Ese recurso parece haber atrapado al público de la 35 edición del Festival Biarritz Amérique Latine – Cinémas & Cultures, que se celebra hasta el 2 de octubre próximo en la ciudad francesa de Biarritz.
El encuentro, considerado una referencia para el cine latinoamericano, reúne tres competencias —largometrajes de ficción, cortometrajes y documentales— y complementa las proyecciones con encuentros literarios, exposiciones, conciertos y actividades culturales.
Tras su paso por el Festival de Cine de San Sebastián, la película dirigida por Marcelo Martinessi se proyectó el domingo último.
La función contó con la presencia de la embajadora paraguaya en Francia, Cynthia Filártiga, Alfredo Blacttler, de la Embajada de Paraguay en París, Patrick Patenlin, cónsul honorario de Paraguay, y el diseñador paraguayo Fernando Bernardou, residente en Alemania, además de los actores principales y productores.

Entre las preguntas que surgieron después de la proyección, hubo una que llamó especialmente la atención: ¿qué hay detrás de “Drácula”, el radioteatro que atraviesa la historia?
Martinessi, además de ser fan de Drácula, explicó que la idea nació de la necesidad de contar el miedo de una época sin convertir la película en una sucesión de escenas de violencia.
“Lo que tratamos de hacer era contar un poco el terror que se estaba viviendo en el país con el radioteatro”, señaló.
En lugar de mostrar arrestos, desapariciones o persecuciones políticas, el director prefirió que la radio se convirtiera en “un territorio de disputa”.
Para construir ese particular universo sonoro, “Narciso” contó con una troupe de radioteatro liderada por Arturo Fleitas y con Alberto Sánchez Pastor, heredero de una tradición de radionovela en nuestro país.
Así, el famoso conde Drácula terminó funcionando como mucho más que un recurso narrativo: el terror de ficción de la novela dialoga con el miedo real que se respiraba en aquella época.

Pero la película no se queda solamente con los sonidos de la radio. También se mueve entre la música paraguaya y el rock and roll, dos mundos que Martinessi quiso hacer convivir sin convertirlos en opuestos.
“Yo en particular tengo un profundo amor por la música paraguaya”, contó al público.
Su intención era evitar que la tradición musical del país quedara relegada por su asociación con determinadas ideas nacionalistas.
“Uno de los desafíos fue que en medio de este personaje de Drácula, en el rock and roll y en la música paraguaya no haya división”, explicó.
La apuesta fue dejar todos esos elementos juntos, para que cada espectador pudiera interpretarlos desde su propia sensibilidad.
Y en medio de esa mezcla aparece Narciso, un joven que parece llevar consigo el espíritu de una época que quiere cambiar.
Para Martinessi, el personaje representa “ese viento de cambio, ese deseo de que otro modelo de país es posible”. Pero justamente esa búsqueda termina convirtiéndose en su condena.

Consultado sobre Narciso, el director explicó que trabajó al personaje desde algo tan sencillo y poderoso como el deseo de ser libre.
“Él perseguía esa sed de libertad, de vestirse como quería, de moverse como quería, de peinarse inclusive como quería”, relató.
El problema era que la sociedad en la que vivía estaba demasiado cerrada para permitirle ser quien realmente quería ser.
Narciso consigue seguidores y despierta la admiración de jóvenes atraídos por su personalidad y por el rock and roll.
Sin embargo, Martinessi plantea una pregunta incómoda: ¿hasta dónde estaban dispuestos a acompañarlo quienes también podían convertirse en víctimas?
“Para esos fans era muy arriesgado darlo todo por él o dar la cara por él”, explicó.
En una sociedad de fuerte represión, defender públicamente a una persona podía significar quedar también bajo la mirada del poder.
“Podían ser justamente apresados, también puestos en mira del gobierno”, agregó.
Esa ambigüedad atraviesa toda la película.
Martinessi no quiso construir simplemente una historia de buenos y malos, de victimarios y víctimas.
Al leer el libro de Guido Rodríguez Alcalá en el que se basa “Narciso”, lo que más le interesó fue observar cómo se instala un proyecto autoritario dentro de una sociedad.
“Me parecía que no valía la pena ser Narciso para hablar del pasado, sino que era muy importante hablar del presente y hablar del futuro”, sostuvo.
Por eso, aunque la historia se sitúa a finales de los años 50, las preguntas que plantea la película miran mucho más lejos.

Biarritz, situada al suroeste de Francia, en la costa del golfo de Vizcaya cerca de España, fue además un regreso especial para el cineasta paraguayo, porque es la tercera vez que una producción de La Babosa llega al festival, después de “Los últimos”, de Sebastián Peña Escobar, y “Las herederas”.
“Es hermoso poder volver a compartir con ustedes esta película”, expresó Martinessi ante el público.
“Narciso” continúa su recorrido internacional, con su estreno comercial en Madrid este 2 de octubre, con proyecciones previas y conversatorios.
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