![]()
La Manka Fiesta abrió hoy una nueva edición y puso ante el país una oportunidad que supera al calendario cultural. Su economía ancestral, la búsqueda de reconocimiento internacional, la zona franca y la necesidad de recuperar conexiones pueden impulsar una transformación regional. La condición es que el pueblo que sostuvo esta historia sea protagonista de su futuro.
Una olla puede contener mucho más que alimentos: puede guardar una manera de comprender el mundo. Hoy, con la apertura de la Manka Fiesta en La Quiaca, esa memoria volvió a reunirse alrededor de productores, artesanos y familias del cordón andino. El gobernador Carlos Sadir y el intendente Dante Velazquez acompañaron una celebración cuya profundidad exige mirar más allá del escenario. Allí donde algunos observan una feria pintoresca, existe una organización de la vida: personas que producen en territorios diferentes, intercambian lo que necesitan y renuevan vínculos que ninguna distancia consigue borrar. La pregunta que esta edición plantea a la Argentina es cuánto desarrollo podría nacer de esa experiencia si recibiera infraestructura, continuidad y una verdadera decisión de integración.

En los circuitos históricos de intercambio, los productos de las tierras altas se encontraron con los que llegaban de los valles y las Yungas. Las ollas participaban de ese universo de equivalencias: podían cambiarse por alimentos u otros bienes, de acuerdo con su utilidad, las necesidades y los acuerdos entre las partes. Su valor nacía del trabajo y de la posibilidad de resolver una necesidad concreta. Por eso conviene comprenderlas como bienes centrales del trueque, capaces de servir como referencia en determinados intercambios, sin atribuirles una condición de moneda universal que simplificaría aquella economía. Los estudios antropológicos muestran, además, que la Manka reúne distintas formas de intercambio, desde el trueque y la compraventa hasta la reciprocidad social. Su riqueza está precisamente en esa convivencia.

La cosmovisión andina que se expresa en ese encuentro propone una relación entre territorio, producción y comunidad que conserva una extraordinaria actualidad. Quien llega con su mercadería también trae conocimientos sobre el clima, la tierra, los animales, la cocina y los oficios; quien regresa lleva productos y relaciones renovadas. Velazquez lo expresó con una imagen sencilla: “Venían de los cuatro puntos cardinales trayendo lo que les sobraba en búsqueda de lo que faltaba”. Y agregó algo decisivo: traían solidaridad, empatía y respeto. En una época de transacciones instantáneas y vínculos frágiles, esa práctica permite pensar una modernidad donde la eficiencia económica conviva con la confianza y el cuidado de la vida. La tradición también tiene capacidad de formular preguntas al porvenir.

Desde esa perspectiva debe entenderse el camino impulsado para obtener el reconocimiento de la Manka Fiesta como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El municipio informó avances administrativos de la postulación dentro del sistema argentino; el reconocimiento internacional sigue siendo un objetivo que requiere evaluación y resolución. Su valor más profundo reside en proteger los conocimientos, las prácticas y a las comunidades que los transmiten. Una mayor visibilidad podría abrir circuitos turísticos internacionales, pero su éxito deberá medirse también en mejores ingresos para los alfareros, continuidad de los oficios y participación de los feriantes en las decisiones. La cultura alcanza su mayor dignidad cuando quienes la sostienen pueden vivir mejor gracias a ella.

La zona franca introduce otra escala en esta discusión. Durante la apertura, Sadir sostuvo que con ella La Quiaca “va a tomar otra dimensión”; Velazquez vinculó su proyección con la historia comercial de la Manka y llamó a prepararse. Hay allí una interpretación estratégica: una ciudad con experiencia de intercambio transfronterizo puede convertir esa capacidad en nuevas actividades, servicios y empleo. Pero ese resultado necesita construirse. Harán falta capacitación, proveedores locales, condiciones para pequeños productores y acuerdos que permitan que los beneficios circulen por la región. La enseñanza de la feria ancestral resulta pertinente: el intercambio tiene fuerza cuando conecta capacidades distintas y permite que más personas satisfagan sus necesidades.

El aeropuerto, la conexión ferroviaria y los caminos deben formar parte de una misma conversación sobre el futuro. La gestión de conectividad aérea regional merece traducirse en estudios, condiciones operativas y servicios sostenibles; el regreso del tren exige proyecto técnico, presupuesto y decisiones institucionales. En particular, la recuperación del ramal C hacia La Quiaca debe ser reclamada expresamente en la discusión del Belgrano Cargas: su incorporación como obligación es una demanda por conquistar. La licitación nacional contempla inversiones obligatorias, mientras los reclamos difundidos por cámaras y legisladores se concentran en los ramales C14 y C15. Ampliar esa agenda permitiría discutir qué conectividad necesitan también la Quebrada, la Puna y la frontera.

Aquí aparece la dimensión geopolítica de la Manka Fiesta. La Quiaca puede ejercer como una puerta argentina hacia América porque sus comunidades ya sostienen relaciones que atraviesan la frontera. La cultura aporta confianza; el comercio puede aportar escala; la infraestructura debe permitir continuidad. Articular esos componentes daría a la ciudad una función regional de mayor alcance, con oportunidades para el sur de Bolivia y el norte argentino. Para ello se necesita una agenda compartida entre municipios, provincias, organismos nacionales, universidades y sectores productivos. La ubicación geográfica ofrece una posibilidad; convertirla en desarrollo requiere organización, acuerdos y trabajo persistente.

La apertura de hoy deja una imagen y una responsabilidad. La imagen es la del pueblo puneño llegando con lo que sabe hacer, como lo hicieron sus mayores; la responsabilidad es conseguir que ese esfuerzo encuentre un futuro a su altura. La Manka Fiesta puede ser el corazón de una transformación regional si sus protagonistas participan de sus beneficios y de sus decisiones. El turismo, la zona franca, el aeropuerto y el ferrocarril tendrán sentido colectivo si ayudan a que las nuevas generaciones puedan estudiar, producir y elegir quedarse. En esas ollas hay una memoria que resistió al tiempo. La oportunidad de esta generación es darle caminos para que siga alimentando el porvenir.
La Manka Fiesta se abre al país: La Quiaca celebra su raíz ancestral y el festival podrá disfrutarse…
https://periconoticias.com.ar/la-quiaca-tiene-una-cita-con-la-historia-de-las-ollas-del-trueque-a-una-nueva-puerta-de-america/
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★TSE muda locais de votação de 312 seções na Bahia
- ★Ato para Flávio Bolsonaro altera trânsito na Praia de Camburi
- ★Flávio Bolsonaro chama pai de ‘professor’ no ES
- ★Construcción de basurero en Mora podría llevar a destitución de alcalde
- ★Reportan ataque armado en Desamparados: Acribillan hombre dentro de carro

