
El regreso de una cicatriz necesaria: De la incertidumbre al rugido en el Antel Arena

Hay regresos que operan por simple nostalgia de taquilla y otros que conmueven las fibras más profundas de la identidad de un país. En octubre de 2026, el ecosistema cultural uruguayo se sacudió con una señal sutil en redes sociales: una fotografía despojada, un isólogo inconfundible y un verso cargado de peso histórico: “Rachas de aire nuevo soplan desde el alma”. El murmullo de los foros, los grupos de mensajería y las conversaciones de boliche se convirtió en certeza el 23 de octubre, cuando La Trampa confirmó formalmente su vuelta a los escenarios bajo el lema “Canciones al viento”, pautado para el 12 de mayo de 2027 en el Antel Arena.
Lo que sucedió a continuación trascendió las expectativas de la industria musical rioplatense. En la preventa exclusiva para clientes del BROU, las localidades para esa primera fecha del 12 de mayo se agotaron en cuestión de horas (marcando récords de venta en apenas ocho horas de expendio). La inmediata apertura de la segunda función para el 13 de mayo corrió idéntica suerte: entradas totalmente agotadas en menos de 24 horas. Ante esta conmoción popular que evoca las gestas multitudinarias de sus mejores épocas, la producción (a cargo de Celeste Music) anunció una tercera fecha para el sábado 15 de mayo de 2027, con localidades habilitadas para todos los medios de pago a través de Antel Arena y redes de cobranzas en todo el país.
A nueve años de su última presentación en vivo y a casi dos décadas de su última placa de estudio, La Trampa no vuelve como un ejercicio de melancolía complaciente. Su cancionero, moldeado con fiereza poética y una arquitectura sonora irrepetible en el Río de la Plata, mantiene una vigencia visceral. Esta crónica no pretende ser una gacetilla de ocasión ni una reseña apresurada; es un recorrido exhaustivo por la génesis, el auge, las tensiones, los discos, los libros y la mitología de una de las agrupaciones más determinantes y singulares de la historia del rock uruguayo.
Los cimientos: Horas-puente, arquitectura y el debut en las catacumbas montevideanas (1990–1995)
La historia de La Trampa comienza a gestarse a mediados de 1990. En los pasillos y aulas de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República (Udelar), dos jóvenes estudiantes cruzaban afinidades musicales, visiones plásticas y reflexiones sobre la grisura de la posdictadura: el guitarrista y compositor Garo Arakelian y el tecladista Sergio Schellemberg. En esas “horas-puente”, entre tableros de dibujo y debates estéticos, nació la semilla de una banda que se proponía abordar el rock desde un rigor conceptual infrecuente.
El debut en vivo tuvo lugar el 3 de mayo de 1991 en el Teatro El Tinglado, compartiendo cartel con Cadáveres Ilustres. En aquel elenco iniciático figuraban Martín Rosas en voz líder, Gabriel Francia en bajo, Nicolás Rodríguez en batería, Schellemberg en teclados y Arakelian en guitarra. Hacia agosto de 1991 grabaron su primer demo en cassette de cuatro pistas, donde ya asomaban canciones fundacionales como “Arma de doble filo” y “Vals”.
En 1992, el grupo dio un paso significativo al presentarse en la emblemática Sala Verdi junto al trovador Eduardo Darnauchans. Aquel puente con el “Darno” selló una marca de origen: La Trampa no pretendía replicar el sonido anglosajón enlatado; dialogaba de igual a igual con la canción de autor uruguaya, con la poesía trágica y con la melancolía montevideana.
El año 1993 trajo la conformación de la columna vertebral definitiva. Tras la salida de Rosas y Francia, se incorporaron Alejandro Spuntone en la voz —dueño de un timbre barítono rasgado, dramático y de imponente proyección escénica— y Carlos Ráfols en el bajo. El 14 de mayo de 1993, esta formación debutó en el patio de la Facultad de Arquitectura junto a El Cuarteto de Nos.
