Hay canciones que no se escriben con tinta, sino con lágrimas templadas al fuego de la nostalgia y la madrugada. Son partituras que trascienden el pentagrama para convertirse en el latido mismo de un pueblo. En la génesis de uno de los himnos más profundos de la gaita zuliana late un misterio hermoso: aquel en el que el tiempo, la muerte y el arte se dieron cita una madrugada de 1980 bajo el ventanal de Renato Aguirre.

Hoy, en el Día del Gaitero, fecha que desde 1983 consagra la memoria eterna del inmortal Ricardo Aguirre «El Monumental«, partió un 8 de noviembre de 1969, recordamos la génesis de «Aquel Zuliano«. No se trata solo de una obra maestra de nuestro folclor y patrimonio cultural; es la crónica de un reencarnación onírica convertida en poesía popular.
El sueño y la vigilia: Un misterio grato
Corría el año 1980. Once años habían transcurrido desde el trágico silencio de «El Monumental«, cuando su hermano, el insigne compositor Renato Aguirre, fue visitado por el duende de los recuerdos. En la penumbra de una noche de musas y nostalgias, Ricardo regresó en un sueño profundamente vívido. Conversaron como en los viejos tiempos, desafiando el abismo de la ausencia, hasta que las primeras luces del alba anunciaron la despedida.
Al despertar con el pulso acelerado y una melodía danzando en el pensamiento, Renato se asomó al ventanal de su habitación. La realidad pareció fundirse con el sortilegio: allí, recostado contra la pared, reposaba un cuatro en físico. Aunque la lógica mundana dictaba que había sido olvidado la noche anterior por unos familiares tras una tertulia gaitera, la coincidencia exacta con su visión onírica estremeció el alma del poeta. No era un simple instrumento; era la inspiración tocando a su puerta.
La eternidad hecha verso
Impulsado por ese fuego sagrado, Renato corrió a verter su asombro en el papel con versos donde la madera (cuatro) y el sentimiento se hicieron canción. El tema inmortalizado después en la voz magistral de Ricardo Cepeda «El Colosal» y respaldado por colosos de la talla de Cardenales del Éxito y La Universidad de la Gaita, selló el suceso en la memoria colectiva del Zulia con aquellas notas inolvidables:

“La luz nace en la mañana / interrumpe en mí el ensueño / la voz creo que fue un sueño / pero hay un misterio grato: / dejó olvidado su cuatro debajo de mi ventana”.
Un tributo al gentilicio
Hoy, cuando el cuatro y la tambora resuenan con especial fervor en cada esquina de nuestra tierra para celebrar el Día del Gaitero, rendimos un sentido homenaje a la estirpe de los Aguirre.
Aquel cuatro olvidado bajo el ventanal de Renato no fue un olvido del azar, sino un regalo del destino para recordarnos que los grandes creadores nunca mueren del todo; simplemente se convierten en la brisa que afina nuestras gaitas y en el alma eterna del Zulia.
Diseño: Haroldo Manzanilla
Foto: Cortesía
Noticia al Día
https://noticialdia.com/cultura/el-cuatro-que-desperto-al-zulia-tras-las-cuerdas-misticas-de-aquel-zuliano/
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