
Del sábado 31 de octubre al martes 3 de noviembre, miles de familias de Ecuador saldrán de sus ciudades; por ello, necesitan vías en buen estado, seguras y bien manteniadas. Unas irán a los cementerios para el Día de Difuntos y otras viajarán a Cuenca para la fiesta de su independencia, o a la playa.
Ecuador es un país pequeño y sus regiones dependen de unas pocas vías para encontrarse. La Sierra baja a la Costa por rutas como la Alóag–Santo Domingo o la Cuenca–Molleturo–Naranjal. Cuando una de ellas se interrumpe, el viaje de tres horas se vuelve de seis y hasta más; y las vías alternativas rara vez están en mejor estado.
Las vías de Ecuador estarán a prueba en este largo feriado cuando miles de ecuatorianos viajen por el Día de Difuntos y la independencia de Cuenca.
Esa fragilidad se notó el fin de semana pasado. Desde la noche del viernes 23 de octubre, varios deslaves cerraron la Alóag–Santo Domingo. La Prefectura de Pichincha limpió la calzada, pero el paso se abría y se cerraba una y otra vez, debido a los deslaves por incidencias de las lluvias. Quienes buscaron otro camino encontraron huecos en la vía Las Mercedes–Los Bancos y largas filas en la Mitad del Mundo–Río Blanco. La Cuenca–Molleturo–Naranjal también cerró varias veces, y hay reportes de daños en Manabí, Guayas y la zona tropical de la Sierra centro.
Por esas mismas vías circula lo que Ecuador produce. La carga agrícola e industrial llega por tierra a los mercados locales y a los puertos de exportación. Los cierres no solo afectan a los turista, sino que también perjufica a los transportistas, se encarecen los fletes y se pone en riesgo a los productos perecibles.
El turismo interno también depende de llegar a tiempo. Un feriado de cuatro días mueve hoteles, restaurantes, transporte y pequeños negocios en ciudades y pueblos. Si la vía se cierra o está en mal estado, la gente no llega y no hay consumo; o también se pierde la producción.
Con la llegada de El Niño hay un reto. La red estatal supera los 10 000 kilómetros, según el Ministerio de Infraestructura y Transporte, y un levantamiento técnico identificó más de 3 113 kilómetros con alta vulnerabilidad frente a lluvias extremas, socavación y movimientos en masa. Con un El Niño de fuerte incidencia en el pronóstico, el plan de contingencia vial necesita funcionar desde ya, con el Gobierno central y las prefecturas en coordinación.
Además, la inversión debe ser continua y permanente, para no tener las vías en mal estado por la ausencia de mantenimiento. Si cada año se limpiaran cunetas, se taparan baches, se estabilizaran taludes y se ejecutaran los planes de intervención de las vulnerabilidades costará menos que reconstruir un tramo colapsado. Las vías no pueden esperar a la próxima emergencia para recibir atención.
Este feriado, los ecuatorianos pondrán a prueba la infraestructura vial en sus viajes y ojalá la cuenta salga a favor de quienes recorrerán las carreteras.
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