
Crédito columna: Alexandre Perini, economista y desarrollador de negocios
La reciente decisión de Fitch de mantener a Paraguay en BB+, aunque con perspectiva positiva, merece ser leída más allá de la distancia que todavía existe hasta el grado de inversión con esta agencia.
Paraguay ya cuenta con el grado de inversión de Moody’s y S&P, pero Fitch sigue evaluando al país desde una perspectiva diferente. Su decisión no representa un retroceso. Al contrario, reconoce avances importantes en crecimiento, estabilidad macroeconómica, posición externa y reformas. Pero también deja claro que el siguiente paso dependerá de la capacidad de sostener esos fundamentos en el tiempo.
Y aquí aparece una cuestión que considero especialmente relevante para Paraguay: una economía puede mejorar rápidamente sus indicadores, pero construir credibilidad internacional es un proceso mucho más lento.
Paraguay acumula cuatro años consecutivos de crecimiento. El PIB aumentó 5,2% en 2023, 4,7% en 2024 y 6,6% en 2025. Para 2026, Fitch proyecta un crecimiento de 4,5%, después de destacar que la expansión de 2025 fue la mayor de América Latina. El dato es importante, pero no explica por sí solo la posición de Paraguay frente a las calificadoras.
Las agencias evalúan también la deuda pública, la capacidad fiscal, la liquidez externa, la estabilidad monetaria, la fortaleza del sistema financiero y la capacidad de las instituciones para sostener políticas económicas consistentes. En varios de estos aspectos, Paraguay presenta hoy una posición considerablemente más sólida que hace algunos años.
La deuda pública se mantiene en niveles relativamente bajos, las reservas internacionales funcionan como un importante amortiguador frente a shocks externos y la política monetaria ha ganado credibilidad. Moody’s, por ejemplo, destacó recientemente el crecimiento resiliente, la baja deuda, la responsabilidad fiscal y la estabilidad monetaria como elementos centrales para mantener el grado de inversión del país.
Pero justamente porque los fundamentos han mejorado, la exigencia también aumenta.
El mercado comienza a mirar no solamente si Paraguay está haciendo las cosas bien, sino si puede mantenerlas bien durante un período suficientemente largo.
Ese es un cambio importante.
La credibilidad de un país no se construye con un solo año de crecimiento, una sola reforma o una única mejora de calificación. Se construye cuando distintas decisiones económicas apuntan en la misma dirección durante varios años.
La política fiscal es un buen ejemplo.
Paraguay avanzó en su proceso de consolidación fiscal y ha logrado reducir el déficit de la Administración Central en los últimos años. Pero el desafío ahora es preservar esa trayectoria mientras la economía continúa creciendo y aumentan las demandas de inversión pública, infraestructura y servicios.
No se trata simplemente de gastar menos. Se trata de conseguir que el crecimiento de los ingresos públicos, la calidad del gasto y la capacidad de financiamiento acompañen la expansión de la economía sin generar desequilibrios que terminen afectando la confianza construida.
Lo mismo ocurre con la deuda.
Un nivel bajo de endeudamiento es una fortaleza, pero también genera una responsabilidad. El espacio fiscal que Paraguay tiene hoy puede convertirse en una ventaja para financiar infraestructura y proyectos estratégicos, siempre que ese margen sea utilizado con criterios de productividad y sostenibilidad.
Aquí es donde el grado de inversión adquiere una dimensión más concreta.
Una mejor percepción de riesgo puede ampliar el acceso al financiamiento y contribuir a reducir el costo de capital para el Estado y para las empresas. Paraguay ya comenzó a experimentar ese cambio. En febrero de 2026, por ejemplo, una emisión internacional de bonos en guaraníes por USD 1.000 millones recibió una demanda equivalente a aproximadamente USD 1.500 millones, en una operación que también permitió extender el plazo de la deuda en moneda local hasta 12 años.
Pero el verdadero beneficio no está en conseguir financiamiento más barato por sí mismo.
Está en lo que ese financiamiento permite hacer.
Si el menor costo de capital ayuda a financiar infraestructura que aumenta la productividad, proyectos que amplían la capacidad exportadora o inversiones que mejoran la competitividad de las empresas, entonces la mejora de la percepción de riesgo comienza a generar efectos sobre la economía real.
Ese es el punto en el que una calificación deja de ser solamente una referencia financiera.
Se convierte en una herramienta para ampliar las posibilidades de desarrollo.
Por eso, la próxima etapa será más exigente para Paraguay. El país ya consiguió demostrar que puede mantener estabilidad y crecer a tasas elevadas. Ahora tendrá que demostrar que puede hacerlo mientras fortalece sus instituciones, preserva la disciplina fiscal y utiliza de manera eficiente el mayor acceso al capital.
La perspectiva positiva de Fitch muestra que existe espacio para avanzar. Pero también recuerda que el mercado observa la consistencia, no solamente los resultados de un año.
Paraguay ya cambió su posición frente a los mercados internacionales.
La cuestión ahora es si será capaz de convertir esa mejora de credibilidad en una característica permanente de su economía.
Porque el verdadero salto no estará solamente en pasar de BB+ a BBB-.
Estará en conseguir que, cuando ese cambio finalmente ocurra, el mercado considere que la nueva calificación simplemente está reconociendo una realidad que Paraguay ya construyó.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
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