El arsenal nuclear mundial podría volver a expandirse por primera vez desde el final de la Guerra Fría, un escenario que encendió las alarmas de las Naciones Unidas y reavivó el debate sobre la necesidad urgente del desarme nuclear. La advertencia fue realizada por el secretario general de la ONU, António Guterres, quien aseguró que el planeta atraviesa el período de mayor riesgo nuclear en décadas.
Durante una sesión de alto nivel de la Asamblea General dedicada a la eliminación completa de las armas nucleares, el diplomático portugués recordó que han transcurrido 81 años desde los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, dos acontecimientos que marcaron para siempre la historia de la humanidad.
“Las armas nucleares continúan proyectando una sombra sobre la civilización, una sombra cada vez más amenazante”, expresó Guterres ante representantes de numerosos países.
Las declaraciones llegan en un contexto internacional complejo, caracterizado por conflictos geopolíticos, tensiones entre potencias militares y una creciente inversión en tecnologías estratégicas vinculadas a la defensa.
Más de 12.000 ojivas nucleares activas en el planeta
El presidente de la Asamblea General de la ONU, Khalilur Rahman, aportó cifras que reflejan la magnitud del desafío. Según explicó, a comienzos de 2026 existían más de 12.000 ojivas nucleares distribuidas en distintos arsenales alrededor del mundo.
Aunque esta cifra se encuentra muy por debajo del pico histórico registrado en 1986, cuando se contabilizaban aproximadamente 70.000 cabezas nucleares, las autoridades internacionales consideran preocupante la tendencia actual.
Rahman destacó que entre 2.100 y 2.200 ojivas permanecen en estado de alerta operativa elevada, instaladas principalmente en misiles balísticos capaces de ser activados en muy corto tiempo. Esta situación incrementa el riesgo de errores de cálculo, fallas técnicas o decisiones precipitadas durante momentos de crisis.
El funcionario subrayó además que, por primera vez en varias décadas, las estimaciones indican que el número total de armas nucleares podría volver a crecer. Esto ocurre porque nuevas generaciones de ojivas están siendo incorporadas a los inventarios militares a una velocidad superior a la que se retiran y desmantelan los sistemas más antiguos.
Para numerosos analistas, este fenómeno representa un cambio de tendencia respecto del proceso de reducción gradual observado desde finales del siglo XX.
Inteligencia artificial y nuevas tecnologías elevan la incertidumbre
Otro de los factores que genera inquietud entre los organismos internacionales es la rápida evolución tecnológica. De acuerdo con Rahman, herramientas como la inteligencia artificial, las capacidades cibernéticas avanzadas y los innovadores sistemas de lanzamiento podrían transformar profundamente la forma en que se toman decisiones vinculadas al uso de armamento nuclear.
Estas tecnologías, que ofrecen ventajas operativas y estratégicas, también podrían aumentar la complejidad de los sistemas de mando y control. En escenarios de alta tensión, cualquier error de interpretación o fallo informático podría desencadenar consecuencias extremadamente graves.
La ONU advierte que la incorporación de estas innovaciones ocurre más rápido que el desarrollo de mecanismos internacionales capaces de regularlas adecuadamente.
La desaparición de acuerdos clave aumenta la tensión
Uno de los elementos que más preocupa a la comunidad internacional es el debilitamiento de los acuerdos diseñados para limitar los arsenales estratégicos.
Rahman recordó que el pasado 5 de febrero expiró el tratado Nuevo START, el último gran acuerdo de control de armamento nuclear entre Estados Unidos y Rusia. Como consecuencia, por primera vez desde 1972 ya no existen límites jurídicamente vinculantes sobre los arsenales nucleares estratégicos de las principales potencias.
La situación representa un punto de inflexión para la arquitectura global de seguridad construida durante décadas. Para los expertos, la ausencia de mecanismos verificables de control podría dificultar la transparencia, aumentar la desconfianza mutua y acelerar una nueva carrera armamentista.
Guterres sostuvo que este problema no afecta únicamente a los países poseedores de armas nucleares, sino que constituye una amenaza para toda la comunidad internacional.
Asimismo, recordó que la más reciente Conferencia de Examen del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) finalizó sin alcanzar consensos significativos. Del mismo modo, la Comisión de Desarme de las Naciones Unidas concluyó un nuevo ciclo de trabajo sin recomendaciones sustanciales.
“Estas no son simples frustraciones diplomáticas. Son señales de alerta”, enfatizó el secretario general.

El pedido urgente de la ONU para frenar una nueva carrera nuclear
Frente a este escenario, los máximos responsables de las Naciones Unidas coincidieron en la necesidad de reconstruir los canales de diálogo internacional y fortalecer los mecanismos de control de armamentos.
Guterres instó a Washington y Moscú a negociar un nuevo marco que sustituya al tratado expirado y garantice la continuidad de las restricciones sobre los arsenales estratégicos. También solicitó que todos los Estados con capacidad nuclear reduzcan progresivamente la relevancia de estas armas dentro de sus doctrinas de seguridad.
El secretario general remarcó que preservar los avances logrados durante décadas resulta fundamental para evitar una escalada armamentística global.
“El desarme no es un acto voluntario ni una concesión política. Es una obligación jurídica establecida por el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares”, afirmó.
Por su parte, Rahman propuso cuatro líneas de acción prioritarias: recuperar el diálogo internacional, reforzar la estructura multilateral de desarme, avanzar desde la mera gestión de arsenales hacia su reducción efectiva y promover una mayor participación de la sociedad civil.
“Debemos modificar nuestro rumbo con urgencia y determinación”, sostuvo.
Guterres sintetizó ese objetivo en un mensaje directo: “Sustituir las amenazas por el diálogo, reemplazar la carrera armamentista por el control de armas y cambiar la parálisis por medidas concretas”.
Un objetivo histórico aún pendiente
La eliminación de las armas nucleares constituye una de las metas fundacionales de las Naciones Unidas. De hecho, la primera resolución aprobada por la Asamblea General en 1946 ya contemplaba el control de la energía atómica y la erradicación de este tipo de armamento.
Desde 2014, cada 26 de septiembre se conmemora el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, una fecha destinada a concientizar sobre las consecuencias humanitarias de una guerra nuclear y promover iniciativas orientadas a construir un mundo más seguro.
Mientras crecen las tensiones entre las principales potencias y se modernizan los arsenales existentes, la ONU insiste en que la cooperación internacional y el desarme siguen siendo las herramientas más eficaces para evitar una crisis que podría comprometer el futuro de toda la humanidad.
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