
Las áreas marinas protegidas constituyen una de las principales herramientas para conservar la biodiversidad oceánica. Sin embargo, diversos casos registrados en los últimos años muestran que la sola declaración de protección no siempre resulta suficiente para frenar la pesca ilegal.
Entre 2024 y 2026, autoridades de Colombia, Panamá y Ecuador llevaron adelante al menos nueve operativos relacionados con pesca ilegal dentro de áreas protegidas del Pacífico oriental. Aunque estas intervenciones representan apenas una parte de los casos detectados, reflejan la persistencia de una problemática que afecta a uno de los corredores marinos más importantes del planeta.
Pescadores artesanales y organizaciones vinculadas a la conservación sostienen que embarcaciones comerciales continúan ingresando a zonas restringidas para capturar recursos pesqueros, aprovechando las limitaciones de vigilancia existentes en amplias extensiones oceánicas.
Colombia detectó pesca ilegal en Malpelo y Gorgona
En Colombia, dos de las áreas protegidas más emblemáticas del Pacífico fueron escenario de operativos contra actividades pesqueras ilegales.
Uno de los casos ocurrió en el Santuario de Fauna y Flora Malpelo, donde autoridades detectaron a tres ciudadanos ecuatorianos realizando actividades de pesca dentro del área protegida y transportando alrededor de 40 ejemplares de peces de distintas especies.
Posteriormente, en el Parque Nacional Natural Gorgona, guardaparques, efectivos de la Armada y personal policial identificaron a pescadores que utilizaban artes de pesca prohibidas dentro de la reserva.
Entre los recursos hallados se encontraban tiburones y rayas, incluyendo ejemplares por debajo de las tallas mínimas permitidas para su captura.
Más de 700 kilos de especies marinas decomisadas en Malpelo
Uno de los procedimientos más importantes ocurrió en julio de 2026, nuevamente en el entorno de Malpelo.
Durante un operativo conjunto entre guardacostas, autoridades judiciales y fuerzas de seguridad, fue interceptada una embarcación con 779 kilogramos de recursos hidrobiológicos extraídos ilegalmente.
El cargamento incluía:
- 20 tiburones sedosos.
- 9 atunes de aleta amarilla.
- 9 marlines.
- Diversas especies de peces.
- Aletas de tiburón destinadas al comercio.
Además, las autoridades encontraron un sistema de pesca de gran escala con 300 anzuelos de palangre, una técnica frecuentemente cuestionada por su impacto sobre especies vulnerables y por la captura incidental de fauna marina.

Panamá registró la mayor operación contra pesca ilegal en áreas protegidas
La situación también preocupa en Panamá, especialmente en el entorno del Parque Nacional Coiba, una de las joyas ecológicas del Pacífico tropical.
Entre 2025 y 2026 se documentaron cinco intervenciones oficiales dentro de esta zona protegida.
Uno de los primeros casos involucró embarcaciones que transportaban turistas y que fueron detectadas con capturas de especies como pulpos, ostras y cambutes, cuya extracción estaba prohibida en ese sector.
Sin embargo, el operativo más relevante ocurrió en enero de 2025, cuando autoridades ambientales, pesqueras y navales detectaron 16 embarcaciones de palangre comercial operando en la Cordillera de Coiba.
La intervención fue considerada por las autoridades como la mayor acción contra la pesca ilegal registrada en áreas marinas protegidas de Panamá, poniendo de manifiesto la magnitud de la presión pesquera que enfrentan estos ecosistemas.
Embarcaciones deportivas también fueron detectadas
Los controles posteriores continuaron revelando distintas modalidades de pesca no autorizada.
En agosto de 2025, un sistema de radar permitió identificar una embarcación que realizaba actividades pesqueras dentro del parque utilizando líneas con carnada.
Meses después, en febrero de 2026, otra embarcación equipada con palangre fue retenida tras permanecer cerca de 48 horas dentro de una zona protegida.
Finalmente, en julio de 2026, las autoridades interceptaron un yate de pesca deportiva que operaba sin autorización dentro del Parque Nacional Coiba y ordenaron su retiro inmediato.
Un problema que trasciende las fronteras
Los especialistas señalan que uno de los mayores desafíos radica en que la pesca ilegal no reconoce límites administrativos.
Las embarcaciones pueden desplazarse entre jurisdicciones nacionales en cuestión de horas, mientras que las capacidades de vigilancia, los marcos legales y los sistemas de sanción dependen de cada país de manera independiente.
Esta situación genera vacíos que pueden ser aprovechados por actores ilegales para operar en distintas áreas del corredor marino.
Por ello, los expertos consideran que la cooperación regional resulta fundamental para mejorar la protección de especies migratorias y ecosistemas compartidos.
El Corredor Marino del Pacífico Este Tropical
La problemática adquiere especial relevancia dentro del Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR), una iniciativa creada en 2004 por Colombia, Costa Rica, Panamá y Ecuador.
Su objetivo es coordinar esfuerzos de conservación en una extensa red de áreas protegidas marinas que incluye algunos de los ecosistemas más biodiversos del planeta.
Entre sus principales núcleos se encuentran:
- Galápagos (Ecuador).
- Isla del Coco (Costa Rica).
- Coiba (Panamá).
- Gorgona (Colombia).
- Malpelo (Colombia).
A lo largo de dos décadas, el corredor pasó de cinco a once áreas núcleo protegidas y actualmente alberga más de 2.600 especies de flora y fauna, muchas de ellas endémicas o amenazadas.
Un corredor vital para tiburones, ballenas y tortugas
La importancia del CMAR reside en la conectividad ecológica que ofrece para numerosas especies marinas altamente migratorias.
Animales como tiburones martillo, tiburones sedosos, mantarrayas, atunes, tortugas marinas y ballenas recorren miles de kilómetros atravesando aguas de distintos países para alimentarse, reproducirse o buscar refugio.
Cuando la pesca ilegal afecta alguno de estos puntos estratégicos, el impacto puede extenderse mucho más allá de una sola área protegida, comprometiendo poblaciones que dependen de todo el corredor para completar sus ciclos de vida.
Vigilancia, cooperación y tecnología: los desafíos pendientes
Los numerosos operativos realizados en los últimos años demuestran que los mecanismos de control funcionan y permiten detectar infracciones. Sin embargo, también evidencian una limitación importante: es difícil determinar cuántas actividades ilegales logran ser interceptadas y cuántas permanecen fuera del alcance de las autoridades.
Para organizaciones dedicadas a la conservación marina, el fortalecimiento de la vigilancia oceánica, la cooperación regional, el intercambio de información y la incorporación de nuevas tecnologías de monitoreo serán fundamentales para proteger uno de los corredores biológicos más relevantes del planeta.
Mientras tiburones, mantarrayas, tortugas y ballenas continúan desplazándose entre las aguas de Colombia, Panamá, Ecuador y Costa Rica, el desafío sigue siendo garantizar que las áreas protegidas funcionen efectivamente como refugios para la biodiversidad y no como espacios vulnerables frente a la pesca ilegal.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Exhibición de Jesús Soto en Londres registró récord de visitantes
- ★Conozca las playas que no estarán abiertas en La Guaira
- ★Un fallecido tras colisión entre camioneta y yegua en Charallave
- ★Dos sacerdotes detenidos por presunto abuso sexual en Anzoátegui
- ★Asciende la cifra de fallecidos en accidente ferroviario en Toledo

