
Consultor / Especializado en Derecho Minero Energético
Un Estado que planifica adecuadamente su economía no debería vivir permanentemente bajo la incertidumbre que generan los periodos de baja disponibilidad energética asociados a los ciclos climáticos naturales El Niño y La Niña,propios de nuestra región ecuatorial. Mucho menos cuando la naturaleza nos ha dotado de una abundancia excepcional de recursos que, bien administrados, permitirían construir una matriz energética diversificada y con suficientes márgenes de seguridad. Colombia cuenta hoy con una matriz eléctrica en la que predomina claramente la generación hidráulica, con cerca del 62 % de la capacidad instalada, frente al 29 % de origen térmico, alrededor del 9 % solar y una participación eólica aún marginal.
La sobre oferta energética, sin embargo, no se limita a evitar el racionamiento. Su propósito más profundo es garantizar la seguridad energética, es decir,
Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha advertido que el fenómeno de El Niño reduce las precipitaciones y eleva las temperaturas, circunstancias que exigen preparación nacional y planes de contingencia.
Imaginemos un país capaz de ofrecer energía a precios competitivos al sector industrial. Dado que los costos energéticos tienen un peso significativo en muchas cadenas productivas, disponer de un kilovatio-hora más estable y asequible podría traducirse en bienes y servicios de menor precio y en una mayor capacidad para competir en los mercados nacionales e internacionales.
Aprovechar nuestras riquezas naturales exige una planificación seria. El desarrollo de sistemas de generación hidroeléctrica en cascada en el río Cauca y en la cuenca alta del río Magdalena, junto con proyectos térmicos, solares y eólicos debidamente articulados con la red eléctrica, podría mejorar la disponibilidad de energía en el país. Sin embargo, esta expansión debe llevarse a cabo con rigor ambiental y social, mediante evaluaciones de impacto, participación de las comunidades, protección de los ecosistemas, uso eficiente del agua y compensaciones justas.
El desafío, entonces, no consiste en elegir entre hidroeléctricas, centrales térmicas o energías renovables, sino en combinar estas fuentes de manera inteligente. Colombia necesita una política energética de Estado que se mantenga más allá de los ciclos de gobierno y que contemple la planificación a largo plazo, la inversión en redes, el almacenamiento de energía, la eficiencia en el consumo y mecanismos tarifarios de carácter social.
https://laotracara.co/opinion/la-seguridad-energetica-base-del-desarrollo-economico-de-colombia/
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