En 1994, con Daniel González en batería, el grupo ingresó a Estudio Records para registrar su disco debut: Toca y Obliga (1994, sello Orfeo). Con una producción cruda y urgente, el álbum presentaba temas como “Dulces tormentos”, “Arma de doble filo” y “Vagos recuerdos”. Era un rock directo, oscuro y con tintes de hard rock callejero, pero donde ya se advertía una pluma que escapaba a los lugares comunes del género.
La forja de una identidad: Calaveras y el maridaje con la milonga (1996–1998)
Si Toca y Obliga fue la carta de presentación en el circuito under, Calaveras (1997, sello Ayuí/Tacuabé) constituyó el verdadero manifiesto estético de La Trampa.
Hacia 1996 se produjo un cambio crucial en la batería: ingresó Álvaro “Alvin” Pintos (baterista histórico de El Cuarteto de Nos), quien aportó una solidez rítmica demoledora y una ductilidad clave para lo que Arakelian tenía en mente. En Calaveras, La Trampa inventó prácticamente un subgénero: el rock de raíz milonguera y tanguera, donde los compases camperos del litoral y el arrabal montevideano se cruzaban con guitarras distorsionadas de afinación pesada.
Canciones monumentales como “Calaveras”, “Yo sé quién soy”, “Mar de fondo” y la primera versión de “Las cruces del corazón” expusieron una lírica atravesada por el dolor existencial, la dignidad obrera, la muerte, el desgarro amoroso y la geografía portuaria. Garo Arakelian demostró una capacidad única para rimar con métrica rigurosa sin perder aspereza callejera, mientras la interpretación de Spuntone alcanzaba cotas de auténtica catarsis.
Aparecieron en grandes festivales como el histórico Rock de Acá (1997) en el Teatro de Verano Ramón Collazo y en ciclos multitudinarios en La Factoría. La Trampa comenzaba a construir una legión de seguidores que no asistía a un recital a festejar una fiesta pasatista, sino a vivir una ceremonia de pertenencia.
Tensión y fractura: Resurrección y la refundación como cuarteto (1999–2001)
A fines de los años noventa, el país comenzaba a mostrar los síntomas tempranos de un deterioro socioeconómico severo. En ese clima espeso, La Trampa editó Resurrección (1999, Koala Records).
El disco contenía piezas de enorme intensidad dramática: “Contrapiso para el alma”, “Vendas en el corazón”, “Maldición” y “Ahuyentando el miedo”. El sonido ganaba en pesadez metálica y la lírica se volvía cada vez más afilada y descarnada. La banda se presentó en festivales de gran calibre en el Teatro de Verano, compartiendo cartel con pesos pesados internacionales como La Renga (2000) y Attaque 77.
Sin embargo, a la interna del grupo las visiones comenzaban a bifurcarse. En 2001, Sergio Schellemberg —socio fundador y tecladista— decidió dar un paso al costado. Su alejamiento marcó un punto de inflexión radical: La Trampa prescindió de los teclados y se refundó como un power quartet clásico (guitarra, bajo, batería y voz). Con Garo Arakelian asumiendo el timón compositivo absoluto, la banda afinó las guitarras, desnudó los arreglos y ganó en filo, velocidad y contundencia.
El vértice de la crisis: Caída Libre y la consagración popular (2002–2004)
El año 2002 permanece grabado en la memoria colectiva del Uruguay como el año del colapso: corrida bancaria, corralito, fábricas cerradas, devaluación estrepitosa y miles de jóvenes emigrando con una valija hacia España o Estados Unidos.
En ese epicentro de desolación, La Trampa publicó Caída Libre (2002, Koala Records). Lejos de esquivar la realidad o refugiarse en consignas panfletarias, el disco se transformó en la crónica más descarnada y honesta de ese tiempo histórico. Como declararía Arakelian décadas después al periódico la diaria: “Era el fin del mundo tal cual lo habíamos conocido”.
