
«“Señor, muéstranos al Padre y nos basta”, le dijo Felipe. Jesús le dijo: “¿Tanto tiempo he estado con ustedes, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí? Las palabras que Yo les digo, no las hablo por Mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en Mí es el que hace las obras. Créanme que Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí; y si no, crean por las obras mismas”» (Juan 14:8-11).
A los niños les encanta hacer preguntas. Aunque muchas veces su deseo es conocer cosas nuevas, en ocasiones sus preguntas son sobre cosas de las que ya tienen respuestas. Ellos vuelven a preguntar simplemente porque no prestaron atención o no entendieron lo que se les dijo.
A los discípulos de Jesús les pasó algo similar. Durante su última cena con los discípulos, Jesús compartió con ellos grandes enseñanzas sobre lo que estaba por sucederle y la esperanza que ellos podían tener al creer que Dios mismo estaba con ellos en Él en ese momento y seguiría estando con ellos aun después de su partida (14:7).
En medio de estas verdades, Felipe, uno de los discípulos, hace a Jesús una petición que ya les había sido concedida: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». En otras palabras, «¿puedes por favor mostrarnos a Dios?». Esta petición y pregunta reveló que, a pesar del tiempo que los discípulos habían pasado con Jesús, ellos necesitaban conocerlo aún más. Todavía no habían entendido quién era Aquel que estaba delante de ellos.
En el Antiguo Testamento, Moisés hizo esta petición y le fue dada una visión limitada de la gloria de Dios (Éx 33:18). Los discípulos, en cambio, tenían el resplandor mismo de la gloria de Dios caminando entre ellos (2 Co 4:4). Isaías recibió una visión de Dios sentado en un trono alto y sublime y los discípulos tenían a ese mismo Dios lavando sus pies. El Dios eterno e inmortal, Aquel que habita en luz inasequible, se acercó a nosotros en Jesús. Conocer a Jesús es conocer a Dios. Él es la imagen del Dios invisible (Col 1:15).
El Dios hecho hombre, que habitó entre los discípulos, es el mismo que habita en nosotros (Col 1:27) y que se ha revelado en su total esplendor a través de su Palabra para que podamos conocerle tal y como Él es. A través de las Escrituras y su presencia habitando en nosotros, Jesús está en medio nuestro revelándonos al Padre. Él quiere que le conozcamos, porque no hay mayor plenitud que conocerlo íntimamente (Jn 17:3).
¿Cómo podemos buscar que cada área de nuestras vidas sea un reflejo de que Él ha estado en medio nuestro y que genuinamente lo conocemos?
Patricia Namnún
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/conociendo-dios/
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