
En la provincia de San Juan, Argentina, se encuentra el Parque Nacional El Leoncito, un área que en el pasado albergó una extensa estancia de cerca de 80.000 hectáreas dedicada a la producción de quesos y dulces. Un estudio reciente detalla cómo los antiguos pobladores recuerdan su vida y el desalojo de estas tierras, reflejando una historia rica y compleja.
De Estancia Productiva a Parque Nacional
La estancia El Leoncito, ubicada en Calingasta, operó desde el siglo XVIII hasta finales del XX. Durante su apogeo en la década de 1930, empleaba entre 25 y 50 trabajadores fijos. La tierra era utilizada para ganadería, horticultura y producción de lácteos, fundamentales para la economía local y regional.
El sitio era un núcleo productivo y parte de una red de estancias que facilitaban el comercio con Chile. Sin embargo, en 1979, el Estado expropió el terreno, y en 1994 fue declarado Reserva Natural Estricta. Este cambio transformó drásticamente la vida de quienes dependían de estas tierras.
En 1996, San Juan transfirió la jurisdicción del área a la Nación, y en 2002 se formalizó su estatus como parque nacional. Desde entonces, el turismo ha emergido como una nueva fuente de ingresos para la región, abarcando 89.706 hectáreas, aunque ha alterado la interacción con el paisaje.
Importancia Astronómica y Biodiversidad
La protección del área se basó en la calidad del cielo nocturno. El Complejo Astronómico El Leoncito y la Estación Astronómica Carlos U. Cesco disfrutan de más de 300 noches despejadas al año, atrayendo a científicos y turistas interesados en la observación astronómica.
El parque resguarda tres ecorregiones, hogar de especies como guanacos, zorros colorados y el pez endémico bagrecito del Leoncito. La biodiversidad es un testimonio de la importancia ecológica del área.
Testimonios de un Pasado Vivo
El estudio, liderado por Josefina Galuchi, antropóloga de la Universidad de Buenos Aires, recopila testimonios de antiguos residentes. Basado en quince entrevistas, ofrece una mirada nostálgica y crítica sobre el pasado de la estancia.
Galuchi resalta la falta de recursos básicos como pan y harina, junto con la precariedad de la escuela rural, que operó hasta 2005. Estas condiciones reflejan las dificultades enfrentadas en la adaptación a nuevas realidades.
El desalojo fue parte de un modelo de conservación que excluía a las comunidades locales, dejando huellas de un pasado de libertad restringida por nuevas normativas. Este enfoque ha sido objeto de debate sobre las tensiones entre conservación y derechos humanos.
Las estructuras de adobe de la finca, junto con las acequias y el manzanar, permanecen como vestigios del pasado. También se conservan grabados rupestres antiguos, considerados patrimonio cultural. Estos elementos son recordatorios tangibles de la historia y cultura de la región.
El estudio se publicó en Etnografías Contemporáneas, ofreciendo una contribución valiosa a la comprensión de cómo la transformación de estas tierras ha afectado a sus antiguos habitantes. Este trabajo académico proporciona una plataforma para reflexionar sobre los impactos de las decisiones de conservación en las vidas humanas.
https://noticiasambientales.com/medio-ambiente/transformacion-de-80000-hectareas-de-estancia-productiva-a-parque/
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