Temas como “Caída libre”, “Luna de marzo”, “Cruz diablo”, “Santa Rosa”, “Muerte serena” y “Los ojos de Mariam” resonaban con una fuerza estremecedora. La frase de apertura de “Caída libre” sintetizaba el espíritu de una generación arrinconada:
“No hay suelo más duro que el que no se puede tocar…”
El disco fue un fenómeno de ventas y boca a boca, alcanzando rápidamente la certificación de Disco de Oro y Platino. Miles de jóvenes hallaron en la voz de Spuntone el desahogo de una rabia contenida.
Para documentar la potencia de esa etapa, los días 12 y 13 de setiembre de 2003 la banda llenó el Teatro Talleres Don Bosco de Montevideo y grabó su primer registro oficial en vivo
: Frente a frente (2003, Koala Records). El álbum, además de capturar un recital demoledor, incluyó dos versiones que conmovieron al circuito: “De nosotros dos”, de Eduardo Mateo, llevada a un rock desgarrado y potente, y “De despedida”, de Eduardo Darnauchans. El trabajo fue galardonado como Disco de Oro y cosechó dos estatuillas en los Premios Graffiti 2004: Mejor Show Nacional y Artista del Año.
La marea del Pilsen Rock: Durazno y la consagración multitudinaria
Entre 2003 y 2006, Uruguay vivió una explosión inédita de su rock vernáculo, motorizada por el legendario Pilsen Rock en el Parque de la Hispanidad de Durazno.
Si bien grupos como La Vela Puerca y No Te Va Gustar lideraban las audiencias de corte festivo y mestizo, La Trampa representaba el pulso del rock pesado y oscuro. En las ediciones de 2004, 2005 y 2006, ante mareas humanas que oscilaron entre las 70.000 y las 150.000 personas, los conciertos de La Trampa se convirtieron en momentos cumbres del festival.
Las crónicas de la época en diarios como El País, La República y Brecha daban cuenta de un fenómeno visual conmovedor: el “pogo” en la polvareda roja de Durazno, banderas negras flameando de distintos barrios obreros y departamentos del interior, y una masa coreando estrofa por estrofa sin perder un ápice de emoción. Pocas semanas después de la cumbre de 2005, la banda revalidó su arrastre en la recordada Fiesta de la X en el Parque Batlle ante más de 100.000 personas.
La cumbre estética y poética: Laberinto (2005–2007)
Tras el impacto masivo de Caída Libre, La Trampa enfrentaba el desafío de no repetirse. En lugar de formular una réplica cómoda de sus éxitos, el grupo se recluyó en Canelones para concebir su trabajo más sofisticado: Laberinto (2005, Koala Records / editado en Argentina por Barca Discos).
El álbum contó con la producción artística del maestro Fernando Cabrera y fue mezclado y masterizado en los prestigiosos Estudios Panda de Buenos Aires. La mirada despojada, precisa y minimalista de Cabrera operó de forma magistral sobre la furia guitarrera de Arakelian.
Laberinto es una obra maestra del cancionero uruguayo. Contiene gemas como:
“Las décimas”: Una milonga-rock en décimas espinelas rigurosas, donde la métrica clásica popular se abraza a un riff colosal.
“Puente de estrellas”: Una balada eléctrica de belleza conmovedora.
“El poeta dice la verdad”: Homenaje y diálogo implícito con la lírica de Federico García Lorca.
“Los patios del alma” y “Araucaria”: Paisajismo urbano teñido de nostalgia y resistencia.
La recepción crítica y popular fue unánime. En los Premios Graffiti 2006, La Trampa arrasó obteniendo cinco premios:
Mejor Grupo del Año
Mejor Álbum del Año (Laberinto)
Mejor Tema del Año (“Las décimas”)
Mejor Compositor del Año (Garo Arakelian)
Mejor Artista según el Público
Ese mismo año, el Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad de la República distinguió a la banda con el título de Visitantes Ilustres / Honoris Causa, reconociendo su aporte al pensamiento crítico y a la cultura juvenil del país. La presentación formal de Laberinto colmó tres Teatros de Verano consecutivos con localidades absolutamente agotadas.
