
Las aves migratorias del Ártico transmiten gripe aviar a los osos polares de Groenlandia, según un estudio que halló pruebas de infección en muestras de sangre de ejemplares recolectadas por cazadores inuit en el este de Groenlandia.
La investigación reveló que, entre 2024 y 2025, la tasa de exposición al virus entre los animales analizados se duplicó, lo que enciende alertas sobre la propagación de enfermedades en el Ártico.
El estudio publicado en la revista Emerging Infectious Disease y divulgado en Phys.org fue liderado por Kayla Buhler, becaria postdoctoral del Centro K. Lisa Yang para la Salud de la Fauna Silvestre de la Universidad de Cornell, en la Facultad de Medicina Veterinaria, y primera autora de la investigación.
“Con el cambio climático, sabemos que los osos están modificando su dieta y es probable que se expongan a muchos patógenos nuevos en tierra firme a los que podrían no estar expuestos, dado que provienen de una vida altamente adaptada al hielo”, afirmó Buhler.
Cada año, una amplia variedad de especies de aves provenientes de todo el mundo migra hacia el norte a través de las rutas migratorias del Atlántico Oriental y del Atlántico Norteamericano para reproducirse en el Ártico y en Groenlandia. Una vez allí, se congregan en grandes colonias, lo que genera condiciones ideales para la mezcla y transmisión del virus.
Las aves costeras y acuáticas son los principales reservorios de la influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP), el término técnico para designar las cepas del virus gripal que afectan a estos animales y que pueden, en ciertos casos, infectar a mamíferos.
El retroceso del hielo marino, consecuencia directa del calentamiento del Ártico, que avanza a cuatro veces la velocidad del promedio global, obliga a los osos polares a buscar alimento en tierra firme. Allí entran en contacto con colonias de aves y sus huevos, cadáveres infectados y otros animales portadores del patógeno.
“En Svalbard, Noruega, vemos que los osos polares están cazando renos, algo nunca visto antes. Allí, y en muchas otras partes del Ártico, están empezando a atacar las colonias de aves”, señaló Buhler.
La transmisión puede ocurrir cuando los mamíferos consumen aves, huevos o focas infectadas, ya sean vivas o muertas. Además, los animales con una infección activa podrían propagar el virus entre otros organismos al congregarse en zonas de caza con cadáveres o cerca de contenedores de basura próximos a asentamientos humanos.
Los coautores de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, recolectaron un total de 109 muestras de sangre cardíaca entre 2016 y 2025, obtenidas de cazadores inuit que operan en los alrededores de Scoresby Sound.
En el laboratorio, los científicos separaron el plasma sanguíneo de cada muestra y analizaron la presencia de anticuerpos contra la influenza A: proteínas que produce el sistema inmunológico cuando enfrenta ese tipo de virus y que permiten detectar una infección pasada, incluso si el animal ya se recuperó.
De las muestras tomadas entre 2016 y 2023, no se detectó ninguna infección. En 2024, sin embargo, los científicos hallaron anticuerpos en el 21% de 14 osos analizados. En 2025, esa proporción trepó al 43% del mismo número de animales, y pruebas adicionales identificaron cuatro ejemplares con anticuerpos específicos contra cepas de IAAP.
“No estamos detectando infecciones activas; estamos detectando una infección previa que el animal ya ha superado”, aclaró Buhler. “Este es uno de los primeros estudios que demuestra que los osos pueden recuperarse y estar bastante bien después de una infección”.
El hallazgo en Groenlandia no es un hecho aislado. En 2026, en Svalbard, científicos informaron la muerte de un joven oso polar a causa de la IAAP tras consumir una morsa infectada. Un año antes, en 2025, otro estudio detectó el agente infeccioso de la influenza aviar H5N5 en zorros árticos de la misma región, animales que se alimentan de carroña y depredan aves y huevos.
Ambos estudios reportaron mutaciones en el virus que se sospecha aumentan la probabilidad de que infecte a los mamíferos. En Groenlandia también se encontraron aves muertas con cepas de IAAP, entre ellas H5N1 y H5N5.
La acumulación de casos abre interrogantes que los investigadores aún no pueden responder: si los virus de IAAP presentes en Groenlandia contienen mutaciones que los hacen más infecciosos para los mamíferos, y si un oso polar podría transmitirle el virus a otro de su especie.
Los cazadores que colaboran con el estudio, quienes poseen un amplio conocimiento tradicional de estos animales, no observaron osos con signos visibles de enfermedad. Dado el momento en que se realizó la caza, en primavera, los científicos estiman que los ejemplares se expusieron al patógeno durante el verano anterior, cuando el contacto con la fauna aviar migratoria es mayor.
“Es importante que controlemos qué nuevos patógenos se están estableciendo en los osos polares, ya que desconocemos cómo les afectarán”, advirtió Buhler. “A medida que las poblaciones se ven cada vez más afectadas, las enfermedades y los patógenos podrían desempeñar un papel en los esfuerzos de conservación”.
https://mudosocial.com/medio-ambiente/como-el-deshielo-del-artico-esta-exponiendo-a-los-osos-polares-a-un-virus-que-nunca-habian-enfrentado/
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