
Los sistemas fiscales actuales muestran límites claros para frenar el consumo de bebidas azucaradas y alcohólicas. En consecuencia, estos productos se volvieron más accesibles y su consumo sigue en alza en numerosos países.
Al mismo tiempo, los sistemas de salud enfrentan una presión financiera creciente. Esto ocurre porque aumentan las enfermedades no transmisibles y las lesiones que, en gran medida, podrían prevenirse.
Así, mientras el mercado obtiene ganancias millonarias, las sociedades asumen los costos sanitarios y económicos a largo plazo.
Precios bajos, consumo alto y más enfermedades
La reducción sostenida de impuestos hizo que refrescos y alcohol sean cada vez más baratos. Por eso, su consumo se expandió especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes.
Este patrón está directamente vinculado con mayores tasas de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Además, se asocia a distintos tipos de cáncer y a lesiones evitables.
A la par, el impacto no es solo individual. Los sistemas públicos deben destinar más recursos a tratar enfermedades que podrían prevenirse con políticas fiscales más firmes.
Un mapa fiscal desigual
Aunque más de un centenar de países aplican impuestos a las bebidas azucaradas, muchos productos con alto contenido de azúcar quedan fuera. Por lo tanto, jugos industrializados, bebidas lácteas endulzadas y cafés listos para beber siguen siendo accesibles.
En el caso del alcohol, la mayoría de los países grava su venta, pero los impuestos no acompañan la inflación ni el aumento de ingresos. De este modo, el alcohol se vuelve relativamente más barato con el tiempo. Esta brecha fiscal debilita el efecto preventivo y deja intacto un consumo que impacta en la salud colectiva.

Efectos en la salud y riesgos durante el verano
Las bebidas azucaradas favorecen la deshidratación y elevan rápidamente los niveles de glucosa en sangre. Por eso, en verano aumentan el riesgo de golpes de calor, fatiga y malestar general.
El alcohol, por su parte, interfiere con la regulación térmica del cuerpo. Además, incrementa la pérdida de líquidos y reduce la percepción del cansancio y del calor extremo.
Durante los meses más cálidos, estos efectos se intensifican. Por esa razón, especialistas recomiendan evitarlas y priorizar agua segura y bebidas sin azúcar.
Por qué los expertos aconsejan reducir su consumo
Reducir el consumo de estas bebidas disminuye el riesgo de enfermedades crónicas y mejora la salud metabólica. Al mismo tiempo, ayuda a prevenir lesiones y episodios de violencia asociados al alcohol.
Desde una mirada preventiva, los impuestos más altos funcionan como una herramienta eficaz para desalentar su consumo. Además, generan recursos que pueden destinarse a fortalecer los sistemas de salud.
En este contexto, la evidencia muestra que combinar políticas fiscales, información clara y opciones saludables resulta clave para proteger la salud pública, especialmente en verano.
Fuente de esta noticia: https://noticiasambientales.com/bienestar/segun-la-onu-aumentar-los-impuestos-a-las-bebidas-alcoholicas-y-azucaradas-podria-ayudar-a-salvar-vidas/
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