
El sorteo de cuartos de la Copa del Rey deja duelos clave: Albacete-Barça, Betis-Atlético y noches a partido único con fechas confirmadas.
¿Quién se cruza en cuartos de Copa del Rey 2026?
La Copa del Rey 2025-26 ya está en su fase más incómoda: cuartos de final, a partido único, sin red, sin ida para corregir el error, sin margen para “ya lo arreglaremos en casa”. El sorteo celebrado este lunes 19 de enero en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas dejó cuatro emparejamientos con personalidades muy distintas y un dato que lo cambia todo: no está el Real Madrid, eliminado en octavos por el Albacete en el Carlos Belmonte. Los cruces son Albacete–Barcelona, Alavés–Real Sociedad, Valencia–Athletic Club y Betis–Atlético de Madrid, con los partidos programados para la ventana del martes 3, miércoles 4 y jueves 5 de febrero (los horarios exactos y el reparto definitivo de televisión se terminan de cerrar después del sorteo).
La foto, a simple vista, enseña un favorito aparente y varias eliminatorias abiertas; pero la Copa no entiende de apariencias cuando llega febrero y el reloj aprieta. Barcelona defiende título y se va a Albacete, con el precedente fresquísimo de una grada que ya vio caer a un gigante. Atlético y Betis se encuentran en una eliminatoria que suele convertirse en guerra de detalles. En Mendizorroza, Alavés recibe a una Real Sociedad que viene de firmar una de esas noches que dejan eco, capaz de tumbar al líder en Liga en un partido de alta tensión. Y en Mestalla, Valencia y Athletic se citan con ese aroma a Copa de verdad, de historia sin necesidad de adornos, de eliminatoria que se juega también en la memoria.
Un sorteo sin condicionantes y una sola ventaja escrita: el Belmonte
A estas alturas, el sorteo ya es puro: cualquiera puede tocarte, no hay protecciones por categorías ni caminos “amables”. La única excepción práctica la marca el reglamento cuando queda un equipo de categoría inferior: el Albacete, único superviviente de Segunda, tiene garantizado ejercer de local. Y eso, en Copa, es más que una formalidad: es el tipo de ventaja que no se ve en el papel, pero se escucha en el estadio cuando el partido se pone feo y la gente aprieta como si estuviera empujando el balón con la garganta.
En Las Rozas, antes de empezar, el sorteo arrancó con un minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario en Córdoba. Luego, la mecánica de siempre, el orden de extracción, los emparejamientos cayendo como piedras al agua. El resultado deja dos focos enormes por motivos distintos: Albacete–Barcelona por el choque entre el relato copero y el campeón; Betis–Atlético por la sensación de eliminatoria de élite con final imprevisible. Los otros dos duelos, en cambio, invitan a mirar más cerca: el “clásico” moderno de Valencia–Athletic y el duelo vasco Alavés–Real Sociedad, con estilos enfrentados y mucha fricción.
Conviene dejar algo claro desde ya, porque cada año vuelve la misma confusión: en cuartos no hay partido de vuelta. Si a los 90 minutos hay empate, se juega prórroga y, si sigue igual, tanda de penaltis. La Copa se decide con ese mecanismo sencillo y brutal que no perdona despistes ni tardes grises. Además, desde rondas anteriores se aplica VAR, algo que en eliminatorias apretadas añade otra capa: el partido se juega en el césped… y en la línea del fuera de juego milimétrico.
Albacete–Barcelona: el partido que más se parece a una trampa… y a un premio
El Albacete llega a cuartos con la credencial que nadie discute: eliminó al Real Madrid en una noche que ya es parte del álbum del club. Fue un 3-2 en el Belmonte con un guion de esos que parecen escritos con nervio: el Madrid marcó por medio de Franco Mastantuono y Gonzalo, pero el Albacete se agarró al partido y terminó dándole la vuelta con un final de los que dejan a un estadio flotando. El golpe definitivo lo firmó Jefté Betancor, que convirtió un balón suelto en una volea que todavía se repite en vídeos, y que en la ciudad se cuenta como se cuentan las gestas: exagerando un poco el ruido del gol, porque el ruido fue real.
El detalle importante no es solo el resultado, sino lo que implica: este Albacete no ha llegado por accidente. Su entrenador, Alberto González, ha encontrado un equipo con un punto de orden y un punto de descaro, y con la convicción necesaria para sostener un plan sin que se le caiga la cara cuando el rival mete nombre y camiseta. Y además, llega con una semana que le ha dado oxígeno también en Liga: tras lo del Madrid, el Albacete ganó 1-0 al Cádiz en el Belmonte, con gol de Pepe Sánchez a balón parado (córner servido por Agus Medina) y con Mariño firmando paradas decisivas cuando tocó sufrir. Ese tipo de victorias alimentan lo que más necesitas antes de recibir al campeón: sensación de equipo y confianza en lo cotidiano.
