
Hace unos años, mi padre hizo una investigación muy ingeniosa y descubrió algo impactante sobre el papá de Charles Spurgeon: estuvo en la cárcel.
Resulta que el padre de Charles, John Spurgeon, un comerciante, fue encarcelado en la prisión de Chelmsford el 30 de enero de 1837 por no pagar a sus acreedores. Charles habría tenido apenas dos años en ese momento, y parece que la cuna en la que dormía de bebé fue uno de los artículos vendidos para saldar la deuda. Las cárceles de la época eran lúgubres, y ser encarcelado por deudas era humillante. Solo podemos imaginar el enorme estrés que esto debió haber causado a la familia.
También vale la pena mencionar que tal vez John simplemente tuvo mala suerte. Era sorprendentemente fácil caer en dificultades financieras en la Inglaterra victoriana.
Una cosa es confiar en la mano de Dios para tu propia vida; pero confiar en la mano de Dios para tus hijos es algo de una magnitud completamente diferente
Geoff Chang ha mostrado de manera muy útil la relevancia histórica de este hallazgo. Explica por qué Charles fue criado por sus abuelos desde tan temprana edad y por qué John advirtió tan severamente a su hijo sobre los peligros de las deudas, lo cual también explica por qué Charles repudiaba las deudas. Pero también es un hallazgo de gran riqueza devocional. Este improbable punto de partida del más grande predicador del siglo XIX nos recuerda verdades maravillosas.
1. Dios puede hacer que tu fracaso obre para el bien de tu hijo
El fracaso de John fue una prueba, pero no un desastre para su hijo pequeño.
Charles estuvo separado de sus padres durante cinco años, pero, por la providencia de Dios, esta experiencia fue profundamente formativa. Él amaba a sus abuelos, y fue con ellos, en Stambourne, donde observó de cerca a un modelo masculino a seguir que era un predicador, no un comerciante. Fue aquí donde desarrolló su amor por la literatura puritana, regresando después cada verano para devorar la biblioteca de su abuelo. Charles llegó a considerar esa etapa como tan formativa que escribió Memories of Stambourne [Recuerdos de Stambourne], su último libro, el cual estaba decidido a terminar a pesar de su mala salud.
Una cosa es confiar en la mano de Dios para tu propia vida; pero confiar en la mano de Dios para tus hijos es algo de una magnitud completamente diferente. Queremos rescatarlos y protegerlos, y es difícil no excedernos en nuestro papel.
John era un hombre piadoso que probablemente sentía la misma presión como padre. Cuando su negocio quebró, debió de sentir que le había fallado a toda su familia. Poco se imaginaba que lo que parecía un desastre total serviría, al final, para incubar el llamado de uno de los predicadores más grandes del mundo.
Así que resulta que Romanos 8:28 se aplica tanto a nuestros hijos como a nosotros. Para padres como yo, que fallamos constantemente, esto es un enorme alivio.
2. Los fracasos del pasado no descartan una vida fructífera en el futuro.
Lo que con mayor frecuencia se pasa por alto es que John llegó a convertirse en un predicador y pastor fructífero. Su primer trabajo al salir de la cárcel fue como empleado de un almacén. Con el tiempo, se fue involucrando más en el ministerio de la iglesia local, llegando finalmente a ser pastor de la Iglesia Congregacional de Tollesbury de 1850 a 1863. Bajo su liderazgo, la congregación creció de 25 a casi 500 miembros, y sus sucesores tuvieron que ampliar el edificio.
Dios puede convertir a los presos en pastores sencillos
Qué cambio tan sorprendente. Esto debió haber superado ampliamente lo que John jamás hubiera podido imaginar para sí mismo durante todas esas décadas anteriores en la cárcel de Chelmsford. Charles era, en casi todos los aspectos, inimitable. Pero su papá era un pastor común y fiel a quien Dios usó para una obra fructífera del evangelio.
Al final, el escándalo de la familia Spurgeon nos recuerda que incluso los ministerios extraordinariamente impresionantes como el de Charles pueden tener raíces turbias y complicadas. Además, nos muestra que Dios puede convertir a los presos en pastores sencillos.
Con toda razón, Charles no vio la necesidad de revelar el fracaso de su padre mientras este vivía, pero el hecho de que haya salido a la luz en la era moderna nos ayuda a trazar con alegría una nueva línea de la mano oculta de la providencia: un Dios que hace que todas las cosas obren para el bien de aquellos que lo aman. Como lo expresa Joni Eareckson Tada: «A veces Dios permite lo que odia para lograr lo que ama».
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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