

CLAVES ANCESTRALES PARA COMPRENDER LA MENTE, EL UNIVERSO Y EL ESPÍRITU.
El Kybalión es un compendio filosófico publicado en 1908 por los llamados “Tres Iniciados”, basado en las enseñanzas atribuidas a Hermes Trismegisto, figura legendaria asociada con la sabiduría antigua de Egipto y Grecia. Su valor no está en su origen histórico exacto, sino en la profundidad simbólica y práctica de los principios herméticos, los cuales se entienden como leyes universales que rigen tanto el plano físico como el mental y espiritual.
A continuación, exploramos los 7 principios herméticos de forma clara y aplicada.
- Principio del Mentalismo:
“El TODO es mente; el universo es mental.”
Este principio afirma que la realidad no es puramente material, sino una proyección de una mente universal. Todo lo que existe surge primero en la conciencia.
Implicación:
Nuestros pensamientos, creencias y emociones influyen directamente en cómo percibimos y experimentamos el mundo. No solo vivimos en un universo físico, sino también en uno psicológico.
Aplicación práctica:
Cuidar el diálogo interno, observar los pensamientos y cultivar estados mentales elevados transforma nuestra experiencia de vida.
- Principio de Correspondencia:
“Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.”
Sugiere que existe una relación constante entre todos los planos de existencia: físico, mental y espiritual. Lo micro refleja a lo macro.
Implicación:
El ser humano es un reflejo del cosmos. Comprender nuestros procesos internos permite entender patrones universales.
Ejemplo:
El sistema solar se asemeja a la estructura del átomo; las estaciones del año reflejan ciclos emocionales.
- Principio de Vibración:
“Nada está inmóvil; todo vibra.”
Todo en el universo está en movimiento, aun cuando parece estático. Cada objeto, pensamiento o emoción vibra a una determinada frecuencia.
Implicación:
Nuestros estados emocionales son frecuencias. Al elevar nuestra vibración, transformamos nuestro entorno.
Aplicación:
La música, la respiración consciente y la intención son formas de modificar nuestra vibración.
- Principio de Polaridad:
“Todo es dual; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado.”
Los extremos son complementarios. Por ejemplo, calor y frío no son opuestos absolutos, sino distintos niveles de una misma cosa.
Implicación:
Podemos transmutar emociones cambiando su grado, no luchando contra ellas.
Ejemplo:
El odio puede transformarse en amor, cambiando su polaridad interna.
- Principio del Ritmo:
“Todo fluye y refluye; todo tiene ciclos.”
Todo en la vida se mueve en ritmos: día-noche, nacimiento-muerte, expansión-contracción.
Implicación:
Las crisis y las expansiones forman parte de un movimiento natural. Resistirlas genera sufrimiento.
Aplicación:
Aceptar los ciclos permite atravesarlos con sabiduría y menor desgaste.
- Principio de Causa y Efecto:
“Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa.”
Nada ocurre por azar. Todo lo que sucede es consecuencia de un orden previo.
Implicación:
Somos responsables de nuestra realidad. Cada pensamiento, acción o decisión genera consecuencias.
Aplicación:
Tomar conciencia de nuestras elecciones nos devuelve el poder personal.
- Principio de Generación:
“La generación se manifiesta en todo; todo tiene su principio masculino y femenino.”
No se refiere al género en términos biológicos, sino a fuerzas universales: lo activo y lo receptivo, lo creativo y lo gestacional.
Implicación:
Toda creación requiere equilibrio entre acción y recepción, intención y fertilidad.
Ejemplo:
La mente consciente (masculina) y la mente subconsciente (femenina) trabajan juntas para manifestar experiencias.
Cuando recordar quién eres lo cambia todo.
Comprender los principios herméticos no es simplemente acumular conocimiento esotérico. Es iniciar un proceso interno de despertar, donde el ser humano deja de verse como una víctima de las circunstancias para reconocerse como un participante consciente dentro de una danza universal.
Cada principio del Kybalión nos devuelve una responsabilidad sagrada:
la de hacernos cargo de nuestra mente, nuestra vibración, nuestras decisiones y nuestros ciclos. No desde la culpa, sino desde la conciencia.
En un mundo donde constantemente se nos enseña a delegar nuestro poder (en sistemas, en creencias, en figuras externas) el conocimiento hermético actúa como una llave silenciosa. No para controlar a otros, sino para recordarnos quiénes somos en esencia: una extensión consciente del Todo.
Cuando comprendemos que todo es mente, dejamos de reaccionar de manera automática. Aprendemos a observar nuestros pensamientos como arquitectos, no como prisioneros. Y cuando entendemos que todo vibra, empezamos a elegir con más cuidado nuestras palabras, nuestras emociones, nuestras compañías, incluso nuestros silencios, porque sabemos que cada cosa emite frecuencia, y que toda frecuencia crea realidades Aceptar el principio del ritmo nos otorga paz: ya no luchamos contra los momentos de oscuridad, sino que los comprendemos como noches necesarias para valorar el amanecer.
Y al comprender la polaridad, dejamos de etiquetar la vida en términos de “bueno o malo”, para empezar a verla como un continuo donde todo tiene propósito si se mira desde una conciencia más amplia.
El principio de causa y efecto nos libera del victimismo, pero también del orgullo: entendemos que no todo lo controlamos, pero sí cómo respondemos. Y en esa respuesta, se define nuestra evolución.
Finalmente, al comprender la generación como ley universal, reconocemos que crear no es solo “hacer”, sino también gestar, nutrir, sentir, esperar y permitir. Que también hay poder en lo suave, en lo receptivo, en el silencio.
Y ahí ocurre lo verdaderamente transformador:
Dejamos de querer dominar el mundo…
y empezamos a armonizarnos con él.
Porque el verdadero iniciado no busca imponer su voluntad sobre la realidad,
sino alinearse con ella,
escuchar su pulso,
respetar sus ciclos,
danza con su misterio,
y recordar… que no vino a sobrevivir, sino a despertar, integrar y crear con conciencia.
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” Isaías 26:3 (RVR1960)
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