

Durante décadas, las historias sobre olas gigantes en el océano Pacífico sonaban a exageraciones de marineros. Relatos de paredes de agua imposibles, más altas que edificios, que aparecían de la nada en mar abierto. Hoy, gracias a la observación satelital, esas historias dejaron de ser mitos. Recientemente, satélites científicos confirmaron la existencia de olas de hasta 35 metros de altura, cambiando por completo lo que creíamos saber sobre el océano y revelando que el mar sigue siendo un territorio tan fascinante como impredecible.
Olas gigantes en el océano Pacífico: de mito a evidencia científica
Durante años, la oceanografía trabajó con un “límite razonable”: olas de hasta 12 o 15 metros incluso en tormentas severas. Todo lo que superara ese umbral era visto como estadísticamente improbable. Sin embargo, los satélites con altímetros de alta precisión empezaron a mostrar otra realidad.
En diciembre de 2025, un satélite detectó un pico abrupto en la superficie del mar entre Hawái y las islas Aleutianas. No era un tsunami ni una ola amplificada por la costa. Era una ola gigante aislada, formada en pleno océano abierto, que alcanzó los 35 metros de altura. Más alta que un edificio de diez pisos. Un dato que obligó a reescribir los modelos clásicos del oleaje.
¿Cómo se forman estas olas gigantes de 35 metros?
Estas olas no aparecen al azar ni por “mala suerte”. Se forman cuando sistemas de viento extremadamente potentes se alinean durante largos periodos sobre enormes extensiones de agua abierta. El océano actúa como una batería: acumula energía, la apila ola tras ola, hasta que esa energía se libera de forma brutal.

El resultado es una pared de agua que surge casi sin aviso y que, en la mayoría de los casos, nunca llega a la costa. Se disipa en mar abierto, lejos de la vista humana. Por eso, durante tanto tiempo, solo existieron testimonios fragmentados de barcos dañados o desaparecidos. El Pacífico no cambió: cambió nuestra capacidad para observarlo.
Satélites, espacio y un océano lleno de secretos
La clave de este descubrimiento está en la tecnología espacial. Los satélites modernos pueden detectar variaciones de apenas centímetros en la altura del océano, incluso desde cientos de kilómetros sobre la Tierra. Lo que para un barco es un horizonte aparentemente plano, para un satélite es un mapa dinámico lleno de anomalías.

Estos datos permiten identificar patrones, zonas de mayor riesgo y condiciones específicas que favorecen la formación de olas extremas. De hecho, el estudio que respalda estas observaciones fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), una de las revistas científicas más importantes del mundo. Ya no hablamos de anécdotas: hablamos de ciencia dura.
El día en que el mar dejó de ser solo mar
Detectar olas gigantes en el océano Pacífico no es solo una curiosidad viral. Tiene consecuencias muy reales. Las rutas marítimas, las plataformas petroleras, los parques eólicos marinos y los cables submarinos dependen de modelos de riesgo precisos. Subestimar la fuerza del océano puede costar vidas y miles de millones de dólares. Con estos nuevos datos, las navieras pueden ajustar trayectorias, los ingenieros pueden diseñar infraestructuras más resistentes y los sistemas de alerta pueden volverse más inteligentes. En un contexto de cambio climático, donde las tormentas son cada vez más intensas, entender estos fenómenos ya no es opcional.

El océano Pacífico: más visible, no más peligroso
Hay algo importante que aclarar: los satélites no están haciendo que el océano sea más peligroso. Están haciendo visible un peligro que siempre existió. Durante siglos, el mar ha operado bajo reglas que apenas empezamos a comprender. Este descubrimiento nos recuerda que vivimos en un planeta dinámico, donde incluso lo que parece estable puede esconder fuerzas extremas. Un océano vasto, poderoso y todavía lleno de secretos, observado ahora desde el espacio con ojos científicos.

Las olas gigantes de hasta 35 metros en el océano Pacífico no son una anomalía aislada ni una leyenda exagerada. Son una parte real de la dinámica del planeta que recién ahora empezamos a medir con precisión. Gracias a los satélites, el océano dejó de ser solo un paisaje y se convirtió en un sistema vivo, complejo y desafiante. La gran pregunta ya no es si existen estas olas, sino qué otros secretos siguen ocultos bajo la superficie del mar y cuánto estamos preparados para entenderlos.
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/sci-innovacion/oceano-pacifico-olas-gigantes/
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