El último giro de tuerca: El Mísero Espiral de Encanto y la despedida (2007–2010)
En junio de 2007, el bajista Carlos Ráfols decidió abandonar la agrupación tras catorce años. Lejos de desmoronarse, la banda se replegó para encarar una reconfiguración interna profunda.
Se incorporó Diego Varela en el bajo y se oficializó el ingreso definitivo de Irvin Carballo en la batería (quien ya venía cubriendo los compromisos ante la demandante agenda internacional de Alvin Pintos con El Cuarteto de Nos). Asimismo, para robustecer las complejas capas de guitarras en vivo, se sumó la guitarrista Laura Romero.
En 2008, La Trampa selló contrato con Bizarro Records y publicó El Mísero Espiral de Encanto (2008). Considerado por analistas y críticos como el disco más arriesgado, denso y experimental de su carrera, la placa exploró texturas de rock alternativo, progresivo y post-punk con canciones de una tensión asfixiante como “Pensar y separar”, “Los días de milagro”, “Sin piel”, “Escapar” y “De barro y sal”.
A pesar de su complejidad sonora, el álbum conquistó el Disco de Platino y fue elegido como Álbum del Año por Votación Popular en los Premios Graffiti 2009. Fue presentado el 14 de noviembre de 2008 en un colmado Teatro de Verano.
Durante 2009 llenaron dos salas consecutivas de La Trastienda Club Montevideo y participaron en el festival Flores Rock ante 10.000 personas. No obstante, el desgaste acumulado tras dos décadas ininterrumpidas de autogestión, ensayos feroces y divergencias sobre el futuro artístico terminaron por pasar factura. A mediados de 2010, la banda decidió hacer una pausa por tiempo indefinido. Lo que muchos imaginaban como un receso transitorio se transformó en un silencio de casi siete años.
Rutas paralelas y proyectos solistas (2010–2016)
Durante el largo paréntesis, sus integrantes no abandonaron la creación cultural:
Alejandro Spuntone conformó junto al guitarrista Guzmán Mendaro el dúo acústico Spuntone & Mendaro, un proyecto que cosechó Discos de Oro y Platino versionando clásicos del cancionero nacional (Estado natural, El refugio). Asimismo, en paralelo a su faceta acústica, formó en 2013 la banda de rock El Resto de Nosotros junto a exintegrantes de Los Traidores (Víctor Nattero y Marcelo Oliveira) y Gastón Otero, editando su disco homónimo en 2014. Años después participó como vocalista invitado de la banda de hard rock El Asilo de la Bestia en el potente single “Enemigos”.
Garo Arakelian inició una aclamada trayectoria como solista y ensayista. Editó los discos Un mundo sin gloria (2014) y realizó presentaciones memorables bajo conceptos como Segundo Round y De nuevo en el ring. Arakelian dictó clínicas de composición, produjo a otros músicos y se afirmó como una voz de consulta ineludible en el pensamiento cultural uruguayo.
Irvin Carballo, Carlos Ráfols y Diego Varela continuaron activos en diversos proyectos de la escena montevideana.
El hito de los cinco Teatros de Verano: Mar de Fondo (2016–2018)
En setiembre de 2016, conmemorando los 25 años del origen del grupo, La Trampa anunció su regreso para ofrecer dos shows en el Teatro de Verano en marzo de 2017.
La respuesta popular fue tan descomunal que las entradas volaron en horas, obligando a abrir nuevas fechas hasta totalizar una cifra histórica: cinco noches a pleno en el Teatro de Verano Ramón Collazo (24, 25, 26, 30 y 31 de marzo de 2017). Más de 20.000 personas celebraron el reencuentro de la formación con Spuntone, Arakelian, Ráfols y Carballo.
En el marco de ese retorno se presentaron dos temas nuevos grabados en estudio: “El retador” (publicado como sencillo a fines de 2016) y “Hoy vengo a ver” (2017). Asimismo, se editó el compilado definitivo Colección histórica (Bizarro Records, 2016), galardonado con Disco de Platino y distinguido en los Premios Graffiti 2017 a la Mejor Edición Especial.
Los conciertos fueron registrados en sonido e imagen de alta definición, dando origen a la placa y DVD en vivo Mar de Fondo (2017, Bizarro Records), un testimonio demoledor de la comunión entre el escenario y la platea. Sin embargo, cumplido el ciclo de celebraciones y tras agotar la gira, el 2 de abril de 2018 la banda comunicó en sus redes oficiales el cese de actividades y su disolución definitiva.
La huella literaria y de investigación: La Trampa en los libros
Pocas bandas de rock uruguayo han merecido un abordaje bibliográfico tan profundo, analítico y riguroso como La Trampa. Lejos de biografías publicitarias o cancioneros superficiales, la banda inspiró tres obras fundamentales:
La Trampa: Sin miedo en la oscuridad — Ignacio Esteban Martínez (Editorial Fin de Siglo, 2017)
Con 232 páginas de minuciosa investigación periodística, este libro escrito por el periodista Ignacio Martínez se erige como la biografía colectiva definitiva del grupo. El texto reconstruye los orígenes, las tertulias iniciales, las fricciones internas jamás edulcoradas, la salida de miembros clave y el impacto social de sus canciones. La crítica de prensa destacó de forma unánime que el libro trasciende el fanatismo para ofrecer una pieza de investigación cultural sobre el Uruguay de entresiglos.
Caída Libre. La Trampa — Ramiro Sanchiz (Estuario Editora, Colección Discos, 2017)
El reconocido escritor, ensayista y crítico cultural Ramiro Sanchiz desentrañó el álbum más emblemático de la banda pista por pista. El volumen analiza la estética de Caída Libre como una respuesta lírica y sónica a la catástrofe del 2002, inscribiendo a La Trampa en una genealogía que conecta el rock industrial, el grunge, el tango rioplatense y la tradición poética oriental.
Canciones al viento: La arquitectura en la poética de La Trampa 1991–2008 (Edición independiente, 2017)
Un lúcido ensayo que explora el puente entre la formación como arquitecto de Garo Arakelian y la estructura espacial de sus textos. La obra analiza cómo las canciones construyen “ciudades interiores”, esquinas desiertas, plazas, cornisas y murallas que albergan las vicisitudes del habitante urbano uruguayo.
Asimismo, la trayectoria del grupo ocupa capítulos destacados en obras historiográficas del rock nacional como Solo para ti y En la noche de Mauricio Rodríguez, las investigaciones de Gabriel Peveroni, y los archivos documentales de radio y prensa como El Dorado FM, Radio Futura, En Perspectiva, la diaria y Brecha.
Catálogo discográfico canónico
A continuación se detalla la producción discográfica oficial de La Trampa a lo largo de su trayectoria:
Álbumes de estudio
| Año | Título | Sello discográfico | Certificación / Reconocimientos clave |
|---|---|---|---|
| 1994 | Toca y Obliga | Orfeo | Debut en vinilo y cassette. Incluye “Dulces tormentos” y “Arma de doble filo”. |
| 1997 | Calaveras | Ayuí / Tacuabé | Matriz fundacional del rock milonguero. Reedición 2016 galardonada con Disco de Oro. |
| 1999 | Resurrección | Koala Records | Transición hacia el sonido denso y pesado. Incluye “Contrapiso para el alma”. |
| 2002 | Caída Libre | Koala Records | Disco de Oro y Platino. Obra referencial sobre la crisis uruguaya de 2002. Reeditado en vinilo en 2022. |
| 2005 | Laberinto | Koala Records / Barca (Arg) | Disco de Platino. Producción de Fernando Cabrera. Ganador de 5 Premios Graffiti 2006. |
| 2008 | El Mísero Espiral de Encanto | Bizarro Records | Disco de Platino. Álbum del Año por el Público en los Graffiti 2009. Sonido experimental y complejo. |
Álbumes oficiales en vivo y registros audiovisuales
| Año | Título | Formato | Sello | Contexto |
| 2003 | Frente a frente | CD | Koala Records | Grabado en vivo en el Teatro Talleres Don Bosco (12 y 13 de setiembre de 2003). Disco de Oro. Graffiti a Mejor Show del Año. |
| 2017 | Mar de Fondo | CD + DVD | Bizarro Records | Registrado en directo en el Teatro de Verano Ramón Collazo durante las cinco fechas históricas de marzo de 2017. |
Álbumes recopilatorios
| Año | Título | Sello | Logros |
| 2016 | Colección histórica | Bizarro Records | Disco de Platino (2017). Premio Graffiti 2017 a Mejor Edición Especial. Antología remasterizada exhaustiva. |
Sencillos y temas inéditos destacados
- “Demo 1991” (1991): Cassette independiente con “Vals”, “Arma de doble filo” y temas fundacionales.
- “De nosotros dos” (2003): Versión en vivo de Eduardo Mateo, editada como corte radial de Frente a frente.
- “De despedida” (2003): Versión en vivo de Eduardo Darnauchans.
- “Las décimas” (2005): Sencillo principal de Laberinto, Premio Graffiti a Tema del Año 2006.
- “El retador” (2016, Bizarro): Primer sencillo de estudio tras seis años de silencio discográfico.
- “Hoy vengo a ver” (2017, Bizarro): Sencillo de estudio lanzado como preludio a las funciones en el Teatro de Verano.
- “Caída Libre (En Vivo 2017)” (2017, Bizarro): Sencillo de adelanto del álbum Mar de Fondo.
El viento que vuelve a soplar hacia mayo de 2027
El 1° de octubre de 2026, Jorge Nasser celebró cuatro décadas de trayectoria en el Auditorio Nacional del Sodre. En medio del festejo, invitó a escena a Garo Arakelian y Alejandro Spuntone para interpretar a dúo “Las décimas”. La ovación que hizo temblar la sala no fue un aplauso de cortesía: fue un reclamo popular que pedía a gritos la recomposición de una alianza fraterna. Días después, Garo subió al escenario de La Trastienda como invitado de Spuntone & Mendaro. Las heridas del pasado se habían cicatrizado en la única fragua capaz de lograrlo: la música.
El anuncio de “Canciones al viento” y esta histórica tripleta de funciones (12, 13 y 15 de mayo de 2027 en el Antel Arena) no es una simple seguidilla en la cartelera montevideana. Es la confirmación de que hay creaciones que no envejecen, porque no fueron escritas para complacer al algoritmo ni a la moda de turno. La Trampa escribió sobre el barro, la dignidad, el orgullo herido, el amor sin concesiones y la promesa de no entregarse a la derrota.
En mayo de 2027, cuando las luces del Antel Arena se apaguen y ruja el primer acorde distorsionado de Arakelian, miles de gargantas volverán a sellar ese pacto secreto. Porque como dice una de sus viejas divisas, el viento puede llevarse muchas cosas, pero nunca podrá apagar las canciones que aprendieron a volar en la intemperie.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Cancillería confirmó que hay al menos un argentino muerto tras el accidente de trenes en España
- ★Crimen de Jorge Nieves: la fiscalía ratificó la acusación y el imputado declaró ante el tribunal
- ★Nueve atletas comodorenses representarán a Petroquímica en el cierre nacional de tiro con arco 3D
- ★Convocan a un trekking cultural e histórico por las calles y senderos de Diadema
- ★Desde el martes, Mosquera va al banquillo por abuso sexual



















