

La historia de un museo no necesariamente es la que pasó sino la que se quiere contar. Los museos son espacios vivos que cuentan la historia de un pasado y que definen la identidad de una nación a futuro. Típicamente estos espacios han mostrado la identidad del país que quiere mostrar una élite, pero recientemente se han convertido en espacios de reivindicación para mostrar la vida de las personas del común, de la comunidad, y de su historia.
Escribo este texto porque después de leer las justificaciones de retirar obras del Museo siento que sabemos muy poco de la historia del Museo Nacional y creo que hasta de los peores chascos se puede aprender.
Empecemos por un dato que a mí me sorprendió cuando lo leí: el Museo Nacional desde su fundación y por 100 años de su existencia no fue un museo de historia social o que hablara de la nación colombiana, era un museo de historia natural y botánica que se mudó dos veces de ubicación. La primera a la casa que hoy ocupa el Museo Colonial en 1845 y la segunda a un local ubicado en el extinto pasaje Rufino del centro de Bogotá en 1913.
Fue el movimiento de la Regeneración con su espíritu “civilizador” el que fomentó el uso del museo para mostrar el progreso esperado de la nación mostrando las riquezas y el enaltecimiento de figuras históricas, con una clara intención de mostrar una historia hegemónica con eso sí una buena curaduría. El cambio hacia un Museo para contar una historia no lineal contrastando hallazgos de la arqueología, la historia y la antropología vendría también de los mismos conservadores bajo la dirección de Gerardo Arrubla (1926 – 1946) y Teresa Cuervo (1946 – 1974).
El museo de la nación en el edificio de un banco
Yo llegué a estudiar los museos y las bibliotecas por culpa (o más bien gracia) de querer entender la política monetaria, lo cual es rarísimo para cualquier persona que no viva en Colombia y no sepa que no se puede hablar de la historia del Banco Central sin hablar de la historia de la cultura, o que no se puede hablar de la historia de la cultura sin hablar de la historia del Banco de la República. Curiosamente, la historia del Museo Nacional no es la excepción.
En 1923, el Banco de la República fue puesto en marcha en seis días por la corrida bancaria (gente haciendo fila para sacar su dinero) del Banco López, el tercer banco de depósitos más grande del país. Para ayudar a evitar una crisis bancaria, el nuevo banco central tomó posesión del edificio López, homónimo del banco, ubicado en la Avenida Jiménez debajo de la séptima. Sitio en el que hasta hace poco funcionaba el Ministerio de Agricultura.
Lo malo de ser economista de formación es que intento siempre organizar las ideas en problemas de oferta y de demanda, pido excusas de antemano al lector. De tener poca información de la historia del Museo Nacional en esos años es que es muy difícil imaginar cuál de estas razones primó. El Museo y su colección tuvieron que ser movidos del pasaje Rufino en 1924. Asumo que encontrar un lugar lo suficientemente amplio cerca, disponible, y barato no fue tarea fácil. Por otro lado, el Banco de la República no tenía tantos empleados ni tantas funciones para llenar todo el edificio.
Hasta su junta directiva compuesta de banqueros, empresarios y funcionarios del gobierno no era de dedicación exclusiva, por lo que tenía cierta disponibilidad en el piso cuarto. Piso que le arrendó al Museo Nacional para su funcionamiento.
El Museo Nacional no solo duró casi 20 años funcionando junto a las oficinas del Banco de la República, sino que vio construir la biblioteca de economía y hacienda pública del Banco y empezó a funcionar en paralelo en el mismo piso de esta biblioteca cuando entró a funcionar para el público en 1934. Una colección que años después pasó a tener edificio propio y a llamarse Biblioteca Luis Ángel Arango en 1957.
No podría decirles qué tanto el Museo cambió su curaduría para narrar una historia social del país por las influencias de la República liberal, qué tanto por los avances en la historia y la etnografía, o por el sentimiento nacionalista de la Guerra con el Perú.
Tampoco qué tanto fue por el intercambio con los estudiantes universitarios que encontraron un espacio tranquilo para leer, con los funcionarios que buscaban un espacio para distraerse, o por los abogados, empresarios, políticos que pasaron por las puertas del Banco (o tuvieron su oficina en el edificio López). Pero el hecho es que en esos 20 años el Museo de la ya no tan incipiente nación empezó a reflejar una colección más amplia y menos lineal de la historia del país.
La cárcel como museo o el museo como cárcel
En 1946, el edificio del Panóptico Nacional, que hasta ese momento albergaba la prisión más grande del país, quedó libre con el traslado de los prisioneros a la nueva cárcel de La Picota. Se decidió que el Museo se trasladara al Panóptico y el gobierno conservador de Ospina Pérez esperaba que su inauguración se hiciera en el marco de la IX Conferencia Panamericana el 9 de abril de 1948. La celebración se convierte en tragedia con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y la inauguración del Museo se pasó al 2 de mayo de 1948, después del estallido del Bogotazo.
Para el lector que ha pasado por los jardines del Museo, es curioso pensar que este edificio construido por Thomas Reed fuese una cárcel, una de las muchas que fue construida con la idea de eficiencia del filósofo utilitarista Jeremy Bentham. Una cárcel en la que un solo carcelero pudiera mirar a un gran número de prisioneros desde un espacio abierto, pero en el que cada prisionero solo pudiera observar a un solo carcelero desde su celda.
Es paradójico, y a la vez esperanzador, que un lugar que alguna vez se creó para aislar a aquellas personas que por razones justas o injustas la sociedad pensó que solo eran dignas de recibir las miradas de un guardia, se convirtiera en un lugar en el que queremos que la sociedad vaya a observar historias justas o injustas que nos hacen ser quienes somos.
Es lindo pensar en un Museo como una cárcel de nuestro pasado, un lugar en el que depositamos lo que sea bueno o malo y nos hace ser quienes somos.
Siempre recuerdo la primera vez que entré al Museo. Probablemente ya sea algo más inventado que real, pero me acuerdo de un busto de Bolívar que se parecía a Julio César al frente de un busto de Santander vestido como un gentleman inglés de la época victoriana mirándose enfrentados. Unos meses después pensé lo duro que es saber que dos personas que cabalgaron hombro a hombro para construir lo que hoy pensamos como país terminaron enfrentados en la vida y en la memoria de un museo.
Más duro es hoy pensar que el Museo Nacional ya no es un espacio en el que se que se pueda contar un enfrentamiento, o la historia de quienes somos como lo concibieron los conservadores que pudieron trabajar con liberales en la República Liberal, durante la dictadura civil y la militar, y durante el Frente Nacional, sino un espacio en el que se compite por propagar una “verdad” que ya no pertenece a nadie.
Si quiere saber más sobre la historia del Museo Nacional, esto es lo que yo me leí:
● Botero Clara, I. (2006). El redescubrimiento del pasado prehispánico de Colombia : viajeros, arqueólogos y coleccionistas, 1820–1945. Bogotá: Universidad de los Andes.
● Gómez Arrubla, F. (1983). Actividad Cultural del Banco. In F. Gómez Arrubla, Historia del Banco de la República: 60 años (pp. 298–321). Bogotá: Banco de la República.
● Molina Londoño, F. (2012). BLAA Historia de una empresa cultural 1958–2008. Bogotá: Banco de la República.
● Museo Nacional. (s.f.). Sedes anteriores. Obtenido de https://museonacional.gov.co/el-museo/historia/sedes-anteriores/Paginas/Sedes%20anteriores.aspx
● Robledo Páez, S. (2020). El Museo Nacional de Colombia y sus colecciones (1823–1946). Credencial Historia No. 371.
● Rodríguez–Prada, P. M. (2016). The Creation of the National Museum of Colombia (1823–1830): A History of Collections, Collectors, and Museums. Museum History Journal, No. 9(1), 29–44.
● Hatty Guzmán, Y. (1999). Banca y Cultura del Renacimiento a nuestros días. Bogotá: Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales.
Ricardo José Salas Díaz es profesor visitante de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes. Investiga sobre historia económica, banca central, desigualdad, élites y democracia.
https://www.lasillavacia.com/opinion/el-museo-nacional-carcel-o-reconciliacion-con-el-pasado/
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Cuenta regresiva en el Congreso: qué proyectos pueden aprobarse antes de fin de ordinarias
- ★Dura sanción de Aprevide a Sarmiento por los incidentes ante River: dos partidos sin público
- ★Provincia acordó con los gremios docentes y de la Ley 10430 un aumento salarial
- ★Jornada sobre el cuidado de la salud mental
- ★Karim Crucce retuvo el título argentino de peso pesado por KO en el primer round ante Bracamonte