El Barcelona, por su parte, aterriza en esta eliminatoria desde un lugar extraño: sigue siendo el campeón, sí, y su obligación natural es competir por todo, pero llega con un contexto de alta exigencia. En Copa, en octavos, superó al Racing de Santander en El Sardinero (0-2) en un partido que se le pudo atragantar más de lo que dice el marcador. El segundo gol, en el descuento, lo marcó Lamine Yamal a portería vacía tras un contragolpe, con el Racing empujando hasta el final. Y en Liga, este fin de semana, el Barça vio cortada su racha en San Sebastián: perdió 2-1 ante la Real Sociedad en un partido con madera, ocasiones, tensión y VAR, con Oyarzabal abriendo el marcador, Marcus Rashford empatando de cabeza nada más salir desde el banquillo y Gonçalo Guedes marcando casi de inmediato el gol decisivo. Fue uno de esos encuentros donde el líder puede salir tocado no por la derrota en sí, sino por la sensación de haber tenido el partido en las manos sin cerrarlo.
Ese es el punto que convierte el Belmonte en examen: ¿qué Barcelona aparece cuando el partido no se controla con facilidad? En una eliminatoria a partido único, el matiz psicológico es enorme. El favorito, si se pone por delante, tiene que gestionar el partido sin caer en la trampa de la suficiencia. Si no marca pronto, empieza el ruido interior: las piernas pesan un poco más, el rival se crece, y cada falta lateral se convierte en un pequeño sobresalto.
Aquí, los protagonistas suelen ser menos obvios de lo que parece. Sí, hay focos sobre los atacantes y sobre los nombres grandes, pero la Copa se rompe muchas veces en la zona donde nadie hace póster: la segunda jugada, el duelo tras un despeje, el mediocentro que decide si el partido respira o se incendia. En Albacete, será clave lo que generen las acciones a balón parado y la capacidad del equipo para sostener intensidad sin desordenarse. En el Barça, el peso cae sobre quienes mandan cuando el partido se vuelve incómodo: el que pide la pelota cuando el estadio silba, el que gira bajo presión, el que no se esconde. Y el portero, siempre el portero: en Copa, una parada en el 87 es un capítulo entero.
Sobre las bajas, a estas alturas de enero, conviene hablar con precisión sin inventarse dramas: los cuartos están a principios de febrero, lo que significa que las plantillas llegan con carga de Liga y con el mercado de invierno todavía influyendo en roles y decisiones. Habrá rotaciones, habrá jugadores tocados que apuran, habrá sanciones posibles según lo que ocurra en jornadas previas. Lo seguro es el marco: partido único, prórroga si hace falta, penaltis si nadie lo resuelve. Y ahí, cualquier detalle físico cuenta el doble.
Betis–Atlético: una eliminatoria con clima propio
Betis y Atlético se cruzan en un partido que, en cuanto cae del bombo, se imagina solo: intensidad, ritmo cambiante, duelo de áreas. Hay, además, un elemento de contexto que marca al Betis esta temporada y que no es menor: el equipo verdiblanco está jugando como local en el Estadio de La Cartuja, por la reforma de su estadio. Eso afecta a la rutina y al ambiente, a la forma en que se vive el partido, incluso a la manera en que el rival se instala mentalmente en el encuentro. No es excusa ni ventaja automática, pero sí un marco distinto al habitual.
El Atlético llega a esta fase con un patrón muy reconocible: sufre lo justo, compite siempre, y suele convertir los partidos cerrados en su territorio natural. Viene de ganar en Liga 1-0 al Alavés con un cabezazo de Alexander Sørloth tras centro de Pablo Barrios, en un partido más bien espeso donde lo importante fue sumar. Ese tipo de triunfos son casi una declaración de estilo: no hace falta brillar para sobrevivir en enero. Y en Copa, en octavos, el Atlético eliminó al Deportivo de La Coruña en Riazor con un 0-1 decidido por Antoine Griezmann, que clavó un golpeo de falta directa a la escuadra. La foto del gol resume algo: cuando las eliminatorias se traban, los equipos grandes suelen necesitar un gesto de calidad para desbloquear. Griezmann, en estas noches, es uno de esos futbolistas que aparecen aunque el partido parezca apagado.
El Betis, por su parte, llega con un pase a cuartos que también explica su ADN copero reciente: en octavos ganó 2-1 al Elche tras remontar, con dos goles del Chimy Ávila después de que el Elche se adelantara con un tanto de Petrot. La Copa, en el Villamarín o fuera, suele premiar la capacidad de levantarse sin perder la cabeza. Remontar en eliminatoria única no es solo meter dos goles; es sostener el partido en el instante en que el rival quiere que entres en ansiedad.
¿Qué esperar del duelo? Un choque donde el Atlético tratará de llevar el partido a su zona favorita, esa en la que el rival se desespera porque no encuentra pasillos, y donde cada pérdida se castiga. El Betis, en cambio, suele necesitar que el balón circule con sentido, que su gente de creatividad encuentre continuidad, que el partido no se convierta en una secuencia de interrupciones. Si el encuentro se llena de faltas y de pausas, el Atlético suele sentirse cómodo; si se estira y aparecen espacios, el Betis gana aire.
Aquí hay un subtema que suele decidir eliminatorias y casi nunca se cuenta bien: las segundas unidades. En Copa, el banquillo no es un complemento, es una herramienta. El entrenador que acierta con el cambio a los 60, no a los 80, se compra medio pase. Y el Atlético, con su mentalidad de partido largo, suele vivir bien esa transición. El Betis, si encuentra la chispa adecuada en el segundo tiempo, puede convertir una eliminatoria en un partido emocional, de ida y vuelta, donde el favorito pierde parte de su control.
La televisión y los horarios también influyen aquí por una razón práctica: Betis y Atlético suelen arrastrar dispositivos de seguridad importantes, y eso condiciona franja, accesos, coordinación. La lógica invita a pensar en un horario “grande”, de noche, pero el calendario manda y los operadores ajustan. A día de hoy, lo firme es la ventana del 3 al 5 de febrero y el formato: partido único, prórroga y penaltis si se necesita.
Alavés–Real Sociedad: Mendizorroza y el choque entre urgencia y ambición
Alavés y Real Sociedad se encuentran en un cruce que mezcla dos estados de ánimo bastante distintos. El Alavés llega a cuartos por la vía copera más seria: en octavos venció 2-0 al Rayo Vallecano en Mendizorroza, con goles de Toni Martínez y Carlos Vicente, y con el partido condicionado por la expulsión de Isi. Es un Alavés que, en Copa, se ha mostrado sólido, práctico, con el punto de fiereza que exige el torneo.
Pero en Liga la realidad es más áspera: el equipo viene de perder 1-0 en el Metropolitano ante el Atlético, sin llegar a rematar a puerta, y vive una temporada de tensión por la zona baja, con la necesidad de sumar y de no perder la calma. Esa urgencia puede jugar a favor en Copa —el equipo sale con el cuchillo entre los dientes— o puede generar el efecto contrario si el partido se complica: ansiedad, precipitación, faltas que llegan tarde.
La Real Sociedad, mientras, llega a este tramo del año con una mezcla de ambición y señales de carácter. Su pase en octavos fue puro drama: empató 2-2 contra Osasuna y tuvo que resolverlo en la tanda de penaltis, con Marrero como héroe. El relato fue una montaña rusa: Osasuna se adelantó pronto con gol de Moncayola y después amplió con un tanto en propia puerta de Oyarzabal; la Real reaccionó tarde pero reaccionó, con gol de Turrientes y el empate en el descuento de Zubeldia, llevando el partido a prórroga y penaltis. En la tanda, Marrero detuvo lanzamientos y la Real pasó. Ese tipo de clasificación deja un poso: el equipo sabe sufrir, sabe esperar su momento, y sabe sobrevivir cuando la eliminatoria se pone negra.
Y como si no bastara, en Liga viene de ganar al Barcelona con un partido de alto voltaje: Oyarzabal marcó, Rashford empató, Guedes resolvió casi de inmediato. La Real, cuando está fina, tiene una virtud muy copera: combina fases de control con acelerones que te rompen.
En Mendizorroza, lo normal es que el Alavés intente llevar la eliminatoria a un partido de choques, de ritmo alto sin demasiadas concesiones, con balón parado y centros laterales como moneda habitual. La Real querrá mover el balón, encontrar interiores, evitar que el partido se convierta en una cadena de duelos físicos donde el azar pesa más que el plan. El choque de estilos es evidente, y eso, en partido único, siempre abre la puerta al suceso raro: un gol temprano que obliga al favorito a correr, una roja que reescribe el guion, una prórroga donde el cansancio convierte cualquier detalle en sentencia.
En protagonistas, aquí hay dos grupos que suelen decidirlo todo. Por un lado, los mediocentros: si la Real consigue que el partido se juegue a su ritmo, su calidad se impone; si el Alavés logra que el balón sea una pelea, el partido se iguala. Por otro lado, los porteros: Mendizorroza aprieta, Anoeta aprieta, y la Copa, cuando entra en minutos finales, convierte cada parada en una escena.
Valencia–Athletic: tradición copera con un presente lleno de matices
Valencia y Athletic se cruzan en un emparejamiento que suena a Copa de toda la vida. Dos escudos con historia, dos aficiones que entienden el torneo como algo más que un trámite, y dos equipos que llegan con capas distintas.
El Valencia llega a cuartos después de un 0-2 en El Plantío ante el Burgos en octavos, con goles de Rubén Iranzo y Umar Sadiq. La palabra “seriedad” encaja bien ahí: eliminatoria fuera de casa, resolver sin ruido, pasar. Y en Liga, este fin de semana, el Valencia ha firmado una victoria que también pesa emocionalmente: ganó 0-1 al Getafe con gol de José Gayà en el minuto 84, un triunfo que le permite respirar en la tabla y que, según el contexto de la temporada, se celebra casi como una liberación. Fue, además, su primera victoria a domicilio del curso, un dato que explica hasta qué punto el equipo necesitaba un golpe de confianza. Hay matices importantes: en ese partido, el Valencia perdió por lesión a Tárrega, Corberán movió piezas y los cambios le dieron aire, con Sadiq y Diego López aportando dinamismo. Ese tipo de gestión también cuenta de cara a Copa: el entrenador ya sabe qué le funciona cuando el partido se atasca.
El Athletic llega a cuartos después de una eliminatoria que fue directamente una locura. Ganó 3-4 a la Cultural Leonesa en el Reino de León, con una primera parte de seis goles, penaltis, un partido que parecía escrito por alguien con ganas de ver arder el guion. La Cultural se adelantó varias veces, el Athletic respondió, y al final la eliminatoria se decidió en la prórroga con un penalti transformado por Unai Gómez, ya con el Athletic jugando con uno menos por la expulsión de Paredes. Ese tipo de noche te deja dos cosas: desgaste… y autoestima. Si sobrevives a eso, no te asusta un Mestalla encendido.
En el plano futbolístico, Valencia–Athletic suele moverse entre dos tensiones. El Valencia, cuando está bien, intenta combinar momentos de control con transiciones rápidas; el Athletic, según el día, puede presionar alto y convertir el partido en un intercambio de golpes o puede refugiarse y salir con velocidad. En Copa, el partido único hace que ambos tengan que decidir pronto qué quieren ser: si esperan demasiado, un gol cambia el plan y el estadio impone otra música.
Hay, además, una cuestión de fondo que siempre flota en este tipo de eliminatorias: la gestión del riesgo. En Liga puedes aceptar un empate fuera; en Copa, el empate es solo un pasillo hacia la prórroga. Eso cambia los cambios, cambia el tipo de faltas que haces, cambia incluso la manera en que defiendes un córner en el 89. Y aquí, con dos equipos que se sienten cómodos en lo emocional, el partido puede ir a lugares muy distintos según el primer golpe.
En cuanto a figuras, el Valencia necesita que su columna vertebral —defensa y mediocampo— sostenga el partido sin regalar balones comprometidos. El Athletic suele apoyarse en su energía, en su capacidad de llegar por bandas y en su competitividad; pero en noches de Copa, también necesita calma en el último pase, porque el partido se decide a veces por una acción limpia, no por veinte aproximaciones.
Fechas, horarios, TV y streaming: lo que está confirmado y lo que se anuncia después
La ventana de juego de los cuartos está fijada: 3, 4 y 5 de febrero. Lo habitual es que, una vez cerrados los dispositivos de seguridad y la coordinación con LaLiga y competiciones europeas, se publiquen los horarios concretos partido a partido. No es un detalle menor: determina descansos, desplazamientos, incluso la disponibilidad de algunos aficionados para viajar.
En cuanto a televisión en España, la Copa del Rey se mueve entre la emisión en abierto y el pago. La situación de esta temporada se ha articulado con RTVE y Movistar Plus+ como actores principales, con partidos emitidos en abierto (habitualmente en La 1 o Teledeporte, según la elección de cada jornada) y el resto disponibles en el ecosistema de Movistar. Además, el seguimiento institucional del torneo —sorteos y resúmenes— suele ofrecerse también a través de canales oficiales y plataformas digitales vinculadas a la federación. Con los cuartos, el patrón suele repetirse: un partido en abierto, los demás en pago, pero el reparto exacto se confirma cuando se publican los horarios oficiales.
Y aquí entra un matiz práctico que mucha gente pasa por alto: el horario condiciona la experiencia de estadio y también el consumo televisivo. Un martes a las 21.00 no se vive igual que un miércoles a las 19.00. La Copa, que es emoción, también es logística.
Entradas: cuándo salen, cómo se gestionan y qué suele pasar en partidos de alta demanda
La pregunta aparece antes incluso de que se sepa el horario: “¿cuándo salen las entradas?”. En Copa, la respuesta es siempre la misma, aunque a veces moleste: depende del club local y del calendario definitivo. Lo normal es que, una vez publicados los horarios oficiales, los clubes abran primero un periodo para abonados y socios, y después la venta general, casi siempre online y en canales oficiales. En eliminatorias de alto impacto —y Albacete–Barcelona lo es— también es habitual que se definan cupos visitantes y que se gestionen a través del club visitante para evitar descontrol.
Hay una realidad paralela, claro: reventa, plataformas de terceros, precios inflados. Existe, pero no es el camino más fiable si se busca seguridad. Lo seguro es lo que anuncian Albacete, Alavés, Valencia y Betis como locales, y lo que comuniquen Barcelona, Real Sociedad, Athletic y Atlético para sus cupos. Además, en partidos con gran demanda, los clubes tienden a reforzar controles nominales o sistemas de acceso. No es un capricho: es la manera de que la noche no se convierta en un problema.
También conviene recordar un detalle: al ser partido único, los clubes suelen ajustar precios con una lógica distinta a la de un partido de Liga. No hay “doble oportunidad”; el valor deportivo es mayor, y la demanda suele dispararse si el rival es grande o si la eliminatoria tiene narrativa especial.
Reglamento en pocas palabras, pero con la precisión que importa en cuartos
La Copa del Rey 2025-26 se juega, casi en su totalidad, como eliminatoria a partido único. Cuartos incluidos. Si el partido termina empatado al final del tiempo reglamentario, se juega prórroga (dos tiempos de 15 minutos) y, si persiste el empate, penaltis. La excepción estructural del torneo llega en semifinales, donde sí hay ida y vuelta, y la final vuelve a ser partido único en sede neutral.
Además, el VAR ya está integrado en estas rondas. Esto importa porque cambia decisiones que antes se resolvían en el margen humano del ojo: goles anulados por centímetros, penaltis revisados, expulsiones que se sostienen o se corrigen. La Copa no deja de ser fútbol, pero en estas fases se convierte también en un ejercicio de paciencia: cuando el árbitro se lleva la mano al auricular, el estadio aguanta la respiración.
Por último, la localía en esta ronda ya no depende de categorías salvo el caso del único equipo de menor categoría: el Albacete será local sí o sí. En el resto, el orden del sorteo define quién juega en casa.
El mes en que la Copa aprieta de verdad
A partir de aquí, la Copa deja de ser una promesa y se convierte en calendario. Febrero aparece con cuatro noches que pueden cambiar el relato de media temporada en un instante. Albacete–Barcelona es la eliminatoria del contraste: el equipo de Segunda que ya tumbó al Madrid contra el campeón que vive con la exigencia diaria de ganar. Betis–Atlético es el duelo de dientes apretados, de partido que se decide por una jugada de talento o un error mínimo. Alavés–Real Sociedad mezcla necesidad y ambición, con Mendizorroza como escenario de esos en los que el favorito, si duda, lo paga. Valencia–Athletic es Copa en estado puro, con dos clubes que han hecho del torneo parte de su identidad, y con un partido único que obliga a ir al límite.
El sorteo ya es pasado; lo que queda es lo incómodo, lo bueno: un balón que bota mal, una falta en la frontal, un córner al segundo palo, un portero que se estira y toca lo justo. Y entonces, en febrero, ya no se habla de “favoritos” con tanta alegría. Se habla de quién pasa. Y de quién se queda mirando.
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Este artículo ha sido redactado basándose en información procedente de fuentes oficiales y medios de referencia, garantizando su precisión y actualidad. Fuentes consultadas: RFEF, Diario AS, El Confidencial, RTVE Deportes.
Alessandro Elia
Fuente de esta noticia: https://donporque.com/sorteo-copa-del-rey/
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