas que aseguraban haber visto a una criatura “no humana”, terminó convirtiéndose en un caso mediático de repercusión mundial, con acusaciones de encubrimiento militar, visitas de ufólogos internacionales, investigaciones oficiales y una huella cultural que aún perdura tres décadas después.
La historia del “extraterrestre de Varginha” —como fue bautizado por la prensa— mezcla testigos oculares, versiones contradictorias, negaciones oficiales y teorías de conspiración. A día de hoy, sigue siendo considerado el “Roswell brasileño”, una referencia directa al supuesto accidente de un platillo volador en Estados Unidos en 1947.
Eran las 15:30 horas de un sábado caluroso y despejado cuando Liliane Fátima Silva, de 16 años, caminaba junto a su hermana Valquíria, de 14, y su amiga Kátia Andrade Xavier, de 22, por un terreno baldío en el barrio Parque Andere. De pronto, Liliane se detuvo y gritó: a pocos metros, una figura agazapada los observaba en silencio. Según su relato, la criatura tenía ojos grandes y rojos, piel viscosa y tres protuberancias en la cabeza. No parecía humana, pero tampoco un animal reconocible.
“Estaba agachada, con los brazos entre las piernas. Lo primero que vi fueron sus ojos”, declaró Liliane años después. Las tres jóvenes corrieron aterradas hasta su casa, donde contaron lo sucedido a la madre de las hermanas, Luiza Helena Silva. Al regresar al lugar, la mujer no encontró rastros del ser, aunque afirmó haber sentido un olor fuerte y desagradable en la zona.
Pocas horas después, los rumores se habían propagado por todo Varginha. Algunos vecinos aseguraban haber visto camiones del Ejército en las inmediaciones, y varios testigos hablaban de movimientos “inusuales” de las fuerzas de seguridad.
Un avistamiento previo
Lo que dio mayor peso a la historia fue el testimonio independiente de Oralina y Eurico Rodrigues de Freitas, una pareja de agricultores que, en la madrugada de ese mismo 20 de enero, afirmó haber visto un objeto volador no identificado sobre su finca. Según contaron, sus animales comenzaron a agitarse de forma repentina y, al salir al patio, observaron un artefacto “grisáceo, con forma de submarino y del tamaño de un microbús” flotando a baja altura y emitiendo una especie de niebla blanca.
El objeto —decían— no hacía ruido y se desplazaba lentamente. El relato de los agricultores, unido a la posterior aparición de la criatura, alimentó la idea de que una nave extraterrestre habría caído o aterrizado cerca de la ciudad, y que algunos de sus ocupantes podrían haber sido capturados o muertos tras el incidente.
El abogado y ufólogo Ubirajara Rodrigues, un veterano investigador del fenómeno OVNI con más de veinte años de experiencia, fue uno de los primeros en desplazarse al lugar. Tras entrevistar a las jóvenes y recopilar testimonios, aseguró que el caso “era la excepción que confirmaba la regla”: para él, las chicas habían visto una entidad biológica extraterrestre (EBE) real.
Junto a él se unió el investigador Vitório Pacaccini, también reconocido en el ámbito de la ufología brasileña. Ambos afirmaron haber entrevistado a 14 testigos, incluidos cuatro supuestos militares que habrían participado en una operación de captura del ser. Según su hipótesis, dos criaturas extraterrestres habrían sido localizadas en la ciudad: una, capturada viva por los bomberos; y otra, hallada sin vida en las inmediaciones del Hospital Regional.
El tema alcanzó dimensiones nacionales cuando el programa Fantástico, de la cadena Rede Globo, transmitió un extenso reportaje sobre el caso. En cuestión de días, el “ET de Varginha” ya era una historia de alcance mundial, con cobertura en medios internacionales como The Wall Street Journal.
La versión de los investigadores
Conforme a la versión de Rodrigues y Pacaccini, el Ejército brasileño habría llevado a cabo una operación encubierta para capturar y trasladar a las criaturas. Según su investigación, a las 10:30 de la mañana del 20 de enero, cuatro miembros del Cuerpo de Bomberos de Varginha habrían capturado a una criatura en un bosque cercano al terreno donde las jóvenes tuvieron su encuentro. El ser habría sido introducido en una caja de madera, cubierta con un paño blanco, y trasladado en un camión militar hasta la Escuela de Sargentos de Armas (EsSA), en la vecina ciudad de Três Corações.
Horas después, otro ser habría sido visto en el Hospital Regional, donde médicos y militares habrían intervenido. La criatura, supuestamente debilitada, habría muerto durante la madrugada del 22 de enero. A las seis de la tarde, el cuerpo habría sido llevado nuevamente a la EsSA y, posteriormente, en la madrugada del día siguiente, trasladado en un convoy militar de tres camiones hasta Campinas, donde —según los ufólogos— se le habría practicado una autopsia en el Instituto Médico Legal de la Universidad de Campinas (UNICAMP).
El supuesto médico forense responsable, Badan Palhares, negó rotundamente haber participado. “No sé de dónde sacaron esa fantasía. Jamás llegó ningún material de origen alienígena a mis manos”, declaró años después.
Desde el principio, las autoridades militares y gubernamentales negaron cualquier tipo de implicación. El Comando Militar del Este, a través de su portavoz, el coronel Luiz Cesário da Silveira Leite, calificó las versiones como “absurdas y ridículas”. “Nuestras preocupaciones son los alienígenas nacionales y extranjeros, perfectamente terrestres”, ironizó ante la prensa.
El comandante de la EsSA, general Sérgio Pedro Coelho Lima, llegó incluso a conservar en su oficina un expediente rotulado como “Caso Extraterrestre”, donde archivó todos los recortes y publicaciones sobre el asunto. En 1996, ordenó una sindicancia interna para esclarecer los hechos. La investigación concluyó que la supuesta movilización militar correspondía en realidad a vehículos enviados a mantenimiento en los días posteriores al 20 de enero, y que no existía ninguna evidencia de captura o transporte de “cargas biológicas”.
Un año más tarde, en 1997, se abrió un Inquérito Policial Militar (IPM) sobre las acusaciones vertidas en el libro Incidente em Varginha, escrito por Pacaccini y Maxs Portes. El informe final, hecho público en 2010, fue tajante: el caso se basaba únicamente en testimonios de dudosa credibilidad y suposiciones pseudocientíficas, sin prueba material alguna.
El IPM sostuvo además que la supuesta criatura podría haber sido en realidad un hombre con discapacidad mental, conocido por los vecinos como “Mudinho”, cuya apariencia encorvada y movimientos erráticos podrían haber provocado confusión en las testigos.
Silencios, amenazas y hombres de negro
Sin embargo, los rumores sobre un encubrimiento persistieron. En mayo de 1996, Luiza Helena Silva, madre de las jóvenes, denunció públicamente que cuatro hombres vestidos de negro se presentaron en su casa ofreciéndole dinero a cambio de que sus hijas desmintieran el encuentro. “Ellos dijeron que pagarían en efectivo. No debemos esconder la verdad”, declaró a los medios.
Semanas después, las propias hermanas afirmaron haber sido seguidas por desconocidos y recibir llamadas intimidatorias. Según contaron, los acosos cesaron cuando comenzaron a conceder entrevistas televisivas.
Para los ufólogos, esos hechos reforzaban la hipótesis de un operativo de silencio forzado para ocultar la verdad. Para los escépticos, en cambio, se trataba de una estrategia mediática para mantener viva la atención pública sobre el caso.
A pesar del entusiasmo inicial de algunos investigadores, la comunidad científica nunca aceptó la hipótesis extraterrestre. El propio Ubirajara Rodrigues, que fue uno de los principales defensores del caso en los años noventa, terminó retractándose tiempo después. En una entrevista concedida años más tarde, admitió: “No hay prueba alguna de que haya sido capturado un ser extraterrestre”.
Otros ufólogos, como Kevin Randle, fueron más críticos. Señalaron que no existía ninguna evidencia física —ni restos biológicos, ni fotografías verificables, ni registros médicos— que sustentara el relato. Todo se basaba en testimonios contradictorios y en reconstrucciones no verificables de los hechos.
La Fuerza Aérea Brasileña, a través del Centro Integrado de Defensa Aérea y Control de Tráfico Aéreo (CINDACTA), reconoció la existencia de informes sobre fenómenos aéreos no identificados, pero aseguró que ninguno de ellos correspondía al episodio de Varginha.
Con el paso de los años, el Incidente de Varginha trascendió su carácter ufológico para convertirse en un fenómeno cultural. A pesar de la falta de pruebas, la historia del supuesto extraterrestre fue adoptada por la ciudad como símbolo turístico y de identidad local.
A finales de los noventa comenzaron a proliferar souvenirs con la figura del “ET”, esculturas en las calles y hasta una torre de agua en forma de nave espacial, que se iluminaba por las noches. La Prefectura de Varginha incorporó incluso un ascensor temático en su edificio principal, con una cápsula que simula una abducción, mientras que parte del aeropuerto local fue diseñado con forma de platillo volante.
El auge del turismo ufológico generó un impacto económico significativo. En 2022 se inauguró el Memorial del ET de Varginha, con un planetario, salas interactivas y un archivo histórico sobre el caso. En apenas tres años, más de 100.000 visitantes habían pasado por sus instalaciones.
En 2023, el fenómeno fue reconocido oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial del municipio, y en 2024 se lanzó la “Rota del ET”, un recorrido señalizado por los puntos clave del suceso. En septiembre de 2025 se inauguró una estatua de cuatro metros de altura, obra del artista Renato Criaturas, que rinde homenaje al icónico ser.
La mirada internacional del “Caso Varginha”
El interés por el caso traspasó fronteras. En su momento, el profesor John E. Mack, psiquiatra de la Universidad de Harvard y especialista en experiencias de contacto, viajó a Brasil para entrevistar a las testigos. Aunque su investigación fue breve, consideró que las jóvenes mostraban “reacciones auténticas de miedo”, sin indicios de invención consciente.
Por otro lado, ufólogos estadounidenses y europeos compararon el suceso con otros incidentes de presunto contacto, destacando las coincidencias narrativas con el caso Roswell o el Encuentro de Kelly-Hopkinsville. La presencia de supuestos militares, el traslado de un cuerpo y la negación oficial se convirtieron en elementos recurrentes dentro de la literatura ufológica.
Sin embargo, los académicos brasileños subrayaron que ningún documento oficial, fotografía o muestra biológica fue jamás presentada. Los supuestos testigos militares nunca revelaron su identidad y, en varios casos, los “relatos filtrados” resultaron provenir de fuentes anónimas o no verificables.
El “caso Varginha” representa un punto de inflexión en la historia moderna del fenómeno OVNI en América Latina. Su impacto mediático, la participación de figuras locales y la mezcla de testimonios, rumores y negaciones construyeron una narrativa que oscila entre la fe y la razón.
Los creyentes lo consideran prueba de un contacto real con entidades no humanas, silenciado por el poder militar y político. Los escépticos, en cambio, lo interpretan como un ejemplo paradigmático de histeria colectiva amplificada por los medios de comunicación y la cultura popular de los años noventa, marcada por series como Expediente X y la fascinación global por los extraterrestres.
Más allá de las posiciones, el caso ha demostrado cómo un relato local puede transformarse en mito global, alimentado por la necesidad humana de comprender lo desconocido.
Lo último del “Caso Varginha”
El periodista español Josep Guijarro en “Espacio Misterio”, informa que el 20 de enero de 2026, el National Press Club de Washington D.C. se convirtió en el eje de una revelación que podría alterar para siempre la historia del fenómeno ovni y los límites de la ciencia. El responsable de este acto fue James Fox, reconocido cineasta especializado en investigaciones ufológicas y autor de documentales como The Phenomenon y Moment of Contact. Esta vez, Fox no acudió con teorías especulativas, sino con testimonios, pruebas médicas y documentos que reabren el enigmático caso Varginha, ocurrido en Brasil en 1996.
En aquella ocasión, varios testigos —entre ellos tres jóvenes— afirmaron haber visto una criatura de aspecto no humano, que posteriormente fue capturada por el ejército brasileño. Según versiones recogidas por Fox, el ser fue trasladado en secreto al Hospital Regional Humanitas, donde se le habría practicado una autopsia. Tres décadas después, el cineasta reunió en Washington a médicos, militares y testigos directos para presentar nueva información que sugiere que uno de los soldados involucrados murió tras un contacto con uno de estos seres.
Uno de los momentos más impactante de la conferencia fue la declaración del Dr. João Janini, un reputado patólogo brasileño con seis décadas de experiencia y más de 50.000 autopsias realizadas. Janini aseguró haber examinado los restos del soldado Marco Eli Chereze, quien falleció días después del incidente. Su diagnóstico fue estremecedor: el militar murió por una infección bacteriana extremadamente agresiva y desconocida. Según Janini, el agente infeccioso “trasciende los límites de una infección convencional”, lo que lo llevó a plantear, de forma prudente pero directa, la hipótesis de un origen extraterrestre.
El caso ha dado un nuevo giro con la propuesta de exhumar el cuerpo del soldado para aplicar técnicas modernas de biología molecular inexistentes en los años noventa. Si los análisis confirmaran que el patógeno no pertenece a ningún linaje conocido en la Tierra, el hallazgo sería histórico: la primera evidencia biológica de origen no humano. La posibilidad de que el primer contacto extraterrestre se manifieste no mediante una nave, sino a través de una bacteria letal, plantea inquietantes preguntas sobre los límites de la biología y la seguridad del planeta.
La conferencia también incluyó el testimonio de Carlos de Souza, profesor de geografía y testigo directo del presunto accidente ovni. Souza relató que, en enero de 1996, mientras conducía cerca de Varginha, observó un objeto volador con forma de cigarro, del tamaño de un autobús, que parecía perder el control y desprendía humo blanco antes de estrellarse en un campo. Al acercarse al lugar, encontró fragmentos metálicos extraños, livianos y con la capacidad de recuperar su forma original. El área estaba impregnada de un olor químico y sofocante, y la vegetación aparecía carbonizada en un amplio radio. Souza afirmó haber escuchado sonidos y lamentos procedentes de los restos, lo que sugiere que algo —o alguien— sobrevivió al impacto.
Poco después, el ejército brasileño llegó al lugar en una operación de contención. Souza fue expulsado del área y amenazado para guardar silencio. Según su testimonio, los militares conocían su nombre y datos personales, y más tarde fue visitado por hombres vestidos de negro que le reiteraron la advertencia. El miedo lo llevó a callar durante años, hasta que Fox lo convenció de compartir su historia en público.
Lo presentado en Washington no fue una sesión sensacionalista, más bien un intento de revisión documental y científica de uno de los episodios más controvertidos de la ufología. No se habló de platillos voladores ni de luces en el cielo, sino de autopsias, infecciones mortales, materiales imposibles y operaciones militares secretas.
Si las sospechas del Dr. Janini se confirman, las consecuencias irían mucho más allá de la ciencia: desafiarían las bases filosóficas y culturales de la humanidad. La posibilidad de que un organismo no humano pueda sobrevivir en nuestro entorno e incluso provocar muertes pondría en cuestión nuestra comprensión de la vida, el control biológico y la supremacía de la especie humana.
El caso Varginha, que durante años fue considerado una leyenda local, resurge ahora con nuevas pruebas, voces autorizadas y un trasfondo biológico que podría cambiar la forma en que entendemos el concepto mismo de “vida extraterrestre”. La historia ya no gira en torno a ovnis en el cielo, sino a microrganismos en la Tierra, y el mundo observa expectante los próximos pasos de una investigación que podría abrir una nueva era en la historia del contacto con lo desconocido.
Hoy, tres décadas después, Varginha ha abrazado su pasado con una mezcla de orgullo y pragmatismo. La ciudad es sede de encuentros anuales de ufología, ferias temáticas y eventos que atraen tanto a curiosos como a investigadores. Las figuras del “ET” decoran cafeterías, escuelas y plazas; y el turismo extraterrestre es una parte establecida de la economía local.
Mientras tanto, las protagonistas originales —Liliane, Valquíria y Kátia— se mantienen alejadas de los focos. En entrevistas recientes, las hermanas Silva reiteraron su versión inicial: “Lo que vimos no era humano. Nunca olvidaré esos ojos rojos”. A pesar del paso del tiempo, su testimonio sigue siendo la piedra angular de todo el misterio.
La ciencia, por su parte, continúa sin hallar ninguna evidencia que confirme la existencia de seres extraterrestres en el planeta. Pero el caso Varginha sigue vivo en la memoria colectiva, como recordatorio de que la línea entre la realidad y la creencia puede ser tan fina como el humo blanco que, según algunos, descendió aquella madrugada sobre los campos de Minas Gerais.
*Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: contacto@josemanuelgarciabautista